sábado, diciembre 31, 2005

RAZONES PARA MANTENER EL SECRETO

Por lo general el hombre necesita de una instrucción especializada, necesita de una combinación de elementos básicos, como son una enseñanza, una forma de conducirse ante los demás, y saber que tiene obligaciones para consigo mismo, entre otras.

Cuando se está organizado en un grupo, se les imponen ciertas condiciones a todos los miembros: además, se le prevén condiciones especiales para cada uno.

Las condiciones generales impuestas al comienzo son habitualmente de este tipo: primero se les explica a todos que tienen que mantener en secreto todo cuanto oyen, leen y aprenden.

Esta es una condición indispensable cuyo principio debe ser adquirido y asimilado desde el comienzo mismo. Deben comprender que en esto no hay la menor tentativa de hacer un secreto de lo que no es esencialmente un secreto.

La simple razón de esta condición es el hecho tácito de que son incapaces de transmitir de manera correcta lo que aprenden, y así no deformar la idea básica de la enseñanza Masónica. Luego a través de experiencias vividas personalmente comienzan a valorar cuántos esfuerzos son necesarios por mantener inmaculada la idea masónica. Y es entonces claro para todos, que son incapaces de transmitir de manera entendible y justa un concepto masónico, y es mejor para muchos mantenerse en silencio.

Al mismo tiempo, comienzan a comprender que al dar a alguien ideas equivocadas le cortan la posibilidad de acercamiento a la Masonería, o poder comprender realmente. Sin comprender que para sí mismos y para otros masones van creando dificultades, personalmente a lo largo de tiempo he oido mil y una ideas equivocadas sobre la institución.

Bien muchos empiezan a discutir con personas ajenas a la orden, queriendo imponerse mutuamente su propia idea, y aun más interpretan mal todo cuanto se les dice, atribuyendo un sentido totalmente diferente a todo lo que oyen decir.

Existe de hecho otra razón para el secreto y es que un hombre no deja de charlar y le es difícil guardar silencio, el guardar un secreto es un ejercicio de orden y disciplina; en el cual va adquiriendo voluntad y fortaleza. Solo un hombre que es capaz de guardar silencio y escuchar cuando es necesario podrá llegar a ser su propio Amo y Maestro.

Existen otras razones para guardar los secretos de la orden, los cuales iremos a su momento exponiendo.

El masón por esto es reconocido y reconocible, por guardar un orden y compostura

¿Qué es la iniciación Masónica?



La personalidad, el YO del hombre ordinario, se compone de numerosos elementos no coordinados, a menudo contradictorios y en lucha unos con otros. En particular, el consciente está constantemente desorientado por oscuras fuerzas que provienen ya del exterior, ya des subsuelo de la individualidad, del inconsciente. De este modo, como se lamenta San Pablo. "No hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco"

En un gran número de humanos los conflictos psicológicos conducen a la neurosis.

Los hombres ordinarios escapan a la angustia metafísica por el hecho de no tratarse de individualidades marcadas, puesto que son maquinas o robots.

Sólo una pequeña minoría está destinada al intento de resolver armoniosamente el desorden interno de su propio YO. Por gracia particular, algunos humanos se empeñan en el sendero de la iniciación.

Presienten que en medio de los elementos confusos y complejos de su YO INFERIOR existe un Alguien, un centro, un YO SUPERIOR, una chispa Divina. Con un potencial enorme esperando hacer contacto.

Ser Iniciado es alcanzar esa posibilidad de alcanzar ese YO SUPERIOR, despertarlo, armonizar con el Santo Ángel, volver a encontrar la Palabra Perdida. Todas las metáforas y mitos de todos los pueblos y religiones, tienen el mismo sentido: activar lo divino que hay en nosotros, lo que vuelve al iniciado plenamente consciente de Sí Mismo.

Conciencia que difiere enormemente del conocimiento Académico Intelectual. No se trata de modo alguno de seguir una enseñanza libresca ni oral, ni de aprender palabras rebuscadas, sino de obligarnos a una experiencia personal cuyo proceso escapa a las palabras mundanas, por lo tanto es difícil el compartirlas.

Al principio el neófito por primera vez se da cuenta de cuán complejo es su YO INFERIOR. Descubre que las enseñanzas familiares, la intrusión académica, los dogmas religiosos, no le prestan socorro alguno. Mira por vez primera sus Sótanos Psicológicos, después lucha, se confronta con cada elemento de su Propio YO, ya no puede culpar a nadie de su problemática, como siempre lo hacia. Trata de despertar, pero comprende que corrigiendo a otros no es la forma correcta de despertar, sino disciplinándose él mismo. Corrigiendo su mundo externo nunca corregirá su mundo interno.

Tras un proceso gradual, alcanza al fin su YO REAL. Entonces un algo se produce divinamente en él. Todo en él se convierte en Luz, la oveja extraviada que estaba en él se integra al rebaño. Su Cuerpo y su Alma se unen en armonía, al fin lo que es arriba es igual a lo que esta abajo.

Diremos que un hombre Real es un hombre reconciliado consigo mismo y con el mundo que lo circunda, y que esta reconciliación tiene lugar en torno a la chispa divina que simple ha brillado en cada uno de nosotros pero no nos hemos dado cuenta de ello.

Quien se compromete en la IV Vía no puede saber de antemano dónde terminará, cuándo y cómo triunfará. Pero tendrá por seguro que ningún esfuerzo será en vano.

El proceso del despertar no está, en verdad, exento de riesgo. Al comienzo causa un choque o sacudida en el YO y puede poner en cuestión falsos valores en el que tanto se apoyaba su YO FALSO. En este paso es muy de Temer el claudicar, amedrentarse, así como abandonar la Vía. Aún más grave por más engañoso: engañarse y tomar un elemento del YO INFERIOR por el YO DIVINO.

Se pierde uno también en una Camino sin salida cuando se abandona el objeto esencial por ventajas secundarias; cuando se gana dinero con lo Divino, se adquieren poderes extraños y se engaña a la gente o trata uno de dominarla, en lugar de atender a un fin realmente superior.

Por otro lado, la obediencia y sumisión afectuosa a todo lo Divino, y no la sumisión a simples hombres, como son Guías espirituales o Gurus que solo extravían la idea capital. Pero la lucidez y la sinceridad hacia uno mismo apartan los grandes riesgos.

El hombre encaminado, adquiere una intuición infalible, escapando de la ilusión automáticamente se da cuenta de que ahora Él Es, y nadie lo engañara.

El hombre transformado resplandece sobre su entorno inmediato y mediato. Es un hombre reconocido y reconocible, escapando al mundo de los accidentes. Es uno de esos hombres que con su sola presencia solucionan la problemática de los demás.

sábado, diciembre 24, 2005

ALBAÑILES Y CARPINTEROS

René GUÉNON (*).
Siempre ha habido, entre las iniciaciones de oficio, una especie de disputa de primacía entre los albañiles y canteros y los carpinteros. Si se consideran las cosas, no bajo el prisma de la importancia actual que estas dos profesiones tienen en la construcción de edificios, sino bajo la de su antigüedad respectiva, ciertamente los carpinteros pueden reivindicar el primer lugar. En efecto, como ya hemos señalado en otras ocasiones, generalmente las construcciones fueron de madera antes que de piedra; así se explica que, particularmente en la India, no pueda encontrarse ningún vestigio de aquellas anterior a una cierta época: estos edificios eran evidentemente menos duraderos que los construidos en piedra; también el empleo de la madera corresponde, entre los pueblos sedentarios, a un estadio de menor fijeza que el de la piedra, o, si se quiere, a un menor grado de "solidificación", lo que está en perfecto acuerdo con el hecho de relacionarse con una etapa anterior en el curso del proceso cíclico (1).

Esta observación, por simple que pueda parecer en sí misma, está muy lejos de carecer de importancia para la comprensión de ciertas particularidades del simbolismo tradicional: es así que, en los textos más antiguos de la India, todas las comparaciones referentes al simbolismo constructivo están siempre tomadas del carpintero, de sus útiles y de su trabajo; Vishvakarma, el "Gran Arquitecto" mismo, es designado también con el nombre de Twashtri, literalmente el "Carpintero". Naturalmente la función del arquitecto (Sthapati, que además es originalmente el maestro carpintero) no resulta en nada alterada por ello, ya que, salvo la adaptación exigida por la naturaleza de los materiales empleados, es siempre del mismo "arquetipo" o del mismo "modelo cósmico" del que debe inspirarse, ya se trate de la construcción de un templo o de una casa, de un carro o de un navío (y, en estos últimos, el oficio de carpintero jamás perdió su importancia original, al menos hasta el empleo moderno de los metales que ejemplifica el último grado de "solidificación") (2). Evidentemente, que ciertas partes del edificio fueran realizadas en madera o en piedra no modifica en nada, si bien no en su forma exterior sí por lo que respecta a su significación simbólica; por ejejmplo: poco importa que el "ojo" de la cúpula, es decir, su apertura central, esté recubierto por una pieza de madera, o por una piedra tallada de una cierta manera, constituyendo una y otra igualmente y en un sentido idéntico la "coronación" del edificio, según lo que hemos expuesto en estudios precedentes; y, con mayor razón, se puede decir lo mismo con las piezas del maderamen que han permanecido como tales una vez que la piedra ha substituido la madera en la casi totalidad de la construcción, como las vigas que partiendo de este "ojo" de la cúpula, representan los rayos solares con todas sus correspondencias simbólicas (3). Se puede pues decir que el oficio del carpintero y el del albañil, puesto que proceden en definitiva del mismo principio, constituyen dos lenguajes igualmente apropiados para la expresión de las mismas verdades de orden superior; la diferencia no constituye más que una simple cuestión de adaptación secundaria, como siempre lo es la traducción de una lengua a otra; pero, en el bien entendido que, cuando tratamos algún simbolismo detereminado, como en el caso de los textos tradicionales de la India a los cuales aludíamos anteriormente, es necesario, para comprender completamente su sentido y su valor, conocer de una manera precisa cual es, de los dos lenguajes, aquel al cual se refiere propiamente.

Al respecto, señalaremos un punto que nos parece tener especial importancia; se sabe que, en griego, la palabra hulê significa originalmente "madera", y que al mismo tiempo sirve para designar al principio substancial o materia prima del Cosmos, y también, por derivación, se aplica a toda materia secunda, es decir, a todo lo que desempeña en sentido relativo, en tal o cual caso, un papel análogo al del principio substancial de toda manifestación (4). Este simbolismo, según el cual aquello de lo que está hecho el mundo es asimilado a la madera, es por lo además común en las tradiciones más antiguas, y, por lo que acabamos de decir, es fácil comprender su razón en relación con el simbolismo constructivo: en efecto, desde el momento que es de la "madera" de donde se han sacado los elementos de la construcción cósmica, el "Gran Arquitecto" debe ser considerado antes que nada como un "maestro carpintero", como lo es efectivamente en este caso, y como es natural que lo sea allí donde los constructores humanos, cuyo arte, desde el punto de vista tradicional, es esencialmente una "imitación" del arte del "Gran Arquitecto", son ellos mismos carpinteros (5). No carece de importancia tampoco, en lo que concierne más especialmente a la tradición cristiana, el resaltar, como ya lo ha hecho A. K. Coomaraswamy, que pueda fácilmente comprenderse así que el Cristo debía aparecer como el "hijo del carpintero"; los hechos históricos, como hemos dicho a menudo, no son en suma sino un reflejo de realidades de otro orden, y solamente ello les da todo el valor de que son susceptibles; así, hay ahí un simbolismo mucho más profundo de lo que se piensa de ordinario (si es que la inmensa mayoría de los cristianos tiene aún, por vaga que sea, la idea de que puede haber en ello un simbolismo cualquiera). El que por otra parte ésta no sea más que una filiación aparente es algo exigido por la coherencia del simbolismo, puesto que se trata de algo que está en relación con el orden exterior de la manifestación, y no con el orden principial; es de la misma manera exactamente como, en la tradición hindú, Agni, en tanto que Avatâra por excelencia, toma también a Twashtri como padre adoptivo ya que nace en el Cosmos; ¿y cómo podría ser de otra manera cuando el Cosmos, él mismo es, simbólicamente, la obra misma del "maestro carpintero"?

NOTAS:

(*) Artículo publicado en Etudes Traditionnelles, diciembre de 1946. Recopilado en Etudes sur la Franc-maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, Editions Traditionnelles, París, 1964, 1973, 1977, 1981, 1984, 1992)

(1) Ver las consideraciones que hemos expuesto al respecto en Le Règne de la Quantité et les Signes des Temps, especialmente c. XXI y XXII. Naturalmente, el cambio de que se trata no puede ser considerado como habiéndose producido simultáneamente en todos los pueblos, sino que hay siempre etapas correspondientes en el curso de la existencia de éstos. [El libro citado está editado por Gallimard, París, 1945, 1972 y 1992; hay trad. en esp.: El Reino de la cantidad y los signos de los tiempos, Ayuso Ed., Madrid, 1976 y recientemente en Paidós Ed., Barcelona, 1996. N. del T.]

(2) Está claro que oficios tales como el de carretero y el de ebanista deben ser vistos como no siendo más que "especializaciones" ulteriores del oficio de carpintero, que, en su acepción más general, que es al mismo tiempo la más antigua, comprende todo lo que concierne al trabajo de la madera.

(3) Si incluso, más tarde aún, esas vigas son reemplazadas en ciertos casos por "nervaduras" en piedra (y pensamos sobre todo aquí en las bóvedas góticas), ello tampoco cambia nada del simbolismo. En inglés, la palabra beam significa a la vez "rayo" y "viga", y, como A. K. Coomaraswamy ha señalado en diversas ocasiones, ese doble sentido nada tiene sin duda de fortuito; desgraciadamente es intraducible en francés, donde, por el contrario, se habla corrientemente de las "radios" [rais] o de los "rayos" [rayons] de una rueda, que desempeñan con relación a su centro la misma función que las vigas en cuestión con respecto al "ojo" de la cúpula.

(4) Es bastante curioso que, en español, la palabra madera, derivada directamente de materia, sea empleada todavía para designar "la madera" ["le bois", en el original, en su acepción de madera, no de bosque] e incluso especialmente la madera de construcción.

(5) Quizás no carezca de interés el anotar que, en el grado 22 de la Masonería escocesa, que representa, según la interpretación hermética, "la preparación de los materiales necesarios para la realización de la Gran Obra", estos materiales se representan, no por las piedras como en los grados que constituyen la iniciación propiamente masónica, sino por la madera de construcción; podría verse, pues, en este grado, cualquiera que pueda ser de hecho su origen histórico, como una especie de "vestigio" de la iniciación de los carpinteros, tanto más cuanto que el hacha, que es su símbolo o atributo principal, es esencialmente un útil de carpintero. Además, hay que resaltar que el simbolismo del hacha es aquí muy diferente de aquel, mucho más enigmático, según el cual, en la Craft Masonry, está asociada a la "piedra cúbica en punta", y del que hemos dado la explicación en un precedente artículo ("Un hiéroglyphe du Pôle", en el nº de mayo de 1937). Conviene recordar también, por otra parte, la relación simbólica que el hacha tiene, de manera general, con el vajra (cf. nuestros artículos sobre "Les pierres de foudre", en el nº de mayo de 1929, y sobre "Les armes symboliques", en el nº de octubre de 1936).

[Los artículos citados conforman los capítulos XV, XXV y XXVI Symboles fondamentaux de la Sciencie Sacreé, Gallimard, París, 1962; trad. al cast.: Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Eudeba-Colihue Ed., Buenos Aires, 1969, 1988 y recientemente en Paidós Ed., Barcelona, 1996. N. del T.]

El Templo Simbólico

Todos sabemos de la capacidad de la imaginación reactiva. Cuando se nos menciona un Templo, inmediatamente pensamos en una estructura perfecta, sólida, una gran fortaleza, con una construcción llena de arquitectura, perfecta en sus terminados, con unos cimientos enormes, con una estructura de piedras unidas una a otras, perfectamente labradas y acomodadas una seguida de la otra, a donde acuden infinidad de personas para el auxilio de su alma y profesar una religión.

Si mencionamos el tiempo de construcción y la forma de su construcción, imaginamos el esfuerzo tan pesado, el tiempo tan prologando que se llevo para poder ejecutarlo en esa perfección.

Analizando, sabemos que el Templo es un edificio material, un lugar en donde se pueden y se deben realizar actos diversos acorde a cada religión. Para nosotros los Mas.:, también llamado taller.

Me refiero mis QQ.:HH.:que por no tener un hermoso templo con todas las comodidades y lujos, se va a desarrollar un trabajo digno. Si bien es cierto, siempre se requiere de un templo para la realización de trabajos. Este templo debe tener lo mínimo necesario para poder llevarlos a cabo.

En cuanto a la Mas.:se refiere, el templo material, llamado, simbólico por la cantidad de estos que en él existen para lograr la ciencia de la Moral velada por alegorías e ilustrada por símbolos, los cuales tenemos que conocer y saber emplear.

Existen templos formidables, enormes con estructuras pero ya abandonados, existen templos de igual magnitud que aun funcionan, pero sin sentido ni orientación de lo que sus participantes desean, acuden solo por compromiso, por lo tanto, esto significa que la grandeza del Templo y el tamaño, en nuestro medio, no es proporcional a la calidad de los trabajos que en él se realizan.

Reflexionando, la Mas.:nos enseña la moral mediante alegorías ilustradas por símbolos, refiriendo lo material a un sentido espiritual, procediendo en forma activa y especulativa o sea que va del arte a la ciencia.

Nos enseña que el arte activo sea simbolizado en una deducción intelectual, debemos pues adoptar el Templo material a la ciencia del simbolismo y sus fundamentos.

El Mas.: manual, construía sus templos basándose en los libros de arquitectura, cortaba y pulía las piedras dándoles belleza, estabilidad y solidez, para terminar el Templo. Para esto utilizaba instrumentos sencillos y apropiados como es el Martillo, la Regla y el Cincel, así como de la Piedra informe.

El Mas.:la labraba y pulía hasta convertirla en piedra dispuesta para ocupar un lugar en el Templo.

Al referirnos a labrar la piedra tosca e informe, los Mas.:debemos recordar lo que fue nuestra imperfección en el mundo profano, nuestra ignorancia y falta de dominio en cuanto a los vicios.

Al referirnos a labrar la piedra y pulirla, debemos agradecer tener la capacidad que nos da el ser Mas.:para perfeccionarnos y engrandecer nuestra inteligencia, adquiriendo conocimientos y dominio de uno mismo.

De tal manera que la piedra trabajada, pulida y tallada, acaba por ocupar un lugar en el Templo, esto significa que es un símbolo de perfeccionamiento moral para él Mas.: en unión y con fraternidad, una piedra no hace un Templo.

Debemos considerar y es nuestra obligación, hacer del templo un símbolo del cuerpo, labrando y perfeccionando nuestra alma y nuestro ser, tallando la piedra que somos para lograr nuestro templo individual y poder adaptarnos uno tras otro, haciendo la fortaleza del Templo material, llegando a lo general.

Requerimos todos QQ.:HH.:de pulir nuestra imperfección, para lograr ser hombres de bien y ensamblar uno con otro a la perfección, logrando ese gran monumento colosal con cimientos enormes y terminados arquitectónicos bellos, llamando: Nuestro Templo Simbólico.

Es cuanto.

M.:Mas.: Hiram

LOS HICSOS Y LA MASONERIA

Son muchas las leyendas e historias sobre el origen de la Orden, unas con cierto fundamento y otras no tanto. Llama nuestra atención, una de ellas en particular: la de los Hicsos. Por algunas de sus citas, creemos que puede ser probablemente real.

Se trata de una teoría del escritor Tom Valentine, escrita en uno de sus libros: "La Gran Pirámide". En resumen, Valentine acredita que en la antigüedad, millares de años antes de Cristo, al contrario de lo que se supone, existía un pueblo altamente civilizado, principalmente adelantado moral e intelectualmente, ellos eran los Hicsos o Reyes Pastores, quienes se infiltraban entre los pueblos de Egipto, provenientes de la región que conocemos como Etiopía, apoderándose del gobierno sin violencia y realizando varias alteraciones sociales.

Eran pedreros y artesanos excepcionales, su tribu comprendía varias familias, gobernado cada clan por un hombre sabio e ingenioso, el patriarca. Estos patriarcas, eran los ancianos responsables por la preservación del saber. Descendían de una civilización más antigua

aún, llamada MU, razón por la cual eran dominados Mussons, siendo ellos los guardianes del Arca del Testimonio, o Arca de la Alianza.

La pronunciación de la palabra Musson, en Egipto, equivaldría a masones, pero mas que eso, por su propio modo de vivir, los mussons, difundían su filosofía de vida, que era el esfuerzo para la perfección humana, acreditando que por la práctica de la virtud todo hombre era capaz de alcanzar la perfección.

No intentaron introducir una nueva religión en el Valle del Nilo, sabiendo de la existencia de creencias ya tradicionales, las cuales sería imprudente alterar. Entretanto, lanzaron nuevas concepciones sobre la naturaleza humana en una serie de papiros egipcios que se conservan en el Museo del Cairo, denominados como "EL LIBRO DE LOS MUERTOS".

Habían sido ellos los responsables por la construcción de la "Gran Pirámide de Gizé" que hoy en día desafía a la ciencia por la perfección de su construcción. Este monumento había sido construido para que el hombre pudiese alcanzar la "Luz Gloriosa".

Antes de desaparecer tan misteriosamente como surgió, este pueblo dio origen a una sociedad llamada "Herméticos", que permaneció con la misión de sellar y guardar el "Arca de la Alianza". Uno de sus integrantes fue José, otro Moisés y finalmente se habla de que Jesús, también descendía de los "Herméticos", pueblo que tenía descendientes entre los ESENIOS. Trátase, solamente de una suposición, una teoría mas, pero tan profundamente interesante, que es merecedora de mayores y más cuidadosas investigaciones y estudios.

Orlando Dionisio Ribeiro Filho