domingo, enero 02, 2005

Jesús en la profecía de Miqueas

A menudo se habla de Jesús de Nazaret, ya que pasó casi treinta años en ese pueblo de Galilea. Pero alrededor de año 750 a.C, el profeta Miqueas (nombre que significa "¡Quién como Yahveh!") vaticinó el nacimiento del Mesías en Belén.

Era Miqueas natural de Moreset, aldea cercana a Gat. Lleno de vigor y facilidad de palabra, a pesar de ser un sencillo campesino, predicó durante los reinados de Jotam, Ajaz y Ezequías llamando al pueblo de Israel a su fidelidad en su alianza como pueblo de Dios. Como en todos los profetas del Antiguo Testamento, junto a las amenazas por la impiedad y la injusticia del momento en el pueblo de Israel, sigue siempre el vaticinio de la restauración de Judá, que se hará realidad con la llegada del Mesías.
Miqueas tenía una conciencia viva de su vocación profética, aunque nada nos cuenta de su elección divina; en cambio deja claro que es portador de la palabra de Dios, que en las circunstancias presentes es ante todo una condena por la irreligiosidad de la mayoría del pueblo, por el egoísmo de los más ricos y por los comerciantes fradulentos.

En el capítulo quinto del libro de Miqueas, leemos: "Mas tú, Belén Efrata, aunque eres la menos entre las familias de Judá, de ti ha de salir aquel que ha de dominar en Israel y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño". Y más adelante: "Él se alzará y pastoreará con el poder de Yahveh, con la majestad del nombre de Yahveh su Dios, se asentará bien, porque entonces se hará grande hasta los confines de la tierra. Él será la Paz".

El apóstol y evangelista Mateo quiso con su Evangelio señalar que todas las profecías dichas sobre el Mesías se cumplieron en Jesucristo. Así, cuando los Magos de Oriente llegaron a Jerusalén a preguntar al mismo rey Herodes el Grande, dónde había nacido el rey de los judíos, los sumos sacerdotes y escribas contestaron unánimemente, y el apóstol Mateo lo transmite, con el texto citado de Miqueas, que será en "Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá, porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel".

José y María eran también conocedores de esta profecía. Profecía que está muy unida a lo que dice el gran profeta Isaías, contemporáneo de Miqueas, que anuncia la llegada del Mesías como un descendiente de David de Belén, que hará reinar la paz y la justicia y difundirá por toda la tierra el conocimiento de Dios.

Sin embargo, estarían muy perplejos José y María, ya que el Hijo de Dios anunciado por el arcángel Gabriel, que iba a nacer de María, había sido engendrado en Nazaret. Y allí vivían ellos esperando el cercano nacimiento de Jesús cuando inesperadamente llegó la noticia: que en nombre del emperador César Augusto se había promulgado un edicto que mandaba que todos tenían que ir a empadronarse a la ciudad de su origen.

José y María vieron en este edicto la voluntad divina: debía cumplirse lo que estaba vaticinado. Y a pesar del frío del invierno y de los 140 kilómetros de distancia, sin ningún medio de locomoción, emprendieron el camino hacia Belén.

Lucas, médico de Antioquía de Siria, convertido al cristianismo en el año 40, quiso investigar todo lo que había ocurrido en la infancia de Jesús, y describe así el viaje a Belén y el nacimiento de Jesús: "Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento".

Luego otros libros no bíblicos, ni de autores auténticos, como el Protoevangelio de Santiago, se esparcen en detalles sobre el lugar de la cueva y de las míseras condiciones de Belén donde nace Jesús; junto a pormenores como la existencia del buey y la mula en el establo y los vecinos que acudieron, y además narran algunos hechos extraordinarios que allí acontecieron.

Lucas relata la aparición del ángel a los pastores de Belén, que les dice: "No teman, porque les anuncio una noticia de gran alegría para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre".




P. Joaquín Díez Esteban

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