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domingo, agosto 22, 2010

LA PIEDRA BRUTA Y LA MORAL DEL APRENDIZ

 

Q:.H:. OCTAVIO TAPIA LU

Resp:. Log:. Unión Fraternal Nº 21 -  Gran Logia de Panama

Una reflexión sobre el significado simbólico de la Piedra Bruta, sugiere una estrecha relación con un sistema moral que la Masonería nos enseña en torno a la perfección del hombre, en la búsqueda del desarrollo espiritual y hacia las conductas sociales basadas en valores, el respeto, la fraternidad, la humildad, la tolerancia y los derechos del individuo.

Este sistema moral es representado por la piedra rudimentaria, que desde muy temprano, a nivel de aprendiz, nos estimula a un incesante trabajo en torno a las prácticas y doctrinas masónicas, en un vehemente deseo de buscar la Verdad. De ahí la estrecha relación de sentido entre la Piedra y el Cuarto de Reflexión, negro en su apariencia, donde sobresale la antigua fórmula alquímica y hermética V.I.T.R.I.O.L,: "Visita Interior Terrae, Rectificando Invenies Ocultum Lapidem", (Visita al Interior de la Tierra, Rectificando Descubrirás la Piedra Oculta).

Pero la búsqueda de la Verdad o el descubrimiento de un sentido superior de la vida como respuesta a nuestra propia existencia, sólo es posible por medio de una profunda indagación de nuestros sentimientos y la mejor disposición a un verdadero trabajo interior. Es así cómo el trabajo masónico consiste simbólicamente en perfeccionar la existencia humana, a través de un permanente y sucesivo proceso de transformación. La "piedra bruta" constituye el símbolo del Aprendiz, la "piedra cúbica" simboliza al Compañero y la "piedra cúbica en punta" al Maestro, las cuales en su conjunto, simbolizan el motivo central de la superación permanente y constante en la búsqueda del pensamiento independiente y de la perfección.

Esta atribución de sentido simbólico al moldeamiento de la piedra como unidad de toda construcción, se basa en el trabajo realizado por los antiguos masones operativos, verdaderos albañiles. Los constructores medievales, que erigieron grandes edificaciones y catedrales góticas, adornaron bellamente a Europa, cuya obra se aprecia hasta nuestros días. Organizados en una orden con tradiciones iniciáticas, basados en el estudio del simbolismo, con un sistema conceptual del hombre, de la vida y del universo, eligieron la piedra como el elemento más sencillo y común, para legar la enseñanza más significativa y trascendente: que los hombres son perfectibles.

En las construcciones de Catedrales, la misma comenzaba materialmente cuando la piedra, en su estado más natural, recién cortada de su veta era retirada de la cantera, para ser sometida al trabajo de pulimento que el picapedrero debía realizar, a fin de hacerla útil al plan constructivo a seguir, dándole las debidas dimensiones y formas, además del necesario pulimento. Ello implicaba una habilidad, un conocimiento, un arte y una forma de vida.

Expresiva de esta percepción de la existencia humana, el destacado Poeta y Alquimista Medieval, Clovis Hesteau de Nuycement en su "Poema Filosófico de la Verdad de la Física Mineral" editado en París en 1620, citado por Fulcanelli en el "Misterio de las Catedrales", escribe el siguiente mensaje hermético:

"Ve por este camino, no por otro, te advierto.

Observa solamente las huellas de mi rueda

Y para dar a todo un calor igual,

No subas ni desciendas al cielo y a la tierra

Si demasiado subes, el cielo quemarás;

Si bajas demasiado, destruirás la tierra.

En cambio, si mantienes en medio tu carrera,

el avance es seguido y la ruta más segura".

Los aprendices buscamos y escogemos las piedras que deben ser preparadas para la construcción del templo y debemos empezar a moldearlas y darle forma a golpe de cincel. Ello deberá ser continuo y pausado, con inteligencia y disciplina, con paciencia y dedicación, con una precisa fuerza que, golpe a golpe de cincel, moldee gradualmente las partículas de la piedra hasta desbastarla. Según sea la resistencia de la piedra, el uso de la fuerza deberá estar en equilibrio con el peso y la solidez de las herramientas; el mazo y el cincel.

Es esta alegoría, la que justamente encierra el motivo central de la existencia humana, cuyo escultor es el propio Yo interno de cada uno hacia el logro de la perfección, al fortalecimiento del espíritu, aprender a disciplinar de manera constructiva todas sus facultades, al conocimiento de uno mismo y de las circunstancias que lo rodean. El logro de la perfección, simbolizada en el pulimento de la piedra, consiste en desprenderse de errores, prejuicios, odios, desarmonías e intransigencias, existentes en la vida interna, así como de aquellas derivadas de las relaciones sociales entre los hombres, tales como el "desorden profano", la oscuridad del fanatismo y la barbarie de la intolerancia.

Lograr la trascendencia a un plano más elevado es cumplir con el elemental compromiso humano de mejorar cada día, en todos los aspectos de su existencia, modelando el carácter y el desarrollo de la personalidad, de acuerdo a valores, como el constante progreso, la pasión por la sabiduría, el conocimiento y el repudio de la ignorancia, la virtud, la búsqueda de lo bello como alternativa, así como el amor a sí mismo y a los semejantes.

De acuerdo a esta atribución de sentido simbólico de la "piedra bruta", existe potencialmente en cada persona, en su calidad de protagonista primario de la historia humana y de su propia vida, un estado de perfección inherente, latente en todas sus formas de expresión, la cual es necesaria reconocer, educar y hacer explícita por medio del trabajo, el estudio y de la obra que masónicamente simboliza el desbastamiento de la piedra informe.

Ahora bien, desde nuestra perspectiva de aprendiz masón, es en la "piedra bruta" donde se representa la fortaleza y la moral del Primer Grado, en la actitud para aprender, del esfuerzo y dedicación que en ello se ponga. Este es el principio y el fundamento en que descansa todo progreso, toda vez que se efectúa reconociendo, asimilando y dominando lo aprendido, a pesar de las circunstancias de la vida y de la sociedad en que nos insertamos, con las respectivas experiencias que se deriven de esta relación.

En la historia de la humanidad, han existido distintas formas de concebir la idea del perfeccionamiento y la búsqueda de la felicidad, expresado en el cambio cualitativo, por un lado, en sus relaciones con los demás y por otro, desde la perspectiva del crecimiento espiritual personal. Así, desde el helenismo, el budismo, el cristianismo, el islamismo, el renacimiento y la denominada modernidad, han significado para la historia humana, distintos niveles y formas de interpretar la realidad social, las relaciones entre los hombres y su  concepción de lo trascendente.

En la sociedad de hoy, caracterizada por distintas crisis estructurales, económicas, políticas, ideológicas y humanas, se manifiesta directa o indirectamenta, la pérdida de una de las aspiraciones históricas entre los hombres: la búsqueda de la felicidad.

Por el contrario, el conjunto de las crisis han estimulado en la sociedad moderna, el pesimismo, la decadencia de valores, la atracción por lo efímero, el consumismo y la posesión material, el individualismo, el hedonismo y la ausencia de sentimientos de solidaridad y fraternidad. La sociedad actual nos muestra que el interés del individuo apunta al goce inmediato, al usufructo de lo material como camino de la satisfacción espiritual y a las relaciones sociales basadas en la vanidad, la arrogancia, la prepotencia del poder y de la abundancia, precipitando al hombre moderno hacia una constante deshumanización.

En este contexto, la transformación interna del Aprendiz Masón, a través del pulimento simbólico de la piedra bruta, debe crear en su conciencia, la necesidad de superar las condiciones de arrastre de su materialidad pasada y actual, producto de la vida profana. El trabajo de transformación de la piedra bruta, significa simultáneamente para el aprendiz, la transformación de sí mismo en su condición de masón. Simbólicamente muere para nacer a una nueva vida. He ahí su fortaleza moral, en el descubrimiento de su unidad y esencia interna, en la conciencia de su propio ser y la estimulación de sentimientos nobles, lo cual implica un doble proceso psíquico, en permanente equilibrio:

Por un lado, la capacidad intelectual de razonar, de aprender de la experiencia, de reflexionar en torno a ella e interpretarla, en miras a establecer las formas de interacción entre la conciencia y lo externo a ella. Por otro, el conocimiento intuitivo, emocional, en otras palabras, el volcamiento al interior de la conciencia. Esta consiste en la faceta espiritual del pensamiento humano, que facilita acceder a un conocimiento superior, a través de tres etapas, según el filósofo austriaco Rudolf Steiner, en su "Filosofía de la Libertad", a saber: la preparación, que desarrolla el sentido interior; la iluminación que hace brotar la luz espiritual; y la iniciación, que establece el contacto con las altas realidades del espíritu.

Sin embargo, para acceder a un conocimiento espiritual o superior, el aprendiz deberá asimilar y experimentar en su conciencia, el sentimiento de la enseñanza simbólica del pulimento de la piedra bruta, es decir, la devoción, la vida interior y la calma interior. Sólo de esta forma llegan a aflorar en la conciencia del aprendiz, los valores de fraternidad, de caridad y de tolerancia, los cuales nos hará más dignos de nuestra condición de masones.

Por último, mientras más nos acerquemos a nuestro ideal de perfección, seremos más humanos y, paulatinamente, iluminándonos con la luz de nuestros hermanos para desbastar con certeros golpes la piedra bruta, algún día seremos piedras cúbicas, trascendiendo a planos superiores, para satisfacción de nuestros propios retos, para beneficio de la humanidad y para la gloria de la augusta institución Masónica, como escultores de nuestros propios templos y destinos.

 

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sábado, julio 26, 2008

EL SIMBOLISMO DE LA ESCUADRA EN LA ANTIGÜEDAD

Mada

Hoy, dentro y fuera de la Masonería, encontramos algunos autores que otorgan un origen históricamente reciente a los símbolos y elementos iniciáticos de la Orden. Pero si profundizamos en el fluir de la historia y del pensamiento, observaremos cómo una cadena sutil prolonga a través de los tiempos, los símbolos, ritos y significados tradicionales, hasta hacerlos coincidir con el inicio de la civilización. El objeto que ocupa esta plancha es la escuadra, elemento de destacada importancia entre los símbolos de la Masonería, y a la cual encontramos repetitivamente representada en el arte y la liturgia egipcia, la filosofía pitagórica, los colegios de constructores romanos y los gremios medievales, de los que deriva directamente nuestra Orden.  

Para nosotros hoy, la escuadra, utilizada en las iniciaciones, en el emblema de la Orden y como joya distintiva de Venerable Maestro, preside junto al compás y al volumen de la Ley, la apertura de los trabajos, constituyendo las Tres Grandes Luces. Es el símbolo de la fijeza, la rectitud y la inexorabilidad de las leyes del mundo. Construida en madera o metal, con sus brazos de igual longitud, los cuales forman un ángulo de 90º, el cual corresponde a la cuarta parte de una circunferencia y a la mitad de un cuadrado, también es la mitad de la Cruz, la cual inscrita en un círculo representa astrológicamente al planeta Tierra, indicándonos con ello la dimensión material, fija y pasiva del Microcosmos, frente a la dimensión espiritual, móvil y activa del Macrocosmos que representa el compás.  

La escuadra nos permite trazar los ángulos rectos y las perpendiculares, uniendo así una línea horizontal con una vertical; es pues la unión de lo alto y lo bajo, el cielo y la tierra, la Cruz, al fin y al cabo. Símbolo de la materialidad terrestre, dentro de ella representa por un lado la lucha y la unión de los contrarios, pero por otro es fundamentalmente el símbolo de la Ley Moral, La Tolerancia, el Equilibrio y la Armonía que debe inspirar en el mundo toda relación humana. En la obra que sobre la piedra bruta debe realizar el iniciado, para poder transformarla en cúbica, la escuadra nos permite angularla y cubicarla perfectamente, para que así pueda ensamblarse junto con las otras piedras en el edificio simbólico que estamos levantando A La Gloria Del Gran Arquitecto Del Universo.  

Sin el uso de la escuadra, las piedras no tendrían estabilidad y esta labor sería imposible de realizar. Junto a las otras dos Grandes Luces, representa el arbor mundi de la Kábala, en cuya correspondencia representaría la columna de la Justicia. Si rastreamos su origen, podremos observar como ya aparece representada en Egipto, donde unos la asocian, junto con el nivel, al Demiurgo dios Ptah, y otros a su hija, la diosa Ma'at, la Justicia y la Verdad. Egipto, profundo en el pensamiento espiritual, pero alejdo del esquema filosófico del clasicismo griego, en cuanto que vive inmerso en un universo mítico, transformará los arquetipos, arcanos, ideas y misterios de la vida en dioses, pero será en cambio el origen de numerosos rasgos distintivos de la cultura occidental, especialmente en su dimenssión espiritual y esotérica.  

Para los egipcios, junto con la creación del mundo aparece una Verdad, una Regla Moral, un Orden, una norma genérica inscrita, un criterio de vida que hace posible la existencia del mismo, establecido por Osiris y Ra; estará representado por la diosa Ma'at la cual, junto a Thot (el Hermes griego), hace funcionar minuciosamente el mundo, conservando las relaciones que existen entre las cosas. Así, la colocación de los hombres y de los dioses en el universo depende de ella, lo mismo que las leyes, la justicia, la prosperidad, los impuestos, el poder político y religioso, y todo cuanto existe en la creación, en la cual Ma'at es, al fin y al cabo, el equilibrio y la rectitud necesaria para que el mundo no zozobre; unos y otros marchan según su norma, y hasta Amon-Ra, el dios más poderoso de Egipto, tiene garantizada su existencia gracias a Ma'at, a la cual pertenecen todas sus insignias protectoras.  

De esta manera Ma'at liga en sí misma de una manera indisoluble la existencia divina y las exigencias morales más profundas de la naturaleza humana, haciéndolas depender la una de la otra, en la medida en que son ambas expresiones de la Verad. Paralelamente integrada en una elaboración metafísica, Ma'at, como diosa, posee una particular iconología; bien la de una mujer sentada que lleva sobre su cabeza una pluma, destinada a escribir su nombre, bien la de un ojo, o también la de una mujer que porta una escuadra en la mano, o más simplificadamente sólo la pluma o la escuadra. Su lugar en el Templo egipcio estaba en lo más profundo del mismo, el lugar sagrado por antonomasia, el Sancta Sanctorum, lugar donde el faraón ofrecía los sacrificios a los dioses, entre los cuales la ofrenda a Ma'at era capital.  

La visión que los egipcios tenían de Ma'at es clara y a la vez sutil e indefinida. Para reconstruir ésta los modernos investigadores se han tenido que valer más sobre sus representaciones rituales que sobre lo que hay definido conceptualmente. Ma'at, hija del Demiurgo, se opone al desorden y al caos, del cual surge el mundo ordenado y visible de la creación. Para hacer perdurar este orden cósmico en lucha con las tinieblas, la diosa debe reinar sobre toda la creación. Esto no dependerá sólo y exclusivamente de las importantes ofrendas y del papel litúrgico del faraón en el Templo y la Sociedad, o del sentido de la Justicia que tenga como gobernante, sino que dependerá en gran medida de que cada hombre, a su manera y en su esfera debía, de acuerdo con sus posibilidades, someterse y conformarse a la Verdad, representada por Ma'at, que en tanto fundamento mismo del universo y de la vida, podía ser conocida personalmente por cada individuo en el interior de su corazón. Ello nunca sucedía como una actitud pasiva que se limita a no alterar el orden establecido, sino por el contrario, el hombre debía trabajar y participar activamente en lo prescrito, tanto en los deberes humanos y sociales como en el respeto de los preceptos religiosos. Ma'at se relaciona con la vida, fuerza fundamental del Universo, junto a la cual hace que el mundo exista. Un texto de la época reza:  

"A partir de ahora la Ma'at se da a aquél que hace lo que es amado, y la culpa a aquél que hace lo que es odiado.''  

El que sigue esta norma hace bien y será amado y favorecido por el cielo. El que hace lo contrario a Ma'at hace lo injusto, y por ello será odiado y condenado, en esta vida y en la futura. El hombre, libre para actuar bien o mal, encontrará a Ma'at y a su deber en fondo de su conciencia; sólo ella le ofrece una vida nomal y segura. Así pues, sólo sobrevivirá el que actúa según la rectitud, pero para saber si su comportamiento está de acuerdo con ella, debe apelar a la inteligencia y fundarse en la experiencia. La Ma'at, como regla moral, guía la conducta de los hombres, y como norma social es la reguladora de la vida judicial y política del país. Por ello el faraón es la imagen visible de Ma'at; el encargado de la justicia es el sacerdote de Ma'at y en el juicio de los juicios, el de los muertos, Osiris será llamado el "Señor de la Ma'at". El Faraón, intermediario entre el Cielo y la Tierra, también llamado el "pastor del país", era el protector de su pueblo, ya que era el responsable de coordinar las fuerzas naturales y sociales del mundo egipcio, garantizando así el bienestar de la humanidad a través de la defensa del orden cósmico, cuya esencia era la diosa Ma'at, la Justicia y la Verdad, en su triple sentido, Cósmico, Social y Etico.  

Uno de los capítulos más importantes de "El libro de los muertos", el 125, está dedicado al juicio del alma en una sala llamada las "Dos Ma'at", y en el cual el corazón es colocado en uno de los platos de la balanza, y en el otro hay una pluma o un ojo, ambos símbolos de la diosa, responsable en esta ceremonia final de velar para que el difunto fuera "Veraz de Corazón y Palabra". Ma'at, junto con Isis y Osiris presidían los misterios iniciáticos egipcios, de los cuales en gran medida derivan la mayoría de los misterios griegos y las religiones mistéricas romanas.  

Cambiando de escenario histórico, observaremos cómo para los pitagóricos el factor principal que definía los números en sus relaciones era el "gnomon" o escuadra, la cual, aplicada a los mismos en sus distintas combinaciones, permitía descubrir el sentido real que adoptaban, pemitiendo así conocerlos en su consistencia interior. El gnomon relaciona la unidad con el ternario, formando ambos el cuaternario. También el gnomon o escuadra formaba para los pitagóricos el llamado "Angulo de Equidad". La escuadra aparecerá posteriormente en los sarcófagos funerarios romanos, y en algunos frisos, como el de Pompeya, siempre asociada a los colegios de constructores de la edad clásica, de forma similar a lo que sucederá en la Edad Media y Moderna, donde su uso se extenderá al ámbito Heráldico y Arquitectónico. Todo lo que hemos expuesto aquí, nos induce a pensar en grandes áreas conceptuales de un símbolo tan capital como es la escuadra, al cual podemos fechar con bastante seguridad hacia el 2.500 a.d.c., rastreándolo hasta nuestros días. Tal vez como epílogo, y citando a Jean Saunier, podríamos decir:  

"La escuadra, nos enseña a dirigir nuestra vida y nuestros actos en conformidad con la regla masónica y a armonizar nuestra conducta con los principios de la virtud

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lunes, junio 25, 2007

INTERPRETACION SIMBOLICA SOBRE LAS HERRAMIENTAS DEL APRENDIZ MASON


La vida del Iniciado es Piedra Bruta, que debe llegar a ser Piedra Cubica, pero al ser piedra bruta, es imperfección, mundanalidad, vacío y esencialmente es búsqueda; por ello el aprendiz masón usa las herramientas como instrumentos empleados por la mano o la maquina, en el trabajo de la artesanía y de la industria.

El reto esencial del Aprendiz, es desbastar la Piedra Bruta, es decir, hacer un ejercicio permanente de artesano, que permita el cumplimiento en nuestras vidas de aquel fundamento de la Etica que dice: El hombre es imperfecto, pero perfectible. Al igual que el Aprendiz, el autentico masón, es el hombre que cree en el efecto del caer y el acto perfectible del levantarse, por eso el masón toda su vida, en el ejercicio del Arte, ocupa buena parte de su trabajo diario, en el devaste de la Piedra Bruta en su interioridad. Es imperativo esencial, a su sino masónico, la exigencia categórica e ineludible el pulir en la cotidinanidad, la muchas veces dura piedra de su defecto, frente a la suave modelacion paulatina del ver poco a poco también, la escultura clásica de la acción creciente de la virtud.

El valor simbólico de las herramientas del aprendiz masón, es rico en significado, porque, aparte de lo que dice al Aprendiz, en la enseñanza de la Orden, es notablemente rico también, en los valores simbólicos que dice al Iniciado, para su interiorizacion y aplicación practica a esa - realidad extraña - que a veces es la vida, en el decir de Ortega y Gasset.

Tres son las herramientas esenciales que utiliza el Aprendiz: el mazo, el cincel y la regla de veinticuatro pulgadas, herramientas que en mundo profano, nuestros antepasados los masones operativos y otras corporaciones de artesanos, utilizaron, para hacer de la piedra sin pulir una obra de arte, a golpe constante, a medida exacta, y con la precisión perfecta.

El Aprendiz Masón es en si mismo la Piedra Bruta, pero a su vez es, materia, obrero, instrumento.

El mazo es el símbolo de nuestro poder, manifestación de nuestro temple, constancia y voluntad, por tanto es representación simbólica de la fuerza y de la tenacidad firme del masón.

Pero que seria del juglar sin su canción? Que seria del mazo, sin la mano decidida del hombre? Sin el golpe acompasado del Aprendiz, que lo usa con la solapa de su mandil levantada, por lo duro y persistente del trabajo. El mazo sin el brazo del hombre, nunca puede tener la plenitud de ser herramienta, será un símbolo muerto, descarnado e inútil, seria una expresión caduca, de una mediocre voluntad, pues para que el mazo sea útil, se requiere la fuerza viril de la voluntad que eleva, para llegar a ser mejor, así el mazo cumpliría, el decir de nuestro hermano Omar Dengo : - La vida es Cumbre, el esfuerzo es Ala -; para que la fuerza del mazo rompa piedra, es necesaria la constancia y es ella la que hace posible en el Aprendiz masón , darle con su fuerza de voluntad, el certero vigor que ocupa el mazo para transformar la vida y pulir nuestro ser interior de Piedra Bruta.

El mazo lleva nuestro recuerdo a aquellas antiguas catedrales que en su silenciosa belleza, fueron construidas por nuestros antepasados los hermanos de los gremios medievales, nos evoca la gracia y el valor del arte escultórico, nos llama la atención de que el mazo es fuerza que rompe la piedra, es el golpe certero de la fuerza de un brazo, expresión de voluntad y concepción de la búsqueda de un fin estético, esfuerzo constante para conseguir un logro, esto es el sentido de nuestra perfección interior, como elemento transformante al servicio de los demás.

Conocemos como cincel aquella herramienta de boca acerada y recta, de bisel doble, que sirve para labrar a golpe de mazo, la piedra o el metal. Cincel y Mazo se complementan. El mazo con su peso golpea, el cincel, recibiendo esos golpes de fuerza: rompe, perfora, alisa.

El cincel es la herramienta que simboliza la sabiduría aplicada en la justicia.

El cincel, sin brazo, sin mano, sin visión de conjunto para que el artesano aprendiz devaste inicialmente el contorno de su Piedra Bruta, tampoco es útil. Pues es la fuerza del mazo, junto con posición exacta del cincel, la que permite el desbaste de la Piedra, que poco a poco la ira convirtiendo en hermosa y notable escultura. Entonces mazo y cincel se complementan y el brazo del artesano de la Piedra, por ese su oficio, los conduce a una combinación armónica, para ser expresión creadora, que lleva en su golpe y calculo, la impronta de la estética, llevando al Aprendiz, con el paso del tiempo al logro de la creación perfecta de la Piedra Pulida.

La regla es el símbolo de la perfección como instrumento de medida y emblema simbólico de la línea recta. Representa el empleo ordenado y disciplinado de la visión interior guiada por el discernimiento; materialmente la regla es un instrumento de madera o metal, rígida, delgada y de forma rectangular, útil para trazar líneas rectas y en el sentido ético entendemos por regla, una norma que ha de regir la conducta.

La regla simboliza: moderación, templanza, es finalmente el orden y concierto invariable de la justa medida que guardan todas las cosas naturales.

Vemos que al igual que las herramientas anteriormente interpretadas, la regla tiene un profundo contenido simbólico, pues ella es sinónimo de rectitud, orden y la guía que debe regir nuestra vida masónica como expresión practica y constante del obrar con rectitud, aun habiendo caído, debemos levantarnos, tomarla, medir, calcular, trazar y así aprender de la regla, el equilibrio en el conducir diario de nuestra existencia y la justeza de la relación con los demás.

Tenemos que el mazo manifiesta la firme voluntad del Iniciado, su fuerza y el esfuerzo constante por trabajar día a día su piedra bruta; el cincel como símbolo de nuestra inteligencia y sabiduría y la regla de veinticuatro pulgadas, simboliza la actitud juiciosa, comedida y el armónico equilibrio en que debemos actuar en la vida, en el interior del espíritu masónico, pues representa el día con sus 24 horas donde en la practica vivimos tres jornadas, que son el trabajo diario, la vida masónica y familiar y el descanso, esto a su vez es evocación de las tres grandes edades del hombre: Infancia, Juventud y senectud, estando en todo ello mirando siempre el Gran Arquitecto del Universo.

Cuando pensamos en estas tres herramientas, como instrumentos que llevan a la transformación de la materia, comprendemos en nuestro interior, que con las mismas podemos generar cambios a partir de su interpretación simbólica, para que nuestra vida sea un esfuerzo fecundo y dinámico de transformación interior, para que en el decir de San Pablo - a fin de que todo hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra -.

Todo esto nos dice a nuestro corazón de permanentes aprendices, que el masón aun con sus defectos y virtudes, puede y debe buscar siempre los mayores y mas altos propósitos en su vida, mediante el sano ejercicio de la voluntad y la energía para lograr puntos de equilibrio que lo guíen a desarrollarse en la plenitud del espíritu masónico y la realización social para y con sus semejantes, a quienes finalmente se debe la acción transformadora de la Francmasonería Universal

Es mi Palabra Venerable Maestro

Frater Lucis PITAGORAS



BIBLIOGRAFIA

Lavagnini Aldo. Manual del Aprendiz, Editorial Kier, Argentina 1982.
Frau Abrines Lorenzo. Diccionario Enciclopédico de la Masonería. Compañía General de Ediciones, México. 1960
González Federico. Trejos Fernando. Ponencia presentada ante la Convención Internacional Masónica. México 1982.
Hurtado Amando. Porque Soy Masón: Filosofía, simbolismo y tradición iniciatica de la masonería. Edaf. 1999
Mackey R.W. El Simbolismo Francmasonico. Editorial Diana.
Zanhia. Diccionario Esotérico. Editorial Kier. Argentina .1989

jueves, febrero 01, 2007

Las siete herramientas de medición y ejecución especulativa




Desde los albores de la Humanidad, en las primeras fases evolutivas del homo sapiens, el ser humano aceleró dicha evolución intelectual y material, mediante el uso de instrumentos y herramientas. Cuando consiguió controlar su utilización para fines concretos, desarrolló fórmulas nuevas de vida. El uso de arcos, flechas, lanzas, entre otras cosas, le permitió obtener mejores resultados en la caza; actividad imprescindible para su supervivencia. El manejo de arados, palas, azadas y otros, le permitió desarrollar la agricultura, con lo que se abandonaba el nomadismo como regla de vida y se establecía el sedentarismo en los lugares adecuados para su devenir vital.

Es notorio e incuestionable que la evolución humana está íntima y solidariamente ligada al uso consciente de útiles y herramientas. Todos los instrumentos inventados o descubiertos por el hombre, han facultado un salto evolutivo en sus formas materiales de vida.

De vivir en cuevas o a la intemperie, el ser humano pasó a la construcción de chozas o habitáculos para diverso uso, utilizando los materiales naturales disponibles en su entorno inmediato. El siguiente salto cualitativo fue el uso de materiales prefabricados para alcanzar el mismo objetivo. La diferencia estriba en que de esta segunda forma, su imaginación y posibilidades de desarrollo avanzaron espectacularmente.

Comenzando por realizar simples cubículos para su refugio, pero aplicando su intelecto en contínuo desarrollo y usando los instrumentos adecuados, el hombre alcanzó el punto de llegar a construir monumentales pirámides y majestuosas catedrales.

La sofisticación y complejidad de instrumental necesario para la ejecución de tan magnas empresas, se fundamenta tan solo en SIETE elementos primarios.

Estos son: La Escuadra, El Compás, El Nivel, y La Plomada como elementos de planteamiento y medición. El Mazo, El Cincel y La Paleta (Trulla) como herramientas útiles de ejecución.

La Escuadra ofrece una relación angular.

El Compás facilita la determinación de distancias.

El Nivel corrobora la horizontalidad.

La Plomada establece la verticalidad.

Con estos cuatro elementos se puede determinar, con absoluta precisión, la posición de cualquier punto geométrico en el espacio, y por extensión la de cualquier recta y la de cualquier plano.

Entrando en abstracción geométrico-matemática, estableciendo un sistema de referencia, cualquier punto en el espacio se fija mediante coordenadas cartesianas o bien mediante coordenadas polares. Las primeras son situación horizontal (abcisas), y situación vertical (ordenadas). Léase NIVEL y PLOMADA. Las segundas son distancia a un origen predeterminado y ángulo sobre una recta de referencia. Léase COMPAS y ESCUADRA.

Respecto a las herramientas, con el Mazo se golpea y con el Cincel se dirige el impacto para obtener el fin deseado. Con la Paleta se restaura, se añade y se complementa el resultado obtenido por la acción de la percusión.

La Francmasonería Universal tiene como último fin u objetivo la construcción y finalización de un Templo Moral y de Conocimiento que acoja a toda la Humanidad. Para ello utiliza instrumentos y herramientas.

Con el devenir de los tiempos, la Masonería ha pasado de ser Operativa a ser Especulativa o Simbólica, es decir, que en la actualidad los elementos de trabajo masónico son simbólicos.

Veamos una posible analogía de los siete elementos básicos:

ESCUADRA: Angulo de 90º, ni agudo, ni obtuso, llamado también ángulo recto. Equivalencia, RECTITUD.

COMPAS: Fijado un punto, se establece otro, otro, otro y así sucesivamente, todos equidistantes del fijado en primer lugar. Equivalencia, EQUIDISTANCIA.

NIVEL : Línea horizontal. Equivalencia, IGUALDAD.

PLOMADA : Línea vertical. Equivalencia, APLOMO. Rectitud en sus actos, Equidistancia con todos los seres humanos, Igualdad en el afecto y Aplomo en sus manifestaciones. Cuatro virtudes que enmarcan la vida de un masón.

MAZO: Herramienta que transforma energía en arrancar imperfecciones. Equivalencia, VOLUNTAD.

CINCEL: Util con el que se dirige a un determinado punto preestablecido la energía desplegada por el Mazo. Equivalencia, RAZON.

PALETA (Trulla): Elemento que restaña, contornea y pule la irregularidades. Equivalencia, TOLERANCIA.

Voluntad para mejorar, Razón para discernir y Tolerancia para compartir. Tres herramientas que, armónicamente conjugadas, y debidamente utilizadas, facultan al masón a pulir su Piedra Bruta a fin que su Piedra Cúbica llegue a formar parte del Templo Universal.

No se puede diseñar una construcción tan sólo con la escuadra y el nivel. O tan sólo con el nivel, la plomada y el compás. Hace falta usar los cuatro elementos para una satisfactoria concepción. Y del mismo modo, no se puede construir lo diseñado a falta de alguna de las tres herramientas.

Los ocho elementos citados, en conjunto, armónica y proporcionalmente empleados, son imprescindibles para alcanzar el fin último de la masonería. No sobra ni falta ninguno. Están todos los que son y son todos los que están. Están a disposición del masón que desee andar por el camino hacia la Luz del Conocimiento.

Uno de los grandes intelectos que en esta Humanidad han existido, Arquímedes, dijo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo".

Con osadía, aunque humildemente, parafraseándole, se podría decir: DADME LAS SIETE HERRAMIENTAS MASÓNICAS Y TRANSFORMARE EL MUNDO.