domingo, abril 24, 2005

TEMPLARIOS Y MASONES

LOS FRANCMASONES DE LAS OBEDIENCIAS PRINCIPALES REMONTAN SUS ORÍGENES HASTA LAS ANTIGUAS ÓRDENES DE CABALLERÍA MEDIEVALES Y, SOBRE TODO, A LA ORDEN DEL TEMPLE. ¿PERO SE BASA DICHA ARGUMENTACIÓN EN UNA BASE REAL O SE TRATA DE UNA PRETENSIÓN SIN FUNDAMENTO? TRATAREMOS DE INVESTIGAR UN POCO EN ESTE ASUNTO.

1.- Los "hermanos" constructores

Las órdenes monásticas y militares, entre ellos los Templarios, necesitaban imperiosamente construir edificios militares, civiles y religiosos para llevar a cabo con éxito su expansión en Europa o Tierra Santa. La mayoría de las veces debían recurrir a mano de obra ajena a la propia orden, contratando a gremios de obreros, "masones", especialistas en los variados artes de la construcción. La masonería nace pues como una organización de oficio que cultiva el Arte. No se trataba por lo tanto de simples operarios, sino que dichas sociedades estaban formadas por miembros que practicaban ritos simbólicos e iniciáticos, y se estructuraban jerárquicamente en logias. Es lo que conocemos como masonería operativa.

A partir de los siglos XVI y XVII comenzaron a ser admitidos miembros que no tenían relación con los oficios de la construcción, denominados "aceptados", cuyo número fue aumentando paulatinamente hasta llegar a ser mayoría en el siglo XVIII. En 1717 se reunieron cuatro logias inglesas, originando la Gran Logia de Londres, que dio lugar a la masonería actual, llamada especulativa.

Lo cierto es que la masonería operativa había sido siempre una sociedad secreta que había asimilado desde sus principios simbología de diversos orígenes, incluyendo ritos de carácter pagano y gnóstico, pero mantenía una postura marcadamente cristiana a lo largo de la época medieval. Sin embargo, a través de los miembros "aceptados", la nueva masonería especulativa se orientó a actividades filosóficas y políticas, dejando en parte de lado el oficio de la construcción. Esto significó que aunque la nueva masonería adoptara las tradiciones de la antecedente, se produjo una profunda descristianización de la organización, llegando incluso a prescindir de la creencia en Dios, aspecto que había resultado clave en las logias operativistas.

2.- El templarismo masónico

Es esta masonería filosófica o especulativa la que, para explicar sus orígenes, defiende celosamente su tradición templaria. La tradición interna de la Orden Masónica afirma que Jacobo de Molay, el último maestre de los Templarios, hizo crear poco antes de ser quemado en la hoguera cuatro grandes logias masónicas. Estos mismos rituales remontan a Salomón, el monarca israelita, los orígenes del Arte que ellos practican, pero afirman que este llegó a occidente a través de los Caballeros del Templo de Salomón. Es decir, defienden que la masonería se había configurado en Tierra Santa por obra de las órdenes militares, especialmente la del Temple, y que, como hemos visto, fueron estas fraternidades de constructores llegadas a occidente las que habrían originado la francmasonería moderna. Con ellos habrían traído el arte gótico, del que nos ocupábamos en un primer capítulo, y cuya propagación el Temple financió.

La tradición templaria habría anidado entonces en las primeras logias masónicas escocesas, que se habrían creado para aprovechar la experiencia de los Templarios tras la caída de la Orden, incorporando además los ritos y la simbología del Temple. Es Escocia, la evidencia nos muestra que los símbolos templarios grabados en piedra conviven estrechamente con los masónicos. Y ciertamente, esta región es el lugar más idóneo para una posible supervivencia templaria. En Escocia, que a principios del siglo XIV se hallaba en guerra con Inglaterra, las bulas pontificias de supresión de la Orden nunca fueron promulgadas, por lo que la orden templaria de ese país nunca quedó oficialmente disuelta. Parecen existir pruebas de que el Temple escocés se mantuvo como un cuerpo coherente durante cuatro siglos más. Incluso se dice que un nutrido contingente de templarios luchó a las órdenes de Robert Bruce en la batalla de Bannockburn, en 1314. Precisamente es al rey Robert Bruce a quien citan los francmasones como fundador de las primeras logias escocesas.

Es bien posible que las tradiciones templarias se perpetuaran en esta región. No parece casualidad que la fundación de la masonería especulativa en Inglaterra se deba a la dinastía escocesa de los Estuardo.

Actualmente, es la Gran Logia de Inglaterra la que sustenta los más importantes grados masónicos, que hallan asimismo presentes en las demás obediencias. Estos grados, que son las divisiones en que se jerarquiza la masonería, se clasifican a su vez en varias clases. Es en estos ritos donde encontramos un templarismo vigente en los grados masónicos, ya que entre el grado 15 y el 30 se muestran innumerables rasgos relacionados con los Caballeros Templarios y el Templo de Salomón.

Así por ejemplo tenemos que los grados dieciséis y diecisiete se denominan respectivamente "Caballero de Jerusalén" y "Caballero de Oriente y Occidente"; el 27 es el grado del "Gran Comendador del Templo", que resalta la potestad suprema del Maestre sobre la orden templaria; y el grado 30, titulado "Caballero Kadosch" se refiere a la venganza del Temple hacia la corona francesa y el papado, responsables de la desaparición de la Orden.

Pero no terminan ahí las coincidencias. Dentro de esta Gran Logia inglesa encontramos lo que pretende ser un vínculo directo con los monjes-guerreros medievales: una Orden de Caballeros Templarios. Para ingresar en esta Orden masónica del Temple se hace requisito necesario poseer el título de Maestro Masón del Tercer Grado. Esta orden representaría la prueba definitiva de la supervivencia de los Templarios bajo el manto oculto de la masonería. Pero como casi todo lo que rodea al Temple, es algo que todavía está por demostrarse de manera definitiva.

De todas formas, y para hacerse una idea de la importancia que tiene la masonería a nivel mundial, se nos antoja necesario citar que la Gran Logia de Inglaterra más las diversas obediencias vinculadas a ella, congregan hoy en día a unos veinte millones de personas de toda clase social. Solamente a mediados de siglo pasado, en la década de los años 50, cerca de cuatrocientos mil eran miembros de la Orden masónica de Caballeros Templarios. Si tenemos en cuenta que en la Francia del siglo XIII, en la época de mayor auge de la orden templaria, esta podía estar formada por aproximadamente cuarenta o cincuenta mil hombres, no podemos dejar de preguntarnos... ¿realmente desapareció la Orden del Temple?

Un sacerdote catalán fue el «ideólogo» del Archivo de Salamanca, según Preston

Joan Tusquets recopiló documentos sobre los masones y llegó a ser confesor de Carmen Polo

Ayer se inauguró en Barcelona un ciclo de conferencias sobre la aproximación anglosajona a la historiografía del siglo XX, con la participación de los historiadores Casilda Güell y Paul Preston. Este último adelantó uno de los capítulos sobre su esperado nuevo libro que tratará sobre los verdugos y las víctimas de la represión franquista, concretamente la «contribución catalana a la difusión del contubernio judeo-masónico-bolchevique» a partir de la figura de un sacerdote llamado Joan Tusquets. Se trata del hombre que puso las bases de lo que hoy se conoce como Archivo de Salamanca.

Víctor Fernández

Barcelona- Joan Tusquets era, en los años de la II República, un joven sacerdote catalán, hijo de un amigo del político Francesc Cambó, quien se interesó por la masonería y renegó del franquismo. Tío de Óscar y Esther Tusquets y fundador de la editorial Lumen, a Tusquets se le debe, según explicó ayer Paul Preston a este diario, la creación del mito del contubernio judeo-masónico-bolchevique, «una de las excusas de la derecha para justificar el odio y la represión contra la izquierda». Según el hispanista, Tusquets comenzó en los años veinte «a estudiar sectas como el teosofismo, interesándose pronto por las sociedades secretas, entre ellas la masonería».

Poco tiempo después, en 1932, el religioso publicó un libro que, como señaló Preston, «fue un “best-seller” de aquella época». Se trata de «Orígenes de la revolución española», donde Tusquets establece las bases de que el Estado formado tras la caída de Alfonso XIII estaba dominado por «judíos, masones y republicanos de izquierda», teorías muy bien acogidas por los sublevados de julio de 1936.

Un cura espía. Preston explicó que Tusquets no dudaba en espiar a las logias masónicas para conseguir la información para sus libros. De esta manera inicia la construcción de un fichero en el que se exponían los nombres de los masones españoles. Se trata de una labor que fue creciendo gracias a las requisas documentales del ejército de Franco durante la Guerra Civil, llegando a construir una base de datos que pasaría de 5.000 a 30.000 fichas, base de lo que hoy es el Archivo de Salamanca, donde se guarda el trabajo de Tusquets. «En sus libros, el religioso catalán acusaba a determinados políticos de ser masones, aunque eso no quiere decir que sus afirmaciones fueran acertadas», dijo Preston, quien expuso cómo Tusquets se equivocó con dos nombres, Niceto Alcalá-Zamora y Francesc Macià, «políticos que siempre se consideraron muy católicos».

Entre las equivocadas denuncias del «archivero», destaca la que recayó en la que fuera diputada socialista Margarita Nelken. «Ella aparece en el fichero de Tusquets, denunciada por judía y por estar en la masonería, cuando existían pocas mujeres que pertenecieran a alguna logia», comentó Preston, recordando que «cuando Nelken se exilia en Francia y en México, en España la procesan en ausencia gracias a la labor de Tusquets». Preston cree que «si la represión se basaba en ese fichero, difícilmente se tiene que descartar su influencia en los juicios contra la izquierda».

Joan Tusquets escapó de España al iniciarse la guerra tras ser amenazado por la FAI. Después de llegar a la Italia de Mussolini, volvió a su país para trabajar primero junto al general Mola y después al lado del general Franco en Burgos. Tusquets llegó a convertirse en confesor de Carmen Polo, labor que alternó con la construcción del fichero antimasón. Según Preston, «cuando acaba la guerra, Franco le ofrece puestos importantes, pero él decide retirarse. Creo que cuando regresó a Cataluña se horrorizó con la represión, por lo que se retiró a su labor religiosa».

sábado, abril 23, 2005

Simbolismo de la iniciación masónica

Francisco Ariza

En lo fundamental, la estructura iniciática de la Masonería en nada difiere de la de cualquier otra organización esotérica y tradicional. Su división en tres grados ­aprendiz, compañero y maestro­ conforma un esquema perteneciente a toda vía iniciática regular, constituyendo una síntesis del proceso mismo del Conocimiento y su realización efectiva.[1]

Igualmente, este ternario iniciático es análogo a los tres planos o niveles de la manifestación cósmica: el Corpus Mundi, el Anima Mundi y el Spiritus Mundi, según la terminología del hermetismo cristiano medieval. El Cuerpo, el Alma y el Espíritu universal se corresponden así con los grados de aprendiz, compañero y maestro, respectivamente.

De ahí que la realización iniciática reproduzca etapa por etapa el proceso mismo de formación del cosmos o del orden universal, motivo por el cual, y en razón de la analogía existente entre el macrocosmos y el microcosmos, dicho ternario es también el de la constitución del ser humano considerado en toda su integridad. Utilizando el simbolismo geométrico, los tres mundos (y los tres grados iniciáticos) se representan como otros tantos círculos concéntricos, en donde, naturalmente, el más periférico y exterior se correspondería con el plano corpóreo, el intermedio con el anímico o psicológico, y el más interior con el espiritual. [2] El punto que tácita o explícitamente está representado en el centro de este último círculo simbolizaría al Ser o Unidad primordial, que en lenguaje masónico no es otro que el Gran Arquitecto del Universo (idéntico al "motor inmóvil" aristotélico), que aunque en sí mismo no manifestado ­como el punto, que en realidad no existe en el espacio­ es no obstante el principio a partir de cuya emanación o expansión se genera toda la manifestación, que depende enteramente de él en todo lo que ella tiene de realidad.

En este sentido la transmisión de la influencia espiritual recibida por la iniciación masónica es análoga a la acción del Fiat Lux emanado del Verbo divino "en el Principio", dando lugar al orden cósmico. Y así como ese orden fue "sacado del caos" por la acción de la Palabra luminosa y espermática, el hombre es rescatado del mundo profano, o de las "tinieblas exteriores", [3] por la irradiación clarificadora que se genera en su conciencia gracias al poder creador de la influencia espiritual o "iluminación" iniciática, lo que acontece en el corazón, es decir en el centro mismo de su ser. De esta manera, y semejante a esa cosmogénesis, se produce una antropogénesis espiritual, lo que equivale a la generación o nacimiento del hombre nuevo. Esa Palabra luminosa, Logos o Sonido primigenio que insufla la vida y el ser a la materia amorfa es también un "ritmo" cuya cadencia vibracional la articula y ordena. Y este ritmo creativo es el gesto o rito cósmico por excelencia, prototipo de todos los ritos iniciáticos, lo cual explicaría por qué éstos son imprescindibles para vehicular la influencia espiritual, que en el fondo lo que persigue es transmitir al ser la energía de la Inteligencia y del Conocimiento por mediación del código simbólico y su ritualización, despertándole a sus posibilidades superiores de acuerdo a lo que fue hecho "en el Principio", e insertándole por consiguiente en el tiempo mítico y verdadero.

Siendo la Masonería una tradición procedente de las antiguas organizaciones y gremios iniciáticos de constructores "libres" (los francmasones y compañeros medievales), ésta concibe a la Unidad como un Arquitecto u Ordenador Supremo, y al cosmos como su obra más perfecta y elocuente, lo que hace posible que el hombre pueda tomar a esta última como un símbolo vivo que le permite reconocer (porque los contiene en sí mismo) los principios o arquetipos que determinan todo lo creado, tanto en el Cielo como en la Tierra. Esos principios y leyes universales, y el orden visible e invisible, tangible y sutil que de ellos emana, se expresan mediante las proporciones, medidas, ritmos y estructuras de los números y las figuras geométricas, fundamento de todas las artes y ciencias cosmogónicas, y sobre todo de la arquitectura sagrada, síntesis de todas ellas. Si la Masonería (como la Alquimia) es llamada el "Arte Real", éste no consiste en otra cosa que en la actualización, [4] en el plano del hombre y de la vida, de todas las posibilidades de manifestación concebidas y contenidas eternamente en la Mente y la Sabiduría del Creador, que "todo lo dispuso en número, peso y medida", [5] lo que nos da la idea de la existencia de un modelo prototípico reiterado en cualquier gesto creativo, ya se trate ese gesto de la creación de un mundo, de un ser o de una obra de arte, siendo ésta última la que el hombre finalmente pueda hacer consigo mismo en su interior. Es por eso que el aprendizaje, conocimiento y encarnación de ese modelo, que el cosmos entero simboliza, hacen del masón un obrero de la construcción universal, en la que él colabora conscientemente, pudiendo leer así en el "Libro del Mundo" o "Libro de la Vida". Acceder a esa cosmovisión, a ese orden armónico, conduce a la contemplación de la Belleza, que es un nombre divino y por consiguiente una poderosa energía de transmutación y regeneración. [6]

Esto nos lleva a considerar que, además del Verbo que insufla la vida a la materia amorfa, o substancia nutricia original, también existe la acción de un "gesto" divino en la creación del mundo. Y ese gesto misterioso [7] es el que establece precisamente la analogía antes mencionada entre el proceso cósmico y el iniciático. En efecto, la transmisión de la influencia espiritual en la Masonería es vehiculada por la ritualización de determinadas palabras y gestos sagrados, dividiéndose estos últimos en "signos" y en "toques". [8] En este sentido, debemos recordar que esas palabras y gestos rituales no son sino la propia energía del símbolo puesta en acción, lo que hace posible que la idea que el propio símbolo transmite se revele con toda su fuerza y fecunde al ser que la recibe, haciéndolo pasar, como antes hemos dicho, de la "potencia al acto" o de las "tinieblas a la luz".

El código simbólico no es algo que pueda aprehenderse desde el exterior, como si uno mismo no estuviera incluido ni formara parte de la idea que éste transmite. El hombre comienza a tener conciencia de su ser en el mundo cuando comprende que él mismo es un símbolo, es decir que debe verse como en un espejo donde se refleja el Ser ­y la vida­ universal. En realidad todo rito es un símbolo, o idea, en movimiento, y todo símbolo, a su vez, no es sino la fijación de un gesto ritual cumplido conforme al orden, esto es, conforme al modelo de lo que fue hecho "en el Principio". El rito es la "vivencia" de la idea simbólica porque de hecho el propio rito no es sino esa misma idea articulada en el espacio y el tiempo, es decir en la totalidad de nuestra existencia, que así adquiere pleno sentido al integrarse en la cadencia de la armonía y del ritmo universal, siempre idéntica a sí misma por constituir la expresión de la Unidad indiferenciada, alfa y omega de todo lo creado. A este respecto, es bastante significativo que la palabra gesto tenga también el sentido de "gestación", y por tanto de "generación", que en el contexto iniciático y simbólico se vincula al renacimiento espiritual, de un "volver a nacer" por y en el Conocimiento. [9]

Cada uno de los grados masónicos de aprendiz, compañero y maestro, posee sus propias palabras y gestos rituales, los cuales, aun recibiéndose por etapas, están no obstante perfectamente coordinados, conformando finalmente una sola palabra y un único gesto inseparables e indistintos, análogos a los que fueron emitidos en el origen, que de esta manera se actualiza y se hace presente. De todo esto se desprende que la culminación en una vía como la que propone la iniciación masónica no es otra que la total identificación con el acto creador (generador) del Gran Arquitecto, identificación que sólo se hace efectiva con la llegada a la maestría, o lo que es lo mismo cuando la individualidad humana se universalice al quedar absorbida, por la atracción nacida del amor al Conocimiento, en la unidad de su Principio divino, de la que sólo se separó ilusoriamente. [10] Lo que decimos guarda estrecha relación con lo que en la Masonería se denomina la "búsqueda de la Palabra perdida", que es el verdadero Nombre del Gran Arquitecto, y que el hombre ha de recomponer "reuniendo lo disperso" de su ser, pues al fin y al cabo ese Nombre es el cosmos entero considerado en su esencia inmutable e imperecedera.

La Tradición nos enseña que el despertar a la realidad del Conocimiento es simultáneo a la apertura de los diversos centros sutiles (o chakras, según la tradición hindú) localizados simbólicamente a lo largo de la columna vertebral. Cada centro es receptor de una determinada energía cósmica vivenciada en el hombre como un estado de conciencia, y ello en virtud de la ley de correspondencia y analogía entre el macrocosmos y el micro cosmos, correspondencia y analogía que constituyen el fundamento mismo de la ciencia simbólica, pues gracias a ellas podemos reconocer lo universal en lo individual, y lo individual en lo universal, comprendiendo que ambos no son sino una sola y misma realidad, tal cual nos dice la Tabla de Esmeralda hermética: "lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba como lo de abajo, para obrar el milagro de una cosa única".

Asimismo, el que dichos centros estén jerárquicamente dispuestos a lo largo de la columna vertebral (una imagen del Eje del Mundo), nos indica la idea de ascenso gradual y escalonado: desde aquel que está situado en la base misma de la columna­eje, y vinculado a las energías telúricas y terrestres, hasta el que se ubica en la sumidad de la bóveda craneana, por donde se produce el pasaje a los estados superiores, supracósmicos y metafísicos. Si el hombre, al igual que el universo o el cosmos, es un atanor alquímico, el desarrollo espiritual se va cumpliendo en la medida misma en que se produce la cocción, destilación, purificación y transmutación de las energías inferiores en las superiores.

El número de estos centros, e incluso el orden de su disposición, varía en las diferentes tradiciones. En el caso de la Masonería dichos centros se ubican en puntos concretos señalados por signos gestuales realizados mediante una determinada posición de las manos, signos que son llamados de "reconocimiento" y de "penalización", y cuya posición es distinta en cada uno de los tres grados. En el primer grado el signo se realiza a la altura de la garganta, en el segundo en la del corazón y en el tercero a la altura del ombligo ­o entre las dos caderas­, y finalmente en la sumidad de la cabeza. A esto hay que añadir la vocalización de las palabras de paso y las palabras sagradas propias de cada grado, y que en sí mismas revelan un sentido simbólico directamente relacionado con la búsqueda de la "Palabra perdida", es decir con las etapas vividas durante el proceso de la realización interior. Naturalmente, no podemos desarrollar aquí todo lo que sugiere esta rica simbólica, y tan sólo indicaremos que tanto los signos, como los toques y palabras simbólicas en la Masonería son semejantes a los mudras (gestos manuales) y los mantrams (pronunciación de nombres, palabras y sílabas sagradas) pertenecientes a las vías de realización hindú y budista, lo que prueba la perfecta concordancia existente entre las diversas formas iniciáticas en lo que respecta a la constitución o arquitectura interna del ser humano, ejemplo claro de la universalidad y coherencia de la doctrina tradicional allí donde ésta se manifieste.

En el discurso de la existencia la iniciación impone un centro, un eje alrededor del cual todo comenzará a ordenarse y a tener sentido, a ser significativo. Dicho centro está siempre presente en el corazón del hombre, y es, como el altar en el Templo, el punto de comunicación cielo-tierra; o para decirlo en términos taoístas, donde se ejerce "la atracción de la Voluntad del Cielo" en la individualidad humana.

Establecer contacto con el radio que lleva a ese centro supone, en primer lugar provocar una ruptura de nivel o escisión en el tiempo ordinario, y recuperar la memoria del tiempo mágico, sagrado y mítico donde todo es verdadero y siempre es aquí y ahora, y nada se somete a la sucesión causa efecto que es la ley kármica del mundo sublunar o samsara. Y si bien es muy difícil escapar totalmente a esa ley, en tanto que seres todavía sumidos a las condiciones y limitaciones de la existencia individual, sí se puede, en cambio, conciliar las acciones y reacciones que ellas provocan en la psique (a la que conforman), pues en el laberinto que urden en torno nuestro se halla ese espacio vacío y virginal donde el jardín del alma florece y la regeneración es posible. Así, pues, solo a partir de esa primera ruptura puede decirse con toda propiedad que se inicia el camino del Conocimiento, lo cual conlleva un intenso trabajo con uno mismo.

Las mutaciones de la Piedra simbólica

En la Masonería ese trabajo consiste en desbastar y perfeccionar la "piedra bruta", que es el símbolo del aprendiz, mientras que la piedra "cúbica" pertenece al compañero, y la "piedra cúbica en punta" al maestro. Esta sucesiva mutación de la piedra simbólica, análoga a la transmutación alquímica, indica tres momentos claves del trabajo masónico. Ya se habló de la piedra bruta como un símbolo de la firmeza e inmutabilidad del Espíritu. Sin embargo, y como los símbolos se prestan muchas veces a un doble sentido, en la masonería ­que no olvidemos procede de una tradición de constructores­, y sin perder totalmente esa significación, la piedra bruta deviene más bien un símbolo del caos pre­cósmico, y en cierto modo puede verse como una imagen del mundo profano, de donde el aprendiz procede y al que tiene que superar en su intento de ir de las "tinieblas a la luz". En este contexto simbólico, las asperezas y aristas de la piedra bruta representan las deformaciones del alma humana sometida a las influencias egóticas e ilusiones mentales de todo tipo, las cuales suponen un obstáculo en la evolución espiritual. Se impone, pues, una ascesis purificadora que, al mismo tiempo que lime las asperezas de la piedra bruta de la conciencia, de lugar a un desarrollo ordenado de las posibilidades superiores en ella incluidas, y en tanto que no se manifiesten permanecen en estado embrionario y latente. En la iniciación masónica los primeros trabajos del aprendiz se llevan a cabo con el mazo y el cincel, herramientas que respectivamente simbolizan la fuerza de la voluntad y la facultad de la inteligencia, la cual distingue, separa y determina lo que en el ser es permanente y coesencial a su naturaleza (aquello que ese ser "es" en sí mismo), de lo que constituye sus añadidos superfluos y exteriores. En lenguaje masónico esta acción clarificadora recibe el nombre de "despojamiento de los metales", que en el fondo es idéntica a lo que en Alquimia se denomina "separar lo espeso de lo sutil", es decir lo profano de lo sagrado. Entendida de esta manera, la voluntad es ese fuego sutil que generado por la acción iluminadora de la influencia espiritual, promueve en el hombre el amor o la pasión por el Conocimiento, siendo en este sentido que los términos querer, creer, y crear son exactamente lo mismo. Empero, y a fin de que no se disperse, esa fuerza interior ha de estar bien dirigida por una recta intención, o rigor intelectual, que la encauce y concentre en vista a la comprensión teórica y efectiva de los principios universales, los cuales, volvemos a repetir, se revelan mediante las leyes, ritmos y ciclos que regulan el orden armónico de la Creación. Sólo así, conjugando en un acto único, que deviene ritual y permanente porque se ha "incorporado" a la naturaleza del ser, la fuerza del amor y el rigor de la inteligencia, la "materia caótica" irá siendo pacientemente tallada, hasta que el aprendiz, intuyendo la Belleza o "forma" ideal oculta en esa materia deforme, [11] se "eleve" a un grado superior de su jerarquía interna, es decir, a compañero.

En esta nueva etapa de su viaje al iniciado a los misterios del Sí mismo le son necesarios otros símbolos ­herramientas para proseguir con la obra de la regeneración. De esta manera, y para que la piedra bruta se acabe de pulir, es imprescindible la ayuda de la escuadra, la cual le va señalando ­enmarcando­ el perfecto tallado y cubicaje. La escuadra, al ser también un símbolo de la rectitud interior, está asociada a la idea de axialidad, pues su forma resulta de la unión por su vértice de un eje vertical y otro horizontal. Es precisamente la toma de conciencia de estas dos coordenadas geométricas (que expresan principios universales), como la piedra bruta, se convertirá, o mejor se "transmutará" en piedra cúbica. Además, hecho evidente, la piedra cúbica es la más apta para la construcción, es decir, la que hace posible "levantar" la obra a partir de sus cimientos. Mas ese levantamiento se efectuará con la intervención de otras dos herramientas, por lo demás complementarias: el nivel y la plomada. Con la primera, el compañero se asegurará que la base no tenga desnivel, o dicho de otra manera, que la purificación con el mazo y el cincel se hayan llevado a cabo de manera efectiva, asegurando así la firmeza y estabilidad de la obra interior. Es ésta una simbólica que expresa la acción conjunta de las cuatro virtudes cardinales, las cuales, efectivamente, "nivelan" y equilibran los impulsos de las pasiones inherentes a la naturaleza humana: "Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos" (Lucas, III, 4-5). En este sentido, las virtudes cardinales corresponden, arquitectónicamente, a las cuatro piedras de fundación situadas en las cuatro esquinas o ángulos del templo, sosteniéndolo en su elevación vertical.

A su vez, con la plomada se comprobará la perpendicularidad de la edificación, según señala un eje invisible, pero no por ello menos real, que cohesiona y mantiene en equilibrio la estructura de nuestro universo y de todas las cosas en él contenidas, incluido naturalmente el hombre. La verticalidad de la plomada, suspendida simbólicamente de la mano del Gran Arquitecto, "cae a peso" en dirección al centro de la tierra, señalando la profundidad del Conocimiento que penetra hasta lo más recóndito del alma humana, "iluminando" los aspectos más oscuros de ésta, pues allí, en esas profundidades se halla el "fuego secreto" del Espíritu, artífice verdadero de toda la obra de transmutación. Ciertamente, no es otro el significado de las siglas alquímicas V.I.T.R.I.O.L. grabadas en la "Cámara de Reflexión", simbólicamente situada "debajo" mismo de la Logia: "Visita el Interior de la Tierra (de tí mismo) y Rectificando encontrarás la Piedra Oculta", que es la verdadera "medicina" de la que hablan los maestros alquimistas.

Esa rectificación es simultánea a la reintegración de lo individual en lo universal, lo cual conlleva una total reconversión psicológica que propicia el nuevo nacimiento. Aquello que estaba disperso se ha reunido y "cristalizado" en una forma, una estructura que refleja (al haberse "conformado" a la armonía del orden cósmico) su modelo prototípico e imperecedero. El compañero, al comprender y vivir los misterios de la cosmogonía, que son los de él mismo, volvemos a repetir, hace de su oficio (cualquiera que éste sea) un ministerio, y de su vida un arte, ejecutando y transmitiendo libremente las órdenes recibidas del Gran Geómetra, que es como se designa en este grado al Gran Arquitecto o Principio de la Construcción Universal. Asimismo, ese renacimiento, ese volver a nacer de nuevo en y por el Conocimiento, está simbolizado por la estrella pentagramática o "Estrella flamígera". Las cinco puntas de esta estrella indican que el hombre ha accedido a su "quintaesencia", lo que quiere decir que ha realizado y desarrollado todas las posibilidades comprendidas en el estado humano. De otro lado, la quintaesencia es el centro de la cruz de los cuatro elementos, y por consiguiente el punto de conciliación y superación de las energías contrarias que esos elementos representan en el plano de la materia y de la psique. Es evidente que en el simbolismo constructivo la quintaesencia está figurada por la "piedra fundamental", situada en el centro mismo del cuadrado señalado por las cuatro piedras de las esquinas, llamadas corner stones, literalmente "piedras de esquina o de ángulo", y que son como un reflejo cuatripartito de la piedra fundamental del centro, equivalente al ara o altar del templo. En medio de la Estrella flamígera figura la letra "G", curiosamente la inicial de Geometría y de Dios en inglés (God), letra de la que Guenon dice que sustituyó al Iod hebraico, que es el símbolo de la Gran Unidad. Así pues, en el centro del estado humano, en su corazón, lo que en realidad habita es el Principio divino, que teniendo como soporte en nuestro mundo a la individualidad humana regenerada, irradia su luz a todas las cosas. [12]

Lo que hace inteligible al cosmos, lo que le da todo su sentido y realidad, es precisamente lo que está "más allá" de él, lo inmanifestado, "...pues es el vacío del centro lo que hace útil a la rueda" ( Tao-te-King, XI). En ese centro alrededor del cual se efectúan todas las revoluciones de la rueda del mundo, se sitúa simbólicamente la "Cámara del Medio" del maestro masón. En dicha Cámara tienen lugar los misterios de la "segunda muerte" y el "tercer nacimiento", ejemplificados por la muerte ritual del maestro Hiram, su posterior enterramiento, su búsqueda, y finalmente su "resurrección", simbolizada por la rama de acacia. Habiendo realizado el viaje horizontal que le ha conducido al altar o corazón del santuario, el ser pasa del cuadrado al círculo, o de la escuadra al compás. Se produce así el pasaje de la Tierra al Cielo, o lo que es lo mismo, una "exaltación" por el eje vertical hasta la clave de bóveda situada en el centro de la cúpula (o cabeza) del templo­cosmos­hombre. A la piedra cúbica (símbolo del cosmos), se le añade una pirámide en su parte superior, pasando a llamarse a partir de entonces la "piedra cúbica en punta", que simboliza el acabamiento y perfección de la obra, su "coronamiento" vertical y celeste. [13] Esta idea de coronamiento referida a la piedra cúbica en punta, encaja perfectamente con la simbólica cristiana de la "piedra angular", la cual, por su forma, sólo podía ser colocada cuando finalizaba la construcción, concretamente en la clave de bóveda u "ojo del domo". [14]

Pero en realidad, ya se trate de la clave de bóveda, del vértice de la pirámide, del centro del círculo o de la rueda, lo que reside en todos estos símbolos es el secreto del Nombre inefable, el punto de no­manifestación donde mora el "Uno sin segundo" que sólo se conoce a Sí mismo por Sí Mismo. Esta es la última puerta a franquear por el hombre, el cual "a la pregunta ¿quién eres tú?, que se le formula cuando llega a esa puerta, puede responder con verdad: 'Yo soy Tú'". [15]
[1] No vamos a hablar aquí de los llamados "altos grados" o "grados complementarios a la maestría", cuyo número varía en cada uno de los Ritos masónicos actuales. Pensamos que algunos de esos altos grados representan un desarrollo de ciertos aspectos iniciáticos contenidos ya en el grado de maestro.

[2] La misma estructura cósmica e iniciática la encontramos en el antiguo símbolo del "triple recinto druídico", en donde se distinguen tres cuadrados concéntricos, del más interior de los cuales parten cuatro líneas que atraviesan los dos cuadrados restantes hasta sus límites. En la jerarquía iniciática las líneas que parten del cuadrado central corresponden a los canales a través de los cuales se transmite, de a d­intra a ad­extra, la enseñanza de la doctrina y del Conocimiento a todo el resto de la organización iniciática. En la Masonería el conjunto de los tres cuadrados (o círculos) equivalen a las tres "Cámaras" de los grados de aprendiz, compañero y maestro. En este último, la Cámara se denomina "del Medio", y se identificaría entonces con el cuadrado central del triple recinto druídico (ver cap. X de los Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, d e René Guenon).

[3] La expresión "tinieblas exteriores", o "inferiores", que se utiliza para referirse al mundo profano, constituyen el reflejo invertido y oscuro de las "tinieblas superiores más que luminosas", las cuales conforman la esfera inteligible de los arquetipos espirituales.
[4] En el sentido en que Aristóteles daba a la expresión de la potencia al acto, es decir como un paso de la posibilidad a lo real contenido en ella.

[5] Sabiduría, XI 20.

[6] La Belleza es el nombre que recibe uno de los tres pilares sobre los que se apoya la edificación del templo masónico, y por extensión del templo del mundo. Los dos restantes pilares se denominan Sabiduría y Fuerza. Sabiduría, Fuerza y Belleza, equivalen respectivamente al "número, peso y medida" divinas.

[7] Principio verdaderamente atemporal, pues está ocurriendo en estos precisos momentos, lo cual se relaciona con el "mundo creado a cada instante" o "renovado a cada soplo" del sufismo islámico.

[8] Palabras y gestos se encuentran dentro de la clasificación tradicional establecida entre los símbolos sonoros y los símbolos visuales, respectivamente.

[9] Se ha dicho que conocimiento y co­nacimiento son exactamente lo mismo, y uno es lo que conoce.

[10] El ingreso al grado de maestro representa la reintegración del "estado primordial", tal cual fue vivido por los primeros hombres en el Paraíso. Si hasta alcanzar ese grado el recorrido ha sido horizontal (terrestre), a partir de él comienza el ascenso vertical por los estados superiores del ser, vinculados con los diversos cielos planetarios. Por otro lado, debe quedar bien claro que aquí hablamos del Maestro interno, pues en la actual Masonería muy pocos de los que ostentan ese grado (conferido muchas veces por puras necesidades prácticas de la Logia) han conseguido siquiera llegar a auténticos aprendices o compañeros.
[11] Según la Alquimia en el plomo, el metal más denso y opaco, se esconde la luminosidad inalterable del oro.
[12] La letra Iod es la primera de las cuatro letras hebreas que componen el Tetragrammatron, el nombre inefable de Dios. Igualmente, entre los operativos la Estrella pentagramática era el símbolo de la Estrella Polar y por tanto del Gran Arquitecto. Esta idea fue sin duda heredada de los pitagóricos, para los cuales el Pentagrama constituía su signo de reconocimiento, además de ser el símbolo de la Armonía universal. Los pitagóricos designaban al pentagrama con el nombre de pentalfa, pues está formado por la reunión de cinco (penta) alfas, que es también la primera letra del alfabeto griego. A este respecto debemos recordar que los pitagóricos hacían corresponder a cada una de las sumidades del pentalfa una de las letras de la palabra "eigeia" (salud), siendo la salud corporal un símbolo vivo de la armonía y equilibrio interior del hombre regenerado que accede al centro de sí mismo. Además, esas letras se disponían según el sentido polar, lo que indica de una manera bastante clara la conexión del pitagorismo con la Tradición Primordial o hiperbórea.

[13] La "piedra cúbica en punta" sintetiza la unión por su parte superior del cuadrado y del triángulo, o según otro simbolismo la efectivización de las cuatro virtudes cardinales y las tres virtudes teologales, terrestres unas y celestes las otras. Esa misma figura creada por la unión del cuadrado y del triángulo es el símbolo alquímico de la "piedra filosofal", la cual también representa el acabamiento y perfección de la Gran Obra hermética. Como vemos se trata del septenario (3 + 4 = 7), el cual es tomado en todas las tradiciones como el número cosmogónico por excelencia. Añadiremos que siete es el número necesario para que una Logia sea "justa y perfecta".

[14] En la simbólica cristiana la piedra angular se identifica con Cristo mismo, que representa igual principio espiritual que El Gran Arquitecto en la Masonería. La inutilidad de esta piedra durante la construcción en realidad confirma su carácter supracósmico, pues no puede ocupar otro lugar que el centro mismo de la cúpula. Esa piedra es la verdadera clave de bóveda, es decir la "llave" (clave) con la que se comprende el sentido simbólico de toda la construcción. Ella está en realidad al principio y al final de toda la obra, como el Espíritu es el Alfa y el Omega de toda la Creación.

[15] René Guenon, "Kâla­Mukha", cap. LIX de Símbolos Fundamentales

Ser Masón


No es menester ser un masón para realizarse como persona, como ser humano, como ciudadano...etc.

No es necesario ser masón para ser un buen miembro de familia, para ser un buen miembro de la sociedad.

No es necesario ser masón para ser un buen trabajador y un buen ciudadano.

No es necesario ser masón para trabajar por ser mejores cada día.

No es necesario ser masón para trabajar por una sociedad mejor.

No es necesario ser masón para...

Sin embargo, un buen masón, sin ser una persona "perfecta", sí trata de esforzarse a cada instante por revisar su vida y tratar de ser mejor cada vez, mejor persona, mejor miembro de familia, mejor ciudadano...

Por ello es que dicen que en el mundo puede haber muchos "masones sin mandil..."

La masonería es una opción de vida, es una opción y decisión personal e individual...

La masonería no busca adeptos ni hace proselitismos...

La masonería sí es elitista como un camino iniciático, no todos estamos "llamados" a ella.

Sencillamente dejaríamos de ser el mundo que somos si todos los hombres fuésemos masones y esa ni es la pretensión de la Orden Masónica ni la de sus miembros, probablemente dejaríamos de ser entonces el HOMBRE que hoy somos, con toda la variedad y pluralidad y diversidad de constituyentes...

La Masonería propugna por la fraternidad universal de todos los hombres, la igualdad, la libertad, la tolerancia, el respeto...

Es indudable que muchísimos masones a través de la historia, con su gestión han contribuído al mejoramiento de las condiciones de vida de muchos pueblos en diferentes ámbitos y probablemente podríamos hacer una lista interminable de ella... pero no es ése el interés de la Orden Masónica y es probable que estas personas igual hubieran hecho su aporte a la humanidad sin haber sido iniciados...

Pero es verdad también que existen muchísimos más masones que de manera silenciosa han hecho (y hacen) contribuciones tal vez más significativas para el mejoramiento y desarrollo de la humanidad que el listado que previamente pudiéramos haber hecho, se trata de aquellos masones que hicieron (hacen) esfuerzos internos para dominar cualquier pasión humana, cualquier vicio..., para verdaderamente ser hombres libres y de buenas costumbres, se trata de aquellos masones que silenciosamente se esforzaron (se esfuerzan hoy) cada día en ser mejores esposos y padres, en ser mejores amigos, mejores compañeros, aquellos que se esforzaron (y aún lo hacen) en hacer mejor su trabajo, en ser respetuosos de las Leyes de sus países (legalmente constituídos), de aquellos que con su vida se constituyeron en ejemplo para sus hijos, familiares y allegados.... así, ellos han contribuído a que hoy contemos con una sociedad mejor...

La Masonería sí exige que sus miembros tengan la firme convicción de un Ser Superior, de una Fuerza Creadora, de una Fuerza Rectora, de una Deidad, de Dios o un dios, no importa las características particulares que pueda tener en la concepción del mismo...No fomenta ni censura credo religioso alguno en particular y pide que sus miembros respeten las creencias de cada uno de los demás miembros...

Tampoco es la Orden Masónica algo similar a un Club o a un grupo élite para alcanzar prebendas o favores...¡jamás! Aunque algunos, es verdad, han tratado de llegar a ella para alcanzar intereses personales, particulares, egoistas...etc., ésos se equivocaron de camino y tarde o temprano, la misma Orden, él mismo o la vida le desengañarán...

Sí es cierto que para tratar de evitar algunos de esos desengaños en lo posible, los masones son bastante celosos al aceptar las solicitudes de iniciación de cualquier persona y por ello investigan bastante y se toman su tiempo antes de admitirlos o de considerar que sí reúnen las condiciones que mencionas de "ser hombre libre y de buenas costumbres y creer en Dios"... no basta con acercarse a la Masonería ni con ello se es masón...

Finalmente, repito, y definitivamente, es una opción, y no todos estamos "llamados"

La Orden Masónica además de organización discreta, sí tiene secretos que sólo se van revelando a los iniciados y no podemos pretender tener todas las respuestas a nuestros interrogantes del momento si no hemos sido previamente iniciados... y es muy probable que muchas respuestas a ellos las tengamos sólo nosotros...

Cordialmente,

Angelo María Alario Bello
Cartagena de Indias

La Masonería en los orígenes de la Revolución Francesa

Por Ernesto Milà

La crisis de la sociedad francesa y de las estructuras feudales fueron las causas "objetivas" que favorecieron el estallido de la revolución de 1789 que liquidó al antiguo régimen; pero probablemente los acontecimientos no se hubieran desarrollado como lo hicieron de no haber sido por la existencia de una estructura organizativa coherente y relativamente unitaria que obró a modo de detonador de los acontecimientos. Nos referimos a la masonería. La masonería fue responsable intelectual de la Revolución Francesa...

Los sistemas sociopolíticos actuales derivan de los principios y las instituciones nacidas en el período revolucionario. Dilucidar el papel de la franc-masonería y su responsabilidad en la preparación de este evento supone dar un paso en la comprensión de la historia contemporánea y entender el origen del mundo que nos rodea.

La tradición masónica explica que no todos los templarios franceses fueron prendidos, ni ajusticiados por los verdugos de Felipe el Hermoso. Unos lograron ganar las costas de Escocia e ingresar en las hermandades de constructores que allí operaban. Fue así -siempre según la tradición- como se incorporaron los temas templarios a la masonería operativa y como, transformada ésta en especulativa, siguió ostentando alegóricamente el recuerdo de los templarios.

En este contexto semilegendario tomó cuerpo el tema de "la venganza templaria": la masonería "templarizada" se forjaría como objetivo político el derrocamiento de la dinastía que había arruinado a la orden, propiciando un fin ejemplar para sus titulares.
FRANC-MASONERIA CATOLICA

El contingente de exiliados que siguieron a Jacobo II estaba compuesto fundamentalmente por católicos que imprimieron en las logias rasgos de su confesión religiosa. Así por ejemplo la recién constituida "Gran Logia de Francia" decía en sus estatutovs: "La Orden está abierta solo a los cristianos. Es imposible aceptar a cualquiera que no pertenezca a la Iglesia de Cristo. Judíos, mahometanos y paganos son excluidos por incrédulos".

Puede entenderse así porqué personajes católicos de primera fila, que se situaron en el bando de la contra-revolución en 1789, como Josep de Maistre, se sentían cómodos en los bancos de sus logias.

De Maistre, había sido iniciado en la Logia "Los tres morteros" de Chambery y ocupaba el cargo de Gran Orador, en su famosa "Memoria al Duque de Brunswick", explica cuál debe ser el papel de la masonería en el siglo: "el fin de la masonería es la ciencia del hombre", es decir, "la verdadera religión". De sus tres principales grados, el primero debe dedicarse a perseguir el "bienestar general", el segundo, la "unificación de las confesiones cristianas, la unidad del cuerpo místico de Cristo mediante el triunfo de la Iglesia Católica" y el tercero buscar "la revelación de la revelación", es decir, la iluminación a través de la metafísica. El conjunto de todo esto es lo que De Maistre llama "catolicismo trascendente".

De Maistre -luego implacable crítico de la revolución francesa- consideraba a las logias como un espacio de reflexión e iluminación, para católicos laicos, en donde se estudiaba y practicaba una metafísica inspirada en los textos bíblicos y siempre aceptando la disciplina de la Iglesia Romana.

Como se ve, a la largo del siglo XVIII, la masonería no tiene el aspecto de una sociedad conspirativa, sino de un club de pensamiento, en el que, a medida que pasa el tiempo, los no-católicos -hugonotes, protestantes, etc.- van teniendo un peso y una influencia crecientes y dentro de la cual coexistían distintas sensibilidades políticas. Hasta ese momento, a ningún franc-masón se le había ocurrido actuar como tal en política. Esto iba a cambiar en los años siguientes y para entender el origen de este cambio hay que tener en cuenta tres factores: 1) el ejemplo de la Orden de los Iluminados de Baviera, 2) el cambio cultural que se fue operando en la sociedad francesa a lo largo del siglo XVIII y 3) la relajación de la tensión metafísica en las logias debida al crecimiento desmesurado y desordenado de la masonería.

LA ORDEN DE LOS ILUMINADOS DE BAVIERA

La llamada "conspiración de los Iluminados de Baviera" es para algunos historiadores -como el abate Barruel-un "ensayo general con todo" de lo que luego sería la revolución francesa.

"Cada hombre es su rey, cada hombre es soberano de sí mismo" decía el juramento del grado 13º (el último) de la Orden de los Iluminados de Baviera y en ella se intuye ya la temática política de la que se apropiaría una parte de los francmasones franceses.
La vocación antimonárquica -y más específicamente, antiabsolutista- de los "iluminados" se complementa con el fin de -común a la masonería- promover la fraternidad humana. Adam Weishaupt, fundador e inspirador de la Orden, reconoce al respecto: "Y su finalidad [la de los Iluminados], en resumen ¿cuál es? ¡la felicidad de la raza humana! Cuando vemos cómo los mezquinos, que son poderosos y buenos, que son débiles, luchan etre si; cuando pensamos que inútil es querer luchar solo contra la fuerte corriente del vicio, nos viene al magín la más elemental idea: la de que todos debemos trabajar y luchar juntos, estrechamente unidos para que así la fuerza esté del lado de los buenos, que todos unidos ya no sean débiles".

Los grados de iniciación eran tres, divididos en sub-grados: Grado de Iniciación (dividido en Preparatorio, Noviciado, Minerval e Iluminado Menor), Grado de Masonería (subgrados de Iluminado Mayor, Illuiminado Diligente), Grado de los Misterios (subragos de Sacerdote, Regente, Mago y Rey). El grado de Iluminado Menor marcaba la división entre "pequeños misterios, llamados aquí "Edificio Inferior" y "grandes misterios" que darían acceso a la construcción del "Edificio Superior", que en este caso supondrían el dominio de las capacidades del hombre y dominio sobre el mundo, respectivamente. Los "Iluminados de Baviera", cuando hablaban de "dominio del mundo", incluían también dominio político. Las "constituciones" (reglamento) de la orden especificaban que quien alcanzara el el grado de Sacerdote debía asumir los poderes del Estado. A esta organización en grados que se la llamó "de círculos concéntricos".

La ideología de los "iluminados" era una curiosa mezcla de ideas políticas, místicas y filosóficas, no exenta de contradicciones flagrantes: igualitarios en su objetivo final, pretendían llegar a él mediante una rígida estructura jerárquica, ateos impenitentes, divinizaban, en cambio, la naturaleza. Al Grado de Sacerdote debía revelarse el secreto del "amor universal", pero a él se llegaba a través de los patriotismos.

En 1785 un correo de los "iluminados" fue fulminado por un rayo cuando trasladaba importantes documentos sobre la organización y proyectos de la orden. La conspiración hurdida laboriosamente por Adam Weishaupt resultó así desvelada.

Weishaupt, masón de alto grado, se relacionó con distintos ambientes esotéricos y ocultistas en el último tercio del siglo XVIII. A través de la masonería contactó con Adolf von Knigge, su alma gemela, y juntos fundaron la "Orden der Illuminaten" en la noche de Walpurgis (30 de abril al 1 de mayo) de 1776. Su documento fundamental está inspirado en tres corrientes: el seudo-rosacrucianismo, ya por entonces en pérdida de vigor en Alemania, las constituciones masónicas de Anderson, inspiradoras de la masonería moderna, y la regla de la Orden de los Jesuitas.

Los miembros de la Orden recibían un nombre místico, generalmente extraido de la antigüedad griega. Weishaupt era "Spartakus", Knigge, "Philon", el célebre poeta Goethe, "Abaria" y el filósofo Herder, "Damasus". En los pocos años en los que la Orden estuvo en actividad logró atraer a sus filas a buena parte de los alumnos de la Universidad de Ingolstadt, pero también encuadró a muchos nobles bávaros. Su afiliados no fueron más de 600.

Tras la prohibición de la Orden por el elector de Baviera, Wishaupt fue condenado a prisión. Huyó de la cárcel de Regensburg, muriendo en la más absoluta miseria en 1830. Tal es la historia de lo que se ha dado en llamar "la conspiración de los Iluminados", la cual, sostiene el Abate Barruel, inspiró el accionar de la masonería durante la revolución francesa.

Por primera vez, en la edad moderna, con los "Iluminados", una sociedad secreta se plantea directamente conquistar el poder político con un programa revolucionario, antimonárquico y nacionalista, que efectivamente prefigura los rasgos que luego encontraremos en la revolución francesa.

La conspiración de los "iluminados" fracasó, no solo por contingencias y casualidades humanas, sino también por que Alemania carecía en ese momento del sustrato cultural sobre el cual pudieron asentarse también los principios revolucionarios en Francia: la Ilustración, el Enciclopedismo...

INFLUENCIAS EXTRANJERAS EN LA REVOLUCION

¿Existe un hilo directo, más allá de las similitudes de método y las eventuales coincidencias de programa, entre los "Iluminados" y los acontecimientos revolucionarios? Hay que reconocer que son tenues, pero existentes, al fin y al cabo. Ciertas fuentes -e incluso testimonios de protagonistas como Marat- han insistido en la presencia de agitadores extranjeros que operaron a modo de instigadores en los principales sucesos revolucionarios: toma de la Bastilla, asalto al palacio de las Tullerías, etc. Marat identificó a prusianos entre los agitadores que dirigían al populacho en el episodio de la Bastilla; el emisario de Federico-Guillermo II de Prusia, Veitel Efraïm, escribió a su monarca una famosa carta en la que decía: "El club de los jacobinos está completamente entregado a Prusia". Rabaut Saint Etienne, diputado de la Asamblea Constituyente, dimitió de su cargo por percibir que en los incidentes del Campo de Marte (1791) era notoria la presencia de "sediciosos venidos del extranjero".

En cuanto a la influencia específica del Iluminismo en Francia existen muy pocos datos, si bien son significativos. En el congreso Iluminista celebrado en Francfort en 1786 asistieron delegados alemanes, pero también franceses e ingleses. En este congreso se aprobó el programa de destrucción de las monarquías europeas y, sería aquí, donde la asamblea emitió una condena a muerte contra el rey de Francia. El introductor de la Orden en Francia, para Alan Stang, fue el conde de Mirabeau que reclutó en las logias masónicas a los que muchos de los que luego serían líderes revolucionarios (Saint-Just, Desmoulins, Hebert, Danton, Marat, Chenier, entre ellos). Otro historiador norteamericano, Curtis B. Dall, ex-yerno del presidente F.D. Roosevelt, masón, por su parte, afirma que la Orden de los Ilumninados -reconstruida en la clandestinidad, tras ser prohibida en 1786- tuvo arte y parte en el proceso revolucionario. Ninguno de los dos aportan pruebas objetivas, pero si se hacen eco de comentarios que circulaban por las logias.

No son eco, sino experiencia directa, la vivida por los protagonistas revolucionarios, que, como hemos dicho percibieron la presencia de elementos "prusianos" entre los instigadores de los sucesos revolucionarios. El proceso a la fracción extremista de Hebert y los suyos es prólija en confesiones sobre las influencias extranjeras que llevaron al patíbulo a varios agentes, el banquero prusiano Koch, el español Guzmán, los austriacos Junius y Emmanuel Frey y varios más. Pero también las logias inglesas habían enviado a sus peones. El caballero de La Luzerne, embajador francés en Londres, acusó, en carta su gobierno, a Dantón y Paré de estar a sueldo del gobierno inglés. Otro autor, Bernard Fay, aporta el nombre de uno de los agentes ingleses que distribuyeron fondos entre los jacobinos, "Miles". Felipe de Orleans, iniciado en la Gran Logia Unida de Inglaterra y que llegaría luego a Maestre del Gran Oriente de Francia, habría sido para estas fuentes, otro de los agentes encargados de transmitir y ejecutar órdenes emanadas del gobierno inglés.

Estos datos inducen a pensar en una colaboración entre logias iluministas prusianas y la Gran Logia de Inglaterra, unida a los masones e iluministas franceses, en los sucesos revolucionarios. Ahora bien, los datos son escasos y fragmentarios, es preciso reconocerlo.

Pierre Gaxote, historiador francés da en el clavo cuando explica que "la miseria puede suscitar revuetlas, pero no es causa de revoluciones. Estas tienen causas más profundas". Y Jacques Bordiot abunda en esta línea: "Una revuelta puede ser expontánea, una revolución jamás lo es". Para que se produzca un proceso revolucionario es preciso que exista una situación en la que la población pida, exija, un cambio; pero otros dos fenómenos son necesarios, o de lo contrario, como máximo se producirían solo revueltas o motines. Estos dos fenómenos son: la existencia de un clima cultural entre la "intelligentsia" y la presencia de una organización revolucionaria.

EL CLIMA CULTURAL PRE-REVOLUCIONARIO

El clima cultural que abre el paso a la revolución se va larvando a lo largo del siglo XVIII con la Ilustración y el Enciclopedismo.

Es útil recordar que el período revolucionario se inicia con la convocatoria de los representantes del clero, la nobleza y el pueblo llano, en los Estados Generales; los representantes del "Tercer Estado", del pueblo llano, eran 578, de los cuales 477 eran "iniciados" en las logias. Noventa representantes de la aristocracia lucían también mandiles en sus tenidas, así como un cierto número del clero. Este contingente se adhirió a la masonería, en parte, por oportunismo, pero también haciéndose eco del clima cultural favorable que impregnó a la sociedad civil francesa en el curso del siglo XVIII. Montesquieu y Fenelon fueron en buena medida sus inspiradores. Ambos estaban relacionados con la masonería.

Montesquieu había sido iniciado en la masonería durante su estancia en Londres. Cierta tradición masónica afirma que Montesquieu fue el primer masón francés. Fenelón, por su parte, tuvo a Ramsay -uno de los artífices de la masonería moderna- como secretario y luego como ejecutor testamentario. No consta que Fenelon participara en la masonería, pero su obra "Telémaco" está repleta de alegorías que inducen a pensar en que conocía bien la temática de las logias. Luis XIV lo miró siempre con desconfianza.

La masonería es, en esos tiempos, una "sociedad de pensamiento" que, dejando cada vez más atrás sus orígenes católicos, se resiente de dos influencias: la inglesa y la alemana. De la primera procede el racionalismo mecanicista y volteriano, mientras que la segunda se verá influenciada por el misticismo germánico y el martinismo.

No puede decirse que haya uniformidad ideológica en las logias, éstas se romperán en distintas obediencias y ritos. En el último período de maestrazgo de Louis de Borbón, la influencia política de la sociedad es notoria y esto provoca nuevas limitaciones a su actividad. Poco a poco, los masones católicos, al estilo de De Maistre, se van encontrando en minoría y anegados por el crecimiento espectacular de la filiación.

EN EL SENO DE LA TORMENTA

La primera logia había sido ya constituida en Francia en 1725, se trata de la Logia de Santo Tomás de París. En 1732 es reconocida por la Gran Logia de Inglaterra. Ya asociación se extiende rápidamente entre la nobleza. Uno de los amigos íntimos de Luis XV, el duque de Villeryo, fue uno de los primeros masones franceses. El mismo rey se interesó por la vida de las logias. Pero el hecho de que subsista en torno a la masonería una aureola de secretismo y que la moda de las logias proceda de la "pérfida Albión" en esos momentos, hacen que en 1737 la francmasonería sea prohibida. Seguirán reuniéndose en un hotel del barrio de la Bastilla y en 1738, el duque de Antin, asumirá el cargo de Gran Maestre; solo ocupará un año el cargo, sucediéndole el primo del rey, Louis de Borbon Conde que ostentará el cargo hasta 1771. Bajo su mandato las logias ganarán peso e influencia y se extenderán por toda Francia.

Al asumir el cargo de Gran Maestre el duque de Chartres, asistido por el duque de Montmorency en 1771, se produce una pugna en el interior de las logias que tiene motivos filosóficos -el Gran Oriente, poco a poco, se va deslizando hacia posturas indiferentistas religiosas-, pero también organizativos; durante unos años la masonería francesa estará dividida entre el Gran Oriente y el Oriente de Francia. Poco antes de la revolución existen en toda Francia 629 logias, de ellas 63 en el mismo París, adscritas al Gran Oriente, mientras que las logias del Oriente ascienden a 376 logias, cifras impresionantes. El número de francmasones en ese momento momento era superior a los 75.000 en Francia.

En el curso de la revolución las logias perdieron la fuerza que tenían anteriormente: habían sido dirigidas por nobles, buena parte de los cuales, o bien se exiliaron, o se limitaron a participar en las primeras fases de la revolución, siendo barridos, mas adelante, por los jacobinos. En cuanto a sus grados más bajos, ocupados generalmente por burgueses, la virulencia de los acontecimientos, les retrajo del trabajo en las logias. El mismo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, Felipe "Igualdad", en 1793, tras haber votado a favor de la ejecución de su primo Luis XVI, rechazaba la práctica del secreto en la masonería -"no debe de haber ningún secreto nni misterio en una república", escribía- dimitiendo de la sociedad. A partir de ese momento la masonería como tal desapareció del escenario revolucionario; Felipe "Igualdad" fue guillotinado el 1793, despues de que su espada ceremonial fuera rota en la Asamblea del Gran Oriente de Francia.

Es imposible demostrar documentalmente que la masonería -francesa, inglesa o el iluminismo alemán- emitieran alguna directiva concreta para iniciar, dirigir o encauzar los acontecimientos, lo cierto es que la casi totalidad de los líderes revolucionarios, fueron miembros de las logias.

LA APORTACION DE LAS LOGIAS A LA REVOLUCION

Las logias masónicas fueron en la Francia pre-revolucionaria, la correa de transmisión de las nuevas ideas. Es innegable que su aportación fue fundamentalmente ideológica y simbólica, si bien no hay pruebas objetivas, de valor para la historiografía, de que organizativamente las logicas prepararan los sucesos revolucionarios.

La divisa masónica "Libertad, Igualdad, Fraternidad", fue incorporada al acervo revolucionario. Los colores de la bandera republicana -azul, blanco y rojo-, proceden de los tres tipos de logias, procede de la escarapela tricolor ideada por Lafayette, francmasón y carbonario. El gorro frigio, símbolo de la república, es igualmente un símbolo masónico. El mismo himno de la revolución, "La Marsellesa", compuesto por el también masón Leconte de l'Isle, fue cantada por primera vez en la Logia de los Caballeros Francos de Strasburgo. Y así mismo, todo el simbolismo griego que adoptan los revolucionarios, al igual que el deismo naturalista de que hacen gala, puede encontrarse sin dificultad en las leyendas y temas masónicos.

La masonería -insistimos- como organización parece haber sido desbordada -como, por lo demás, cualquier otra institución francesa de la época- por el discurrir revolucionario. Masones guillotinan a masones, rompiendo el juramento de fraternidad y ayuda mutua: Hebert es guillotinado con el beneplácito de Dantón, éste, a su vez, sube al patíbulo a instigación de Saint Just y Roberspierre -instaurador del "culto al ser supremo"-, cuyas cabezas rodarán al producirse la "reacción termidoriana" que dará origen al Directorio constituido por notorios masones como Fouché. Finalmente, Napoleón Bonaparte, según algunas versiones iniciado durante la campaña de Italia en la Logia Hermes de rito egipcio y según otros, mucho antes, cuando era teniente en Marsella, pone término a todo este caos, nombrado Primer Cónsul y luego proclamándose Emperador. Napoleón impondrá a su hermano Joseph o José Bonaparte -"Pepe Botella", un hombre mucho más serio y responsable de lo que este mote popular deja pensar- como Gran Maestre de la Masonería francesa.

Los principios de la masonería triunfan más que la masonería en sí. Notorios masones protagonizan los sucesos revolucionarios, llevados por sus instintos y sus intereses, más que siguiendo un plan preestablecido y una planificación orgánica. Si existió una "conspiración masónica", el deber respecto a la verdad nos obliga a afirmar que no puede demostrarse.