jueves, febrero 01, 2007

EL SISTEMA SIMBÓLICO



MM.: JUAN SÁNCHEZ JOYA, 18º

“Un pájaro soportará en silencio el frío, posado en su rama, y acabará muriendo y cayendo al suelo, sin que de él salga ningún lamento de autocompasión”. El pájaro y el resto de las criaturas de la Naturaleza, son la propia Naturaleza, están tan solidariamente insertas en ella que todo discurre con fluidez: el ciclo de la vida y también la muerte, que no es sino un cambio de estado de alguna parte del sistema, ensamblado con las continuas transformaciones energéticas que tienen lugar en su seno.

Pero existe una criatura que se mueve también dentro del sistema, y que en gran parte está sujeta a las mismas leyes que, sin embargo, ha desarrollado una suerte de patología, por expresarlo en términos de disfunción del sistema, que le lleva a un desdoblamiento que le hace capaz de elevarse sobre sí mismo y auto-observarse. Tal revolución, que aceptaré denominar conciencia, genera un abigarrado catálogo de fenómenos que son específicos de ese animal, el hombre.

Si hiciéramos una dramatización breve de lo que se ha conformado a lo largo de miles y miles de años, nos encontraríamos con un Adán perplejo, extrañado de sí mismo y sintiendo el peso y la desazón de una esquizoidía que le hace dudar sobre la exacta ubicación de su identidad, sufriendo la desolación de la individualidad frente a una otredad que no puede controlar, huérfano de origen en cuanto que no hay memoria del estado pre-consciente. Es el estado que reproducen los jóvenes psicóticos que sufren un brote que los antiguos psiquiatras llamaban hebefrenia y es quizá lo que sentiría un alienígena amnésico.

El hombre, así, recién nacido a la conciencia, no tendrá más remedio que desarrollar unos mecanismos de defensa para llenar esa existencial náusea nacida del vacío de su perplejidad. Existen mecanismos de alto rango, como son la racionalización, la sublimación, idealización, autoafirmación, afiliación, anticipación, supresión, altruismo y sentido del humor. Pero se enfrenta a un enemigo específico que otros animales no conocen: se trata de un nuevo y potentísimo miedo que deriva de la propia conciencia, algo mucho más poderoso que lo que hace huir a otros del dolor físico. Este miedo que sólo el hombre es capaz de padecer afecta a sus planos psíquicos y se puede reproducir aun en ausencia del objeto causante, incluso en ausencia de cualquier signo asociado mediante condicionamiento al objeto que lo provoca. Puede aparecer aún sin que exista un objeto real amenazante, basta con que exista un símbolo aterrador en la psique del hombre. Tal vez, el símbolo de la muerte como representación de la aniquilación de la conciencia, del fin de la individuación, sea el más primitivo de esos terrores.

Tan poderoso es su miedo que, a menudo, el hombre como individuo, pero también como especie, no da abasto con sus mecanismos de defensa de alto rango y se ve abocado a desarrollar otros de bajo rango, tales como negación, proyección, retirada apática, agresión pasiva, fantasía autista, etc., lo que condiciona actitudes y comportamientos disadaptativos que clásicamente se han llamado neurosis.

Pero hay dos mecanismos particularmente interesantes, ya que son expresión de las habilidades que el hombre ha sido capaz de desarrollar respecto del manejo de su propia conciencia. Se trata de la represión y de la disociación.

Mediante la represión, el hombre se enfrenta a aquellos sentimientos y deseos que le producen malestar mediante la expulsión de ellos del ámbito de su consciencia, es decir, los hace inconscientes. No obstante, el mecanismo no resulta siempre totalmente eficaz, de modo que el problema puja por volver al plano consciente y con frecuencia permanece navegando entre dos aguas en el plano subconsciente, donde se reestructura en formaciones simbólicas negociadas con el Yo en los innumerables armisticios de la continua guerra establecida. De cualquier modo, aunque esa carga exiliada quede efectivamente en la inconsciencia, no dejará de emitir mensajes simbólicos, pues constituye la sombra del individuo, parte integrante indefectiblemente de él, que pugna por expresarse en el conjunto al que legítimamente pertenece. Si el Yo se resiste a aceptar la existencia de su sombra, si no acepta sus mensajes, nunca podrá integrarse. Los mensajes, a menudo, le llegan al consciente en forma de enfermedades con expresión física imposible de ignorar. El individuo aprende o muere.

Jung desarrolló la teoría del inconsciente colectivo. Si estaba en lo cierto, existirá una conexión supra e interindividual entre los diversos inconscientes personales, de modo que quedará establecido un sistema de producción simbólica constituyente de un acervo colectivo de conocimiento inconsciente, que movilizará a los conscientes individuales. Probablemente estemos haciendo referencia al “meme”, que se transmitiría generacionalmente, tal como lo hace el “gene”, pero en un plano psicocultural.

El otro mecanismo digno de comentario aparte es la disociación. El hombre la conoce desde el momento en que es capaz del artificio de desdoblamiento para la auto-observación consciente. Mediante la disociación, el individuo se enfrenta a la amenaza con una alteración temporal de las funciones de integración de la conciencia. Este proceso, que le permite desplazar su identidad desde los sectores de sufrimiento y ansiedad hasta los de calma y bienestar, supone un riesgo de desintegración crónica o hasta definitiva, lo que nos llevaría a un estado psicótico genuino. En un estado de esta naturaleza no es posible la aprehensión de la realidad, y el resultado puede ser de desidentificación, de delirio o de trastorno afectivo bipolar. Tales sintomatologías tan bien conocidas por la Psiquiatría, no dejan de producirse en el devenir de las civilizaciones, en el plano cultural, es decir, que sería una disciplina posible la “Psicopatología antropológica”.

Así, toda mitología forma parte de un delirio cultural, en alguna medida compartido universalmente por los hombres, generación tras generación. En este sistema se conforma un ideario simbólico en el que el hombre se reconoce hijo de la Tierra y del Cielo, dual en su naturaleza, incompleto, separado de un “alter ego” personal y ansioso de completud, desterrado de un edén, autoculpabilizado por su perfectibilidad y por su vulnerabilidad, por su falta de conocimiento. Y aparecen los grandes motores de la acción humana: la huída de lo indeseable por miedo al dolor físico-psíquico-moral y la persecución de la perfección.

Estos motores se alimentan, según parece, de mensajes que a todos nos llegan para-racionalmente, tal vez desde esa enorme bolsa jungiana de símbolos universales, de arquetipos.

Todo apunta a que existe un grupo de hombres superiores, y que lo son porque tienen acceso a un grado de conciencia superior, a un grado también superior de conocimiento y que, por fuerza, poseen un mayor desarrollo de su ser. Se trata de la comunidad esotérica. Tal comunidad lo es por simple coexistencia de sus integrantes, es decir, no están organizados en grupos ni lo precisan. Cuando un hombre (y no necesito aclarar que el término “hombre” es usado aquí en el sentido genérico de ser humano) alcanza determinado estado avanzado de su ser, y, por ende, de su conciencia, puede buscar más conocimiento. Sólo podrá obtener dicho conocimiento superior en una escuela esotérica. Las circunstancias históricas suelen limitar la existencia de las escuelas, pero siempre hay otras que, aun con postulados diversos, a la postre, transmiten todas un mismo conocimiento. Por ello cobra sentido el aforismo hindú que aconseja buscar el conocimiento de modo tal que, si fuera agua subterránea, deberíamos excavar un solo agujero en la tierra y perseverar tenazmente en la búsqueda hasta que el agua aflore. Da igual dónde empecemos a excavar, da igual qué escuela esotérica elijamos, pero se nos exige constancia y resolución. Lo que indefectiblemente nos llevará al fracaso será sucumbir al desánimo y empeñarnos en nuevos y sucesivos hoyos, pues así, el tiempo de una vida no dará para encontrar el agua.

Los mensajes esotéricos conforman un cuerpo general común y universal y los hombres superiores se saben responsables de su transmisión. Mas esta enseñanza sigue unas reglas alejadas de los sistemas comunes y académicos de aprendizaje.

La unidad de contenido significante es el símbolo. El significado es dúplice: tiene una cara evidente, exotérica, hecha para ser vista por todos e interpretada en un contexto no trascendente, y también tiene una cara velada, pero no oculta, hecha para ser vista por quien conoce las claves adecuadas, por quien ha alcanzado un grado suficiente en el desarrollo de su ser como para hacerse consciente del significado profundo. Si el símbolo estuviera escondido, no habría garantía de que pudiera encontrarlo quien está preparado para aprehenderlo. Al estar siempre visible, lo que constituye el mejor de los escondites, cualquier peregrino del aprendizaje superior podrá descubrirlo en el momento adecuado.

Para acceder al conocimiento que los símbolos brindan, se precisa estar en posesión de unas claves. Estas llaves desveladoras constituyen un encuadre sin el que el símbolo no podría expresarse.

Jung aplica el término arquetipo para referirse a unos símbolos universales, es decir, compartibles por todo ser humano. Tales símbolos arquetípicos operan en el conjunto de la humanidad, pero sólo unos pocos hombres son conscientes de ello. Las escuelas esotéricas se las han ingeniado, a lo largo de la historia, para difundir los símbolos por caminos que se adentran en el inconsciente de los destinatarios, de modo que los gérmenes del conocimiento aniden en quienes, tal vez mañana, entiendan sus significados verdaderos. No hay modo más eficaz de transmitir valores a un niño, que a través del juego o de los cuentos. Tomemos como ejemplo el tan antiguo y conocido Juego de la Oca, que representa todo un camino iniciático, que, como no podría ser de otro modo, discurre centripetamente, hacia el interior. Ya en un nivel poco profundo, es una escuela de vida, que enseña que todo camino está sujeto a accidentes, vicisitudes y contratiempos, y también a golpes de suerte, que la sensación de tener el control de los acontecimientos no es sino una ilusión, que a menudo hay que empezar todo de nuevo. Y más profundamente, guarda claves numerológicas e iniciáticas que el jugador no avisado no es capaz de reconocer ni de comprender conscientemente. Otro juego muy popular en tiempos pasados, el llamado tejo, truque o infernáculo, requiere un trazado sobre el suelo que reproduce el dibujo de las sefirot del Árbol de la Vida.

Del igual modo, los cuentos, junto con las moralejas evidentes, transmiten claves iniciáticas cuya pureza estaba bien garantizada cuando la tradición oral respetaba las leyes de la fidelidad del mensaje, pues se hacía precisa la literalidad. Hoy en día, lamentablemente, a pesar de que contamos con más avanzados medios de difusión y conservación, parece que se ha perdido el miedo a la desvirtuación del mensaje original y están desapareciendo claves muy importantes en las versiones más modernas de los cuentos. Pero el proceso se renueva y parece adaptarse a los cambios tecnológicos, pues los símbolos esotéricos aparecen recurrentes en Tolkien y en Rowling, por citar dos autores de indudable éxito entre nuestros jóvenes, y reproducen todo un tratado de alquimia que se extiende pseudopodicamente desde los libros hasta las pantallas y las videoconsolas. El mensaje, por tanto, sigue emitiéndose con renovado ímpetu.

Los mismos alquimistas, en el Medievo, practicaron el arte de la veladura sutil con tal maestría que los símbolos han estado siempre visibles en las propias iglesias y catedrales, burlando la represión de la institución eclesial y, seguramente, impregnando con preferencia a los propios clérigos, cuando éstos alcanzaban el desarrollo adecuado de su ser.

La acción pedagógica del símbolo se realiza por exposición directa de la cosa a mostrar, esto es, no a través de predicados racionales sobre la cosa. Es diferente del análisis, pues no estudia las partes componentes, sino que pone en contacto sintéticamente con el objeto. No pretende el símbolo promover la abstracción filosófica relativa a la realidad; por el contrario, busca un contacto íntimo, enfático, impactante, movilizador y sugerente con la realidad misma, de modo concreto, a través de la vía intuitiva, suprarracional, utilizando instrumentos vivenciales que disparan los resortes de todas las potencias humanas, del ser total del que aprende, vibrando en un acorde compuesto por un conjunto de notas que representarían los diversos niveles de comprensión posibles, todos ellos ciertos, todos válidos, pues todos son partes de un mismo sonido, por más que una visión desde la perspectiva infrainiciática crea descubrir aspectos disonantes o contradictorios en el conjunto, pues las presuntas diferencias no son sino niveles complementarios de comprensión. La lección del símbolo es alimento para el espíritu, actuando la inteligencia como aparato digestivo. El símbolo busca un crecimiento del ser, no del conocimiento directamente; transmite unidades ontológicas, no conceptuales; persigue el avance en lo trascendente. Una vez que el ser crece, se ve de inmediato capacitado para asumir un mayor conocimiento, no por fuerza mediante la absorción de más unidades de información, sino a través de una renovada visión de lo ya presuntamente sabido. Es por ello que el progreso personal es un continuo retorno al origen, es una reiterada reorganización del psiquismo interno, es una repetitiva mirada al objeto a conocer, la realidad, pero con herramientas e instrumentos de percepción cada vez más potentes y sofisticados, cada vez más sensibles y precisos, más fiables, más conscientes.

La pedagogía simbólica es antiquísima, muy anterior a la filosofía, a la ciencia y a las religiones. Por fuerza ha de haber sido coetánea de la mitología, ya que el nacimiento de los símbolos requiere una inmediata organización de contenidos en un encuadre didáctico que garantice la transmisión. Así, la simbólica se estructura en un mapa útil para conocer el mundo psíquico, tanto individual como colectivo, y útil también para impulsar el movimiento con pautas de orientación y de eficiencia. Cada símbolo tiene su propio significado, estratificado en niveles armónicos, y también constituye una pieza complementaria del mapa simbólico completo. No es posible jugar con la interpretación libre de los símbolos, pues, si bien el conocimiento es subjetivo, no se presta al albur de la fantasía personal, sino que está ligado a la voluntad del emisor, que es un hombre de superior desarrollo espiritual y que ha accedido a un nivel determinado de comprensión. Por tanto, el significado del símbolo es, aunque polimorfo, unívoco; aunque polifacético, único; aunque multidimensional, concreto y riguroso.

Los símbolos poseen representación en imagen, al contrario que la idea, que aunque pueda asociarse a imágenes, es en sí misma una abstracción del sistema racional de pensamiento.

Mientras que las ideas y las abstracciones científicas y matemáticas pueden quintaesenciarse en el signo, indebidamente llamado símbolo, cuya representación puede ser tan esquemática como se desee sin que se altere el significado, el verdadero símbolo es, en palabras de Guenón, “una encarnación de la idea”, nunca una abstracción. Dice Jean Chevalier que la abstracción vacía el símbolo y engendra el signo, mientras que el arte, por el contrario, huye del signo y nutre el símbolo. La representación simbólica es rica en detalles concretos, y así, puede hablar a una diversidad de niveles de comprensión, dificulta la libre interpretación caprichosa y consigue distraer la atención del observador sobre aspectos fundamentales que no debe vivenciar hasta que no alcance el nivel idóneo de capacidad y de predisposición. El símbolo, por tanto, está hecho para ser mirado una y mil veces, para inducir la meditación en su contemplación, para ser absorbido de un bocado y para ser digerido a lo largo de los años, de la vida, del camino. Permanece donde se le coloca, para todos y para siempre, y cada vez que nos lo comemos, lo deglutimos entero, si bien los matices de sabor, los efectos que produce la ingestión en nuestra alma, son distintos en cada nueva ingesta, aunque el alimento es siempre el mismo.

El sistema simbólico se interesa por dos aspectos: el sentido interno de las cosas y su interconexión dentro del Todo. Reconoce las correspondencias entre los distintos niveles de la realidad, que es única aunque multipercibida desde distintos ángulos, perspectivas, actitudes y aptitudes. El lenguajes es, por tanto, analógico, lo que queda indefectiblemente expresado en las tan conocidas fórmulas “arriba como abajo”, “así en la Tierra como en el cielo” o, tal como lo enunció Goethe, “lo que está dentro, está también fuera”. Se trata, pues, de un sistema unificador, que pone en fase la realidad psíquica interna con la realidad exterior, el Microcosmos con el Macrocosmos.

Los símbolos, elementos de un patrimonio universal y arcano, precientífico, para-racional y supraintelectivo, de vocación eterna, de inspiración trascendente, de lenguaje analógico y unificador, con recursos de estimulación holística de las potencias del hombre, con propósito motor, con representación holográfica, prolija y enfática, nacidos como respuesta a los interrogantes adánicos que dieron lugar al desarrollo de la Metafísica , son los hitos junto al camino iniciático, son las piezas del mapa del mundo cuando se desea llegar al plano trascendente.

Es posible dibujar muchos mapas distintos para señalar la ubicación de un tesoro, todo depende del punto de partida y del estilo de la escuela esotérica de que se trate, pero el tesoro es siempre el mismo, y los símbolos, tal vez dispuestos en distinto orden, tal vez en un sistema progresivo diferente, son también siempre los mismos. Así, aunque las escuelas desaparezcan, los símbolos emergen tozudamente una y otra vez a lo largo de la historia, y en la intimidad de cada hombre y de cada comunidad, en los sueños, en el folklore y en el arte.

La Masonería posee su propia simbólica y se ocupa de su estudio sistemáticamente mediante un encuadre característico. Como escuela iniciática, trabaja por mostrar el camino a los hombres predispuestos para que se haga posible el crecimiento y desarrollo de su ser. Parte de los masones podrán llegar a formar parte de la aparentemente inconexa comunidad esotérica, ese conjunto de hombres superiores que poseen la casi totalidad de conocimiento disponible en cada momento histórico.

En un ejercicio demostrativo de la correspondencia universal de las cosas, citemos el postulado cristiano respecto a los enemigos del hombre: la carne, el demonio y el mundo. La Masonería trabaja por dominar a la carne, mediante una labor de desbastación que busca la liberación de las cadenas que nos anclan a las pasiones. Contra el demonio, que podríamos representar por la ignorancia, el fanatismo y la ambición, lucha de un modo muy específico y desde el axioma de que el demonio proviene de una naturaleza celestial caída en desgracia, de un componente divino cautivo de la propia carne y al que hay que liberar de cada uno de nosotros para reconquistar el legítimo lugar desencarnado que creemos nos corresponde. En cuanto al mundo, tras hacer un propósito de renuncia desde el momento mismo de la iniciación, cada masón persevera en el trabajo ritual, que se desarrolla en un espacio separado, sagrado. La forma de vencer al mundo no es escapando de él, sino expulsándolo de nosotros, de forma que sigamos estando en el mundo, sin que el mundo esté en nosotros, ya que los masones asumen la responsabilidad de realizar un trabajo en el mundo, pero a salvo de él, que es algo que deben hacer, tal vez ya sin esfuerzo, los hombres superiores de la comunidad esotérica desde tiempo inmemorial. Sirva este ejercicio para ilustrar cómo son aplicables diferentes enfoques para manejar la interpretación de la realidad, que es única. Se trata de moverse por distintos mapas con claves universales que están por encima del lenguaje y de las culturas, que sirven en Babel y en cualquier momento de la historia.

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Revista Digital del Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España Director: Galo Sánchez; Editor: Jesús Soriano; Consejo de Redacción: Nicolás Arcas, Gastón Clerc, Florencio Serrano, Ángel Fuentes, Abelardo Cervera, Jaime García-Herranz, Rafael Ruiz Martos, Manuel Rull, Miguel Ángel Paredes Edita: Gran Comisión de Publicaciones. Administración: Supremo Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España. Apartado de correos: 51.562 28080 Madrid España e-mail: zenit@scg33esp.org Zenit es una publicación plural y abierta que no comparte necesariamente las opiniones expresadas por sus colaboradores. Su contenido podrá ser difundido y reproducido siempre que se cite su procedencia.

Las siete herramientas de medición y ejecución especulativa




Desde los albores de la Humanidad, en las primeras fases evolutivas del homo sapiens, el ser humano aceleró dicha evolución intelectual y material, mediante el uso de instrumentos y herramientas. Cuando consiguió controlar su utilización para fines concretos, desarrolló fórmulas nuevas de vida. El uso de arcos, flechas, lanzas, entre otras cosas, le permitió obtener mejores resultados en la caza; actividad imprescindible para su supervivencia. El manejo de arados, palas, azadas y otros, le permitió desarrollar la agricultura, con lo que se abandonaba el nomadismo como regla de vida y se establecía el sedentarismo en los lugares adecuados para su devenir vital.

Es notorio e incuestionable que la evolución humana está íntima y solidariamente ligada al uso consciente de útiles y herramientas. Todos los instrumentos inventados o descubiertos por el hombre, han facultado un salto evolutivo en sus formas materiales de vida.

De vivir en cuevas o a la intemperie, el ser humano pasó a la construcción de chozas o habitáculos para diverso uso, utilizando los materiales naturales disponibles en su entorno inmediato. El siguiente salto cualitativo fue el uso de materiales prefabricados para alcanzar el mismo objetivo. La diferencia estriba en que de esta segunda forma, su imaginación y posibilidades de desarrollo avanzaron espectacularmente.

Comenzando por realizar simples cubículos para su refugio, pero aplicando su intelecto en contínuo desarrollo y usando los instrumentos adecuados, el hombre alcanzó el punto de llegar a construir monumentales pirámides y majestuosas catedrales.

La sofisticación y complejidad de instrumental necesario para la ejecución de tan magnas empresas, se fundamenta tan solo en SIETE elementos primarios.

Estos son: La Escuadra, El Compás, El Nivel, y La Plomada como elementos de planteamiento y medición. El Mazo, El Cincel y La Paleta (Trulla) como herramientas útiles de ejecución.

La Escuadra ofrece una relación angular.

El Compás facilita la determinación de distancias.

El Nivel corrobora la horizontalidad.

La Plomada establece la verticalidad.

Con estos cuatro elementos se puede determinar, con absoluta precisión, la posición de cualquier punto geométrico en el espacio, y por extensión la de cualquier recta y la de cualquier plano.

Entrando en abstracción geométrico-matemática, estableciendo un sistema de referencia, cualquier punto en el espacio se fija mediante coordenadas cartesianas o bien mediante coordenadas polares. Las primeras son situación horizontal (abcisas), y situación vertical (ordenadas). Léase NIVEL y PLOMADA. Las segundas son distancia a un origen predeterminado y ángulo sobre una recta de referencia. Léase COMPAS y ESCUADRA.

Respecto a las herramientas, con el Mazo se golpea y con el Cincel se dirige el impacto para obtener el fin deseado. Con la Paleta se restaura, se añade y se complementa el resultado obtenido por la acción de la percusión.

La Francmasonería Universal tiene como último fin u objetivo la construcción y finalización de un Templo Moral y de Conocimiento que acoja a toda la Humanidad. Para ello utiliza instrumentos y herramientas.

Con el devenir de los tiempos, la Masonería ha pasado de ser Operativa a ser Especulativa o Simbólica, es decir, que en la actualidad los elementos de trabajo masónico son simbólicos.

Veamos una posible analogía de los siete elementos básicos:

ESCUADRA: Angulo de 90º, ni agudo, ni obtuso, llamado también ángulo recto. Equivalencia, RECTITUD.

COMPAS: Fijado un punto, se establece otro, otro, otro y así sucesivamente, todos equidistantes del fijado en primer lugar. Equivalencia, EQUIDISTANCIA.

NIVEL : Línea horizontal. Equivalencia, IGUALDAD.

PLOMADA : Línea vertical. Equivalencia, APLOMO. Rectitud en sus actos, Equidistancia con todos los seres humanos, Igualdad en el afecto y Aplomo en sus manifestaciones. Cuatro virtudes que enmarcan la vida de un masón.

MAZO: Herramienta que transforma energía en arrancar imperfecciones. Equivalencia, VOLUNTAD.

CINCEL: Util con el que se dirige a un determinado punto preestablecido la energía desplegada por el Mazo. Equivalencia, RAZON.

PALETA (Trulla): Elemento que restaña, contornea y pule la irregularidades. Equivalencia, TOLERANCIA.

Voluntad para mejorar, Razón para discernir y Tolerancia para compartir. Tres herramientas que, armónicamente conjugadas, y debidamente utilizadas, facultan al masón a pulir su Piedra Bruta a fin que su Piedra Cúbica llegue a formar parte del Templo Universal.

No se puede diseñar una construcción tan sólo con la escuadra y el nivel. O tan sólo con el nivel, la plomada y el compás. Hace falta usar los cuatro elementos para una satisfactoria concepción. Y del mismo modo, no se puede construir lo diseñado a falta de alguna de las tres herramientas.

Los ocho elementos citados, en conjunto, armónica y proporcionalmente empleados, son imprescindibles para alcanzar el fin último de la masonería. No sobra ni falta ninguno. Están todos los que son y son todos los que están. Están a disposición del masón que desee andar por el camino hacia la Luz del Conocimiento.

Uno de los grandes intelectos que en esta Humanidad han existido, Arquímedes, dijo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo".

Con osadía, aunque humildemente, parafraseándole, se podría decir: DADME LAS SIETE HERRAMIENTAS MASÓNICAS Y TRANSFORMARE EL MUNDO.

Fraternidad





Enrique D´Lima
M:.M:.

La palabra fraternidad viene del latín "rater", que a su vez se deriva de " refectorium" (este es el lugar donde comen los monjes), "refectorium" viene de "reficere", que se descompone en "re", que significa de nuevo, repetir y "facere" que significa hacer. Desde el punto de vista etimológico la palabra fraternidad esta vinculada con el sentido de reconstrucción; también tiene que ver " refectorium" con restaurar, de ahí se derivo el termino restaurant para el sitio donde comemos. En masonería decimos con frecuencia, que estamos en esta orden para construir nuestro templo interior y para restaurar la "palabra perdida", a estas luces pudiéramos decir mas bien que es para reconstruir ese templo en lugar de construirlo. Digo reconstruirlo porque nuestro mito primordial el Génesis, en el destierro del paraíso que sufre el hombre, queda establecido que hemos perdido una condición espiritual y que debemos restaurarla o reconstruirla.

La masonería otorga las herramientas esenciales para lograr esa reconstrucción, estas están implícitas en el legado del que somos depositarios en nuestros símbolos, mitos y ritos, estos conforman toda una supraestructura que nos otorga la verdadera regularidad que no es otra cosa que el derecho para hacer dicha reconstrucción. La fraternidad se constituye en el elemento practico para develar el principal y verdadero misterio masónico, el cual no es otro que el conocimiento de si mismo, que a su vez no es otra cosa que el reconocimiento de pertenencia a una unidad; a caso no nos es esto familiar con la labor del maestro masón, que tiene que "reunir lo disperso", o dicho de otra manera es la restauración de los estados espirituales del hombre perdidos en la expulsión del paraíso, o conocida también como la involución en la materia o la existencia física.

En este orden de ideas tratare de exponer mi visión de cómo es la fraternidad la que nos permite esa reconstrucción. Pudiéramos decir que la practica masónica descansa sobre dos grandes preceptos, FRATERNIDAD Y TOLERANCIA, me pregunto entonces, ¿como se puede ser un verdadero masón sin practicarlas?, pero entonces también me pregunto con inquietud, ¿acaso soy un verdadero masón?; esta ultima pregunta se circunscribe dentro de la famosa sentencia en el celebre oráculo de Delfos: "CONOCETE A TI MISMO", que también es harto conocida, usada en masonería y de alguna manera nos vincula con la verdadera búsqueda esotérica; estas dos preguntas necesariamente me llevan a preguntarme: ¿me conozco a mi mismo?, la respuesta sincera e esta pregunta es no. Pero de nuevo la clave para este autoconociento es la fraternidad. Lo primero es reconocer que no tenemos conciencia de nosotros mismos, que somos fracciones de un todo, que somos una dispersión en muchas cosas y que carecemos de una unidad interior. Recordemos las celebres frases: "reunir lo disperso", "buscar la palabra perdida", ¿acaso están estas frases en el aire?, ¿o mas bien son claves para la búsqueda de una senda en nuestra institución?, estas denotan un sentido de enrancia y de perdida de una condición, perdida de pertenencia a una unidad a la cual debemos regresar.

Entiendo que hasta ahora todo esto puede parecer muy abstracto, pero como lo he dicho antes es la práctica fraternal la que le da todo un sentido a esto. Notemos que nos llamamos QUERIDOS HERMANOS, esto es obligatorio cuando están "ABIERTOS LOS TRABAJOS". Es preciso detenernos en estas dos condiciones, la de obligatoriedad de llamarnos QUERIDOS HERMANOS y la de que están ABIERTOS LOS TRABAJOS; comenzare por la ultima, esto se refiere a la creación con el rito de apertura de una condición especial para el trabajo esotérico, condición esta que no es posible lograr en el mundo profano, es necesaria la conexión que emula el rito con niveles superiores, es por eso que nuestro rito de apertura emula principios cosmogónicos, que nos colocan virtualmente en condiciones atemporales, o dicho de otra manera con el rito de apertura hacemos una incisión en el tiempo, para así realizar un trabajo que esta mas allá del orden humano, si este trabajo estuviera a nuestro alcance fácilmente, estoy seguro que todos seriamos perfectos, pero la cosa no es tan simple. En el orden metafísico, el hombre cuando nace adquiere la individualidad y se hace necesario un trabajo contranatura para recobrar ese sentido de pertenencia a la unidad, ese trabajo contranatura es la iniciación esotérica, donde a través del rito y los símbolos emulamos los principios suprahumanos, tratamos de conectarnos de nuevo con la unidad. Con respecto a la otra condición el tener que llamarnos QUERIDOS HERMANOS, esta vinculada a la necesidad de desarrollar un "amor fraternal", de características especiales, dada la índole del trabajo de taller en logia, este "amor" no se fundamenta en lazos del mundo profano, que examinados en profundidad no son otra cosa que un gran trafico de todo tipo de intereses, muy vinculados a nuestros apegos, miedos , afectos, emociones, etc.; los lazos de este amor fraternal son obligados en lo formal por un juramento radical y en la practica están desvinculados de intereses particulares, están fundamentados en el "cuerpo de la logia" misma y que están dados por la madurez de crecimiento espiritual y de conformación de unidad representada por la logia en pleno, no son tangibles ni definibles fácilmente, están dados en la capacidad que desarrollamos como miembros de la logia, y que nos sirven de practica para aproximarnos a los demás como parte de nosotros mismos.

Es en el trabajo de taller donde la fraternidad se constituye en una herramienta invaluable para el conocimiento de si mismo. El trabajo de taller es aquella parte de los trabajos masónicos que le da contenido a la tenida, es decir, la lectura del trazado, el saco de proposiciones y los derechos de palabras. Se constituye esto en el taller, porque es así como podemos comenzar el labrado de nuestra piedra bruta, allí siempre se presentan las oportunidades de confrontar ideas y posiciones sobre diversos tópicos, mediando siempre el compromiso de ser auténticos y veraces en lo que decimos (al menos así debería ser), esta confrontación de ideas siempre genera diferencias y roces entre los hermanos, es aquí donde toma un gran significado el hecho de llamarnos "queridos hermanos", esto implica que aunque sea de manera virtual, en ese ámbito que llamamos tenida, tenemos que amarnos y no encolerizarnos con los demás hermanos sea cual sea nuestra posición, recordemos algo que estoy seguro hemos escuchado muchas veces, "lo aquí dicho, no debe bajar de la tenida, se queda aquí", esta es la clave, la cólera se queda en aquel ámbito, no nos podemos disgustar con los hermanos, por juramento lo tratado en la tenida se queda allí, esto nos conduce a no tomar partido en los asuntos tratados en la tenida, lo cual con la practica fraternal en el tiempo, nos lleva a reconocernos en los hermanos, nos lleva a darnos cuenta que al fin y al cabo compartimos la misma condición que nos hace humanos, que el asunto es solo una diferencia de frecuencia, pero no de fondo, el reconocimiento de esa verdad, nos lleva a reconocer que todos somos iguales y a desarrollar una verdadera compasión hacia nuestros hermanos de logia, esto va constituyendo una unidad entre los miembros de la Logia y de la masonería en general, que es la que llamo cuerpo de la logia o dicho con mayor exactitud constituye el egregor de la logia y de la institución, el desarrollo de esta visión, nos hace ser compasivos en cuanto que compartimos una misma condición de caída, de enrancia y de desolación, en ese reconocimiento es que se basa la verdadera tolerancia. La verdadera tolerancia es un nivel al cual se accede, no es ni una pose ni una imposición, porque entonces no es tolerancia. Accedemos a el porque con el reconocimiento de nuestra propia condición en los demás hermanos estamos quebrando barreras de la individualidad, o dicho de otra manera estamos superando nuestro ego, como lo diría un Jungniano, suprimiendo nuestro ego podemos reconocer y aceptar nuestra sombra. La sombra es aquella parte de nosotros mismos que no queremos ver y que nos negamos, pero que siempre esta allí y de vez en cuando es estimulada cuando hace eco de igualdad en otros, esto nos genera rechazo, pero por lo explicado anteriormente sobre el manejo de la fraternidad en la practica virtual masónica, donde ese rechazo es transformado, por la practica fraternal, nos conduce al reconocimiento y aceptación de dicha sombra, transformándonos en hombres sosegados y virtuosos.

Es la practica de la fraternidad la que entonces nos conduce a la simplicidad que genera que lo que estuvo disperso se concentrara en un centro, donde nos damos cuenta que somos iguales, por ende tolerantes de las fallas y errores de los demás, reconocidas como nuestras también, lo que necesariamente nos haría verdaderos hombres libres y de buenas costumbres. Quedando así contestada la pregunta que me hice anteriormente, ¿ soy un verdadero masón?

La trascendencia del Humanismo en la Formación Masónica del Aprendiz.



A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.

Al leer por primera vez el título de la Plancha que me ha tocado desarrollar "La Trascendencia del Humanismo en la Formación Masónica del Aprendiz", y al ser éste mi primer trabajo, pude percibir lo largo del camino y lo corto de mis luces.

Sería pretencioso tratar de dar una opinión propia sobre este tema ya que recién me encuentro en el proceso de hacer conocido lo desconocido. En este proceso las preguntas son muchas y tal vez obvias:

¿Qué es trascendencia?,

¿Qué es Humanismo?,

¿Qué es lo que se pretende obtener como resultado de la Formación Masónica del Aprendiz?

Durante el desarrollo de esta Plancha trataré de compartir con ustedes los resultados de la búsqueda de respuestas a las inquietudes y dudas antes planteadas, conceptos vertidos por otros que han andado el camino antes que yo, y cuyo sendero trazado me pareció razonable de seguir y cuyos pensamientos y análisis comenzaban poco a poco a apagar mi sed y saciar mi hambre, pero cosa extraña, mientras mas bebo mas sed siento, mientras mas como, tengo mas hambre. Me imagino que el proceso ha comenzado.

La primera pregunta que instintivamente vino a mi mente fue ¿Qué es humanismo?

La primera definición que encontramos es el diccionario de la real lengua española es que Humanismo es un movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos XIV y XV que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras exhumó y estudió con entusiasmo.

Pero no es la única acepción que encontramos en la literatura, la clase de respuesta que se consigue a esa pregunta depende de a qué clase de humanismo a la que nos estamos refiriendo. La palabra Humanismo tiene un gran número de significados, y cuando los autores no clarifican cual es el tipo de Humanismo que intentan explicar fácilmente estas explicaciones suelen ser fuente de confusión.

Cada significado de la palabra constituye un diverso tipo de humanismo.

Los diversos tipos son separados y definidos fácilmente por el uso de adjetivos apropiados. Así pues, podemos resumir las diversas variedades de humanismo en esta manera:

Humanismo literario es una dedicación a la humanidad y a la cultura literaria, como proceso cultural puro, vinculado a la formación literaria, al lenguaje, a la educación en general y al desarrollo de la inteligencia por lo bello y agradable.

El Humanismo Renacentista es el espíritu de aprender desarrollado en el final de la edad media con el renacimiento de letras clásicas y una confianza renovada en la capacidad de seres humanos de determinar para sí mismos verdad y falsedad.

Humanismo cultural es la tradición racional y empírica que se originó en gran parte de la Grecia antigua y Roma, desarrolladas a través de historia europea, constituye parte básica del acercamiento occidental a la ciencia, a la teoría política, a la ética, y a la ley.

Humanismo Filosófico es cualquier perspectiva o manera de la vida centrada en necesidad e interés humanos. Las sub-categorías de este tipo incluyen Humanismo Cristiano y Humanismo Moderno.

Humanismo cristiano es definido por el diccionario internacional nuevo de Webster Third como " filosofía que describe el comportamiento del hombre en el marco de los principios cristianos. Esta fe "humano - orientada" es en gran parte un producto del renacimiento y es un componente importante del humanismo renacentista.

Humanismo Moderno, también llamado Humanismo de la Naturaleza, Científico, Etico y Democrático es definido por uno de sus autores principales, Corliss Lamont, como " filosofía naturalista que rechaza todo lo sobrenatural y confía sobre todo en la razón, la ciencia, la democracia y la compasión humana. " El Humanismo Moderno tiene un origen dual, secular y religioso, y éstos constituyen sus sub - categorías.

Los humanistas seculares y religiosos comparten la mismo visión del mundo y los mismos principios de base. Esto es evidente por el hecho de que los humanistas seculares y religiosos estaban entre los firmantes del manifiesto I del humanismo de 1933 y del manifiesto II del humanismo de 1973. Del punto de vista de la filosofía solamente, no hay diferencia entre los dos.

La diferencia está solamente en la definición de la religión y en la práctica de la filosofía en que discrepan los humanistas religiosos y seculares.

Humanismo Universalista también llamado Nuevo Humanismo. Se caracteriza por destacar la actitud humanista. Dicha actitud no es una filosofía sino una perspectiva, una sensibilidad y un modo de vivir la relación con los otros seres humanos.

La actitud humanista ya estaba presente antes del acuñamiento de palabras como "Humanismo", "Humanista" y otras cuantas del género. En lo referente a la actitud mencionada, es posición común de los humanistas de las distintas culturas los siguientes pensamientos y/o principios:

  • La ubicación del ser humano como valor y preocupación central
  • La afirmación de la igualdad de todos los seres humanos en donde igualdad es el principio que reconoce a todos los ciudadanos la capacidad para ejercer los mismos derechos. Los seres humanos no pueden ser iguales porque cada uno es una personalidad única en su género y no puede repetirse en la historia, es insustituible.
  • La tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado o impuesto como verdad absoluta.
  • La afirmación de la libertad de ideas y creencias y
  • El repudio a la violencia.


La actitud humanista, fuera de todo planteamiento teórico, puede ser comprendida como una "sensibilidad", como un emplazamiento frente al mundo humano en el que se reconoce la intención y la libertad en otros, y en el que se asumen compromisos de lucha no violenta contra la discriminación y la violencia.

El humanismo universalista sostiene que en todas las culturas, en su mejor momento de creatividad, la actitud humanista impregna el ambiente social. Así, se repudia la discriminación, las guerras y, en general, la violencia. La libertad de ideas y creencias toma fuerte impulso, lo que incentiva, a su vez, la investigación y la creatividad en ciencia, arte y otras expresiones sociales.

¿Pero que dicen los HUMANISTAS de HOY?

Ellos dicen a través del documento Nuevo Humanismo presentado en la Segunda Internacional Humanista y primer Foro Humanista en Octubre de 1993 lo siguiente:

"Los humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de esta época. Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas que en este momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que dejan atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.

Los humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más extendido. Piensan en el porvenir, luchando por superar la crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social.

Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: Múltiple en las etnias, lenguas y costumbres, múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías, múltiple en las ideas y las aspiraciones, múltiple en las creencias, múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.

El humanismo parte de un valor central que el del ser humano, pleno en sus realizaciones y en su libertad.

Independiente de la visión de DIOS que tengan, los humanistas parten del ser humano y de sus necesidades inmediatas para fundamentar su visión del mundo y su acción. Y, si en su lucha por un mundo mejor creen descubrir una intención que mueve a la Historia en dirección progresiva, ponen ese descubrimiento al servicio del ser humano.

Los humanistas plantean el problema de fondo: Saber si se quiere vivir y decidir en qué condiciones hacerlo.

Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas.

Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no son cobardes ni temen enfrentar a la violencia porque su acción tiene sentido. Los humanistas conectan su vida personal con la vida social.

Con todas estas definiciones y conceptos podemos obtener una idea de que lo que es HUMANISMO, y como se relaciona con los seres humanos o sea con nosotros.

Sobre Humanismo se pueden decir muchas otras cosas que hombres sabios e iluminados han escrito, aprendido y enseñado a través de los años. Yo solo quiero decir que el humanismo solo tiene sentido a partir de la existencia del HOMBRE, del estudio y/o descripción de sus acciones y pensamientos, de sus modos de organizarse, de crear cosas nuevas, de la forma en que se relaciona con sus pares, individual o colectivamente, con el medio que lo rodea, con la tecnología, con lo conocido y con lo que no conoce ni comprende.

Para tratar de contestar la siguiente pregunta ¿Qué es lo que se pretende obtener como resultado de la Formación Masónica del Aprendiz?, Me referiré a los principios que sustentan nuestra Orden los que citaré en forma muy resumida, ya que ellos (los principios) nos indican a nosotros los aprendices cuales son las materias de las que nos debemos ocupar, y constituyen una guía para nuestra formación masónica.

La francmasonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica e iniciática, cuya estructura fundamental la constituye un sistema educativo tradicional y simbólico. Se ingresa a ella por medio de la iniciación. Fundada en el sentimiento de la fraternidad, constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las razas nacionalidades y credos.

Como institución docente tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio que vive y convive para alcanzar la fraternidad universal del género humano. A través de sus miembros proyecta sobre la sociedad humana la acción bienhechora de los valores e ideales que sustenta.

Sustenta postulados de Libertad, Igualdad y fraternidad y en consecuencia propugna la justicia social y combate los privilegios y la intolerancia.

Proclama al gran arquitecto del Universo como principio generador y como símbolo superior de su aspiración y construcción ética. No prohibe ni impone a sus miembros ninguna convicción religiosa.

Francmasones, Logias y Grandes Logias se empeñan constantemente en el perfeccionamiento del hombre y de la sociedad, a través del Amor, la Solidaridad, la Justicia y la Paz, para la gloria del GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO.

De la reflexión acerca de nuestros principios podemos decir que nuestra formación la llevaremos a cabo a través del estudio y el trabajo, que es nuestro estudio y nuestro trabajo, la verdad y perfección solo tendrán sentido cuando escudriñemos dentro de nosotros mismos, dentro del hombre, se espera de nuestra formación que seamos mejores como hombres para poder hacer una sociedad mejor, es decir conjuntos de hombres (humanos) mejores.

CONCLUSION

Hay palabras y vocablos que se comienzan a repetir y a quedar en nuestras mentes, humanismo, estudio del hombre, de lo humano, ser mejores, cambiar, ser agentes de cambio, queremos que la sociedad profana sea mejor, que cambie para mejor, y para que ello ocurra debemos cambiar nosotros primero.

La siguiente pregunta surge entonces de inmediato. ¿De que manera podemos ser mejores?

El mejorar lleva involucrado un cambio, es pasar desde un estado "A" a un estado "B", en donde el estado "B" es mejor que el estado "A",

Para efectuar este simple movimiento necesitamos de algunas cosas, por ejemplo necesitamos saber donde está "A", y que significa estar en "A", y luego necesitamos saber donde esta "B", y que significa estar en "B", de esta manera podremos valorar la DIFERENCIA DE AMBOS y que necesitamos hacer para recorrer el camino desde "A" hasta "B", es decir en otras palabras ¿Qué somos?, ¿De donde venimos?, ¿Hacia donde vamos?.

Pero ¿Cuando se puede mejorar algo?, ¿Quién puede cambiar y/o mejorar? Como ya vimos el cambio involucra movimiento, y este movimiento se produce en nosotros gracias a un IMPULSO INTERNO o FUERZA INTERIOR, nadie nos puede empujar al cambio, SÓLO esta FUERZA INTERIOR es la que nos puede mover. Esa fuerza interior se genera en nosotros cuando tenemos la absoluta conciencia del estado en que nos encontramos, el convencimiento más profundo de la necesidad de cambiar en una cierta dirección y la percepción de los resultados a obtener, el secreto entonces es conocerce a sí mismo, y saber a donde quiero y puedo llegar, y eso no es fácil.

No es tarea fácil el conocernos a nosotros mismos, tener conciencia de lo que somos individual y colectivamente, saber la diferencia de que es lo virtuoso de lo que no lo es, NO ES FÁCIL CONOCER LO HUMANO, y es justamente en este punto en que el estudio del Humanismo nos ayuda y por eso es IMPORTANTE EN LA FORMACION MASÓNICA DEL APRENDIZ, pues el estudio del Humanismo nos ayuda a poder aumentar nuestro conocimiento de lo Humano, cuales son los conceptos involucrados, cual a sido la evolución, de manera de que al ir conociendo lo Humano aprendemos a conocernos a nosotros mismos y podemos percibir de mejor forma en que y en cuanto podemos ir paso a paso mejorando ya que este conocimiento nos entrega conceptos y valores que forman parte de la base de este templo o edificio que somos nosotros mismos y que ha medida que adquiramos mayores conocimientos iremos construyendo nosotros mismos piedra por piedra.

Pero el estudio del Humanismo no nos hace mejores masones, el ser sabios y eruditos tampoco, si no somos capaces de poner esos conocimientos y esa sabiduría al servicio de una sociedad profana mejor.

Nuestra Orden tiene como fin primordial, básico la busca de la perfección, el ennoblecimiento y la dignificación del hombre, pretende que el hombre encuentre en su que hacer, en sí mismo, la finalidad específicamente humana, su meta es que cada uno de sus integrantes llegue a expresar su autenticidad y con ello la autenticidad de lo humano. Será masón, vale decir hombre cabal, quien vaya en pos de la perfección, de la verdad, quien sepa ser el artífice de sí mismo, sabiendo vivir lo que es su propia realidad de manera que contribuya a formar una sociedad justa en la cual los más elevados valores inspiren el hacer individual y colectivo.

S:.F:.U:.



Claudio Pinilla Salamanca.
1er Grado
Respetable Logia "Cruz del Sur N°16"
Valle de Coronel



BIBLIOGRAFÍA:
Diccionario de filosofía (José Ferrater Mora)
Cámaras de verano 1998
El Libro del Aprendiz (Oswald Wirth)
El Humanismo como una filosofia (Corliss Lamont)
Frederick Edwords, Director ejecutivo de la Asociación Americana de Humanismo (Articulo en Internet)
Pagina de Internet de la Asociación Americana de Humanismo
Diccionario de la Real Lengua Española
Revistas Masónicas
Aportes Personales

miércoles, enero 31, 2007

EL SECRETO MASÓNICO

[1]

Cuauhtémoc Molina García

“Aquéllos que lo conocen no hablan de ello; aquéllos que hablan de ello no lo conocen”

En “Los Vedas”

Para cualquier profano, la Orden Masónica siempre ha sido objeto de mitos y creencias mal fundadas, y es que el natural ámbito misterioso y discreto de la Orden predispone a las personas a mantener esta convicción.[2] El sentido de misterio y de secreto en que se halla envuelta la Orden, si para muchos es un gran atractivo, para otros es morbo y ha sido ocasión de recelos, desconfianza, ataques injustificados y persecuciones por parte del Estado y de la Iglesia.[3] Sin embargo, es de admitirse que los miembros de la Orden tampoco hemos sabido comprender cabalmente la naturaleza de este “secreto” y a menudo, muchos de nuestros hermanos miran con mofa y desprecio el consabido “secreto”, creyendo que éste se reduce a los asuntos tratados en el Taller y a las palabras, tocamientos, llamadas, baterías, marchas y signos que en Logia se les exigió mantener en confidencia bajo juramento. Sorprende que incluso altos dignatarios de la Orden sostengan que “la Masonería debe modernizarse y abandonar ya viejos atavismos”, refiriéndose por supuesto al asunto del “secreto” masónico. Evidentemente, quiénes opinan de esta manera, pese a los grados que ostentan y al tiempo que tienen en la Institución, ignoran la naturaleza iniciática y el valor espiritual que envuelve a la Orden y a su sistema de enseñanza. Otros afirman, incluso con tono doctoral, que la Orden hoy en día y en tiempos de apertura, de globalización y de Internet, ya no es secreta, sino solamente “discreta”, aserción que abona el pleno desconocimiento de la naturaleza esencial de la masonería; esto es, de su substancia iniciática. Para nuestra poca fortuna, al menos en México, muchos masones han llegado a reducir la Masonería a ciertas doctrinas como el liberalismo, entendido éste como “juarismo”, y a su vez éste como anticlericalismo. Y esto les lleva a estos hermanos desorientados a proclamar que la Masonería, hoy en día, “debe ser de puertas abiertas”. ¿En verdad sabrán estos hermanos lo que dicen? ¿Habrán comprendido la esencia del mensaje masónico?

Para efectos de este trazado, hemos de distinguir la “discreción” del “secreto” propio de la doctrina masónica. La discreción se refiere al sigilo que los masones debemos guardar respecto de las cosas formales de la Orden, por ejemplo los asuntos tratados en Logia y sus métodos de reconocimiento, sus ceremonias y otras cuestiones de «forma», no de fondo.[4] El secreto, en cambio, está en dirección de la DOCTRINA, o dicho de otra manera, de las enseñanzas y de los hallazgos de vida interior que el adepto va descubriendo por sí mismo durante el proceso de su desbastamiento personal mediante el trabajo iniciático. Dicho de otra manera, la «discreción» es una actitud del sujeto, mientras que el «secreto» es una cualidad de las cosas, de la naturaleza, esto es, del objeto reconocido por la vía de la Iniciación. Esa es la naturaleza de la «doctrina secreta» de la que nos habla el Grado 32° de la Orden.

En efecto, la disciplina de no revelar las confesiones y comunicaciones que la Orden considera como «íntimas» es, en realidad, una prueba de discreción que atesora la buena fe de los adeptos, así como su disposición a desarrollar, en sí mismos, una habilidad iniciática y espiritual. De sobra hemos sostenido y aceptado que al mundo profano nada tiene que ocultarle la Masonería, puesto que ningún asunto tratado en las Logias es contrario ni al orden moral y jurídico, ni tampoco a la estabilidad social y política del Estado. En consecuencia, el estatus del «secreto masónico» nada tiene que ver con revelaciones extraordinarias o fantásticas de las que el mundo profano, e incluso el masónico, pudieran sorprenderse. Si este fuera el verdadero sentido del “secreto masónico”, entonces todos nos moriríamos de risa, y nos veríamos en extremo ridículos e infantiles si con gran acuciosidad asumiéramos que esa fuera la naturaleza primigenia y fundamental del susodicho secreto masónico. ¡Imaginémonos cómo nos veríamos los masones hoy en día, si pensáramos que los profanos no saben cómo nos saludamos o qué palabritas nos decimos para reconocernos! ¡Vaya ingenuidad![5] En este caso estaríamos no muy lejos del “secreto” que obligadamente guardan los socios de las sociedades mercantiles respecto de sus asuntos internos, los bancos, los ejércitos, los médicos y los psicoanalistas respecto de sus pacientes o los sacerdotes respecto de la confesión, o incluso los gobiernos respecto de los “secretos de Estado”. Este tipo de confidencias nada tiene que ver con la naturaleza del SECRETO MASÓNICO y si así fuera, entonces seríamos verdaderamente ridículos en vanagloriarnos del tal secreto.

Pero entonces, ¿realmente existe «el secreto masónico»? ¿En qué consiste tal secreto? ¿Es posible obtenerlo? ¿Es factible revelarlo?

La respuesta a la primera pregunta es afirmativa: el «secreto masónico» SI EXISTE REALMENTE; sin embargo, es preciso para comprenderlo, entender la naturaleza iniciática y espiritual de la Orden Masónica. Ciertamente, la ceremonia de Iniciación, por medio de la cual se logra y se confiere la cualidad de «masón» a un profano, representa en la actualidad meramente un protocolo de admisión; empero, la verdadera Iniciación, la Iniciación Real, constituye un desarrollo progresivo que procede de dentro del individuo y que avanza hacia fuera de él, “tal y como sucede con la transformación de una semilla o de un germen en una planta u organismo completo, que potencialmente existía en aquéllos de manera latente”.[6] La Iniciación masónica supone un proceso de crecimiento espiritual del sujeto, un progreso que le permite transformar radicalmente su sentido de la vida y su percepción de la realidad, y la razón de esto es que en los rituales y ceremonias masónicas yacen ocultas las fuerzas relacionadas con el desarrollo de los aspectos divinos del hombre «si y solo si» el propio sujeto logra percibirlas. Cuando el recipiendario del ceremonial iniciático modifica su percepción de la realidad, cuando esto ocurre, es decir, cuando la venda que le cubre sus ojos cae permitiéndole ver la Luz, entonces el iniciado es ya otro hombre, un hombre «renacido» dotado ahora de cualidades que le corresponderá a él ir desarrollando hasta alcanzar la Maestría o verdadera Iniciación. Tal desarrollo espiritual es iniciático por método y por naturaleza, ya que ocurre ocultamente en el «Yo Interior» del individuo. Es entonces cuando el masón se hace efectivamente poderoso, pues ha logrado el poder de dominarse a sí mismo, entendiendo que el poder masónico no es para dominar a los demás. La sabiduría de Lao Tsé es lapidaria en este sentido cuando afirma: “El hombre que domina a los demás es fuerte; el hombre que se domina a sí mismo es poderoso”.

De esta manera, la Orden Masónica se propone, realmente, buscar y poner en evidencia la latente y potencial perfección espiritual del Ser humano, y considera que tal perfección se halla en su interior como semilla divina, esperando un proceso de afloración y desarrollo. En este sentido, los verdaderos Misterios y Secretos de la Masonería no tienen nada que ver con la “forma”, sino con el fondo, y están ciertamente ocultos en sus símbolos, ritos y ceremonias, signos, tocamientos y palabras, marchas y baterías, que no pueden ser “revelados” ni por los mismos masones ni por los libros, ni de “boca a oído”, y no por causa de un juramento fatal, sino simple y llanamente por la naturaleza misma del secreto, que al decir de la sabiduría védica “aquéllos que lo conocen, no hablan de ello, y los que hablan de ello, no lo conocen”. Los Secretos Masónicos se hallan dentro de los símbolos; es decir, la existencia material de éstos no es, en sí misma, ningún secreto, pero sí lo es el significado que tiene para cada uno, y más aún, el efecto transformador que opera en la personalidad del iniciado. ¡He ahí el asunto! Por lo tanto, las Verdades Masónicas son esotéricas porque se hallan ocultas para el profano que carece de “ojos para ver”, y sólo se revelan a quienes con “hábil y atrevida mano saben buscarlas”.[7]

En otras palabras, el objetivo fundamental de la Masonería es educar al hombre y hacerle mejor, o según se dice masónicamente: «trabajar la piedra en bruto transformándola en piedra cúbica de punta». Es este el ARTE REAL. Esta proposición reconoce implícitamente la perfección inherente en el hombre, de la misma manera que un escultor transforma la piedra tosca en una obra de arte. La misión de los Trabajos Masónicos es quitarle al hombre, gradual y progresivamente, sus asperezas externas, modificando su carácter y su temperamento, construyendo en él una personalidad evolucionada.[8] Pero esta construcción del hombre no es una construcción al estilo de las universidades, ni según el enfoque de las ciencias positivas, puesto que el proceso evolutivo que la Masonería propone no es un camino de instrucciones, sino de experiencias propias. Es, en efecto, el resultado de roces, de golpes, de tragos más amargos que dulces y que son las pruebas que nos pone la vida, y que ningún libro o maestro puede impartir ni enseñarnos. Esto es lo que el constructivismo en el campo de la teoría educativa denomina “aprendizajes significativos”, y estos aprendizajes son los que busca sembrar la masonería en el alma de sus adeptos.

Por esta razón, los hermanos conocedores de la Masonería y de sus Misterios Augustos, sostienen que sus verdaderos Secretos no pueden ser conocidos más que por la experiencia propia de los masones y esta experiencia les conduce a vivencias en los mundos superiores, es decir, más allá del cuerpo físico del hombre. Dicho de otra manera, se afirma que la ciencia masónica a través de sus ritos esotéricos y símbolos iniciáticos, trata de «indicarnos» el camino recto hacia la meta de realización, y ayudarnos a descubrir las leyes que rigen la revelación de la Luz Interior. Estas Leyes son ocultas, en el sentido de que se les «descubre y reconoce» por experiencia interna y luego de años de estudio y operación de los procesos de búsqueda espiritual.[9]

En otras palabras, los verdaderos secretos masónicos se adquieren por experiencia vivencial e íntima; en cambio, los “secretitos”, que tanto ocupan a los masones formalistas inspirados en el modernismo del Internet y en las ideologías políticas y profanas a que pretenden reducir la Masonería, pues esos se adquieren leyendo, viendo o repitiendo como loros lo que otros dicen. Los masones formalistas olvidan el precepto que dicta: “Ve e imita, REFLEXIONA y trabaja...” Y en efecto, imitan, pero no reflexionan...

Los tres Grados Simbólicos de la Orden están llamados a llevar al masón por ese tránsito de evolución y de desarrollo a sucesivos puntos de síntesis, o sea, a estadios de mayor Luz. Por esto, en la Instrucción del Aprendiz, el Maestro pregunta:

¿Cuál es entonces nuestro secreto?

Y la respuesta lapidaria del ritual es la siguiente:

“Es inviolable por su naturaleza, y se conserva hoy tan puro como cuando se encontraba en los templos de la India, de la Samotracia, del Egipto y de la Grecia. El que no estudia cada uno de nuestros grados, no comprende bien sus símbolos y explica su oculto significado; podrá vanagloriarse con los títulos pomposos de Maestro, hacer señas más o menos extravagantes y pronunciar palabras judío-bárbaro-helénicas, pero no será nada, ni sabrá nada que ignore cualquiera de mediana educación, mientras que el que los haya comprendido dominará con su secreto los hombres y las cosas”.[10]

En consecuencia, el «secreto masónico» es perfectamente real, pero inefable y, por supuesto, no consiste en bagatelas, minucias ni fruslerías, sino en misterios profundos, misterios que se revelan a través de la iniciación real y verdadera que sucede a través de la vida entera del hombre. Por su parte, el cahier del Grado de Maestro, en su catecismo o instructivo, nos dice lo siguiente:

“¿Podéis decirme el secreto de la francmasonería?

El Secreto de la Masonería es inviolable por su propia naturaleza, porque el Masón que lo conoce no puede llegar más que a adivinarlo, y para ello le ha sido preciso frecuentar las Logias instruidas, observar, comparar y juzgar. Una vez llegado a ese descubrimiento, le guardará seguramente para sí mismo, y no lo comunicará ni aún a aquél hermano en quien pudiera tener más confianza, porque toda vez que él no ha sido capaz de hacer ese descubrimiento, es también incapaz de sacar partido del secreto si oralmente lo recibiese.
¿Y qué es lo que habrá conseguido?
Hacer su felicidad y la de sus semejantes”.[11]

Deducimos entonces que el SECRETO DE LA MASONERÍA es el secreto de la realización humana, y esta es necesariamente una realización holística. El propio cahier indica el método para conseguir ese Secreto y recomienda que la búsqueda tendrá sus recompensas si se logra “con el estudio de las ciencias morales e intelectuales, unidas a la práctica de las virtudes y de todo lo que es bueno y lo que es bello”.[12]

El cahier del Compañero tiene también una clara referencia a la existencia real e iniciática del Secreto Masónico, cuando le dice al recipiendario:

“Allí tenéis el Templo de la Sabiduría, y debajo los instrumentos con que se levantó la Obra. En él se encierra nuestro Secreto, ese Secreto tan perdido, tan buscado, tan rara vez comprendido, y que cuando se le posee y se le conoce perfectamente, es la felicidad o el consuelo de la Vida. ¡Cuánto tenéis que trabajar y cuánta ha de ser vuestra perseverancia si queréis profundizar y apreciar sus virtudes! La Masonería, como el campo del labrador, no entrega su tesoro sino a la hábil y atrevida mano que sabe buscarle. ¡Buscad y hallaréis!”.[13]

Por lo tanto, el SECRETO MASÓNICO nada tiene que ver ni con conspiraciones ni con ingenuidades y menudencias infantiles, y si esto fuese cierto, entonces serían “secretitos” y no secretos. El Secreto Masónico se relaciona, en cambio, con una filosofía de formación humana muy profunda y esencialmente espiritual. La práctica del silencio, concurrente con la naturaleza del Secreto Masónico, es una práctica de disciplina iniciática y recordemos, como dice Cox Learche que:

“... el silencio es una característica de los seres muy evolucionados, los que se hallan identificados en conciencia con el universo, dando la impresión de estar viviendo más bien en el interior de las cosas, o sea, más cerca de su causa que de su efecto. Esta debe ser también la actitud del Masón”.[14]

En este sentido, la Masonería es esencialmente educativa y constructora, puesto que busca hacer mejores a todos aquéllos que ingresan en ella incitándoles a progresar espiritual, moral e intelectualmente, para que así los adeptos adquieran una mayor conciencia cósmica y una mejor integración con el Principio Interno y Superior de la Vida que es el GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO. ¿No acaso cada hombre es un Templo de DIOS en la Tierra?

Así las cosas, la acción externa de la Orden, la acción en el mundo profano, en la comunidad, debe sustentarse en el siguiente precepto:

“Si queremos cambiar el mundo, primero debemos cambiar NOSOTROS, pues el mundo es COMO SOMOS”.

[1]Cuauhtémoc Molina García, P\M\ de la Respetable, Digna, Animosa y Centenaria Logia Simbólica CONCORDIA No. 1, Xalapa, Veracruz, México.

[2] Se precisa que la palabra “misterio” viene del griego misth (velado).

[3] Ver La Masonería Excomulgada, del autor de este trazado.

[4] Conviene destacar que lo que aquí llamo “la forma” se refiere en todo caso al «continente» masónico, o sea a la Orden en tanto estructura de organización; por otro lado, “el fondo” sería la Masonería misma, el contenido, es decir, la filosofía masónica, el pensamiento, la doctrina propiamente iniciática de la que presumimos ser herederos y fieles guardianes y que el grado treinta y dos de la Orden reconoce como “la Doctrina Secreta”.

[5] Y vale anotar que muchos hermanos hablan de que en Internet se encuentran muchas cosas de la Masonería; y si, en efecto, pero solo las entienden los Iniciados en ella, los que conocen las claves para su comprensión. Muchas veces, y aquí así lo sostengo, ni siquiera los propios admitidos en la Orden saben de qué están hablando cuando del secreto masónico se trata.

[6] Aldo Lavagnino, en El Secreto Masónico, Editorial Kier, Buenos Aires Argentina, 1970.

[7] El esoterismo masónico o iniciático nada tiene que ver, por supuesto, con la charlatanería de adivinos, nigromantes, curanderos y cartomancios.

[8] Asumimos aquí que los Trabajos Masónicos no son solamente los que desarrolla el Taller cada semana, sino básicamente los que cada uno de nosotros despliega dentro de nosotros mismos, en la cámara oculta de nuestro Ser.

[9] Uno de los grados más bellos y esotéricos de la Orden, el Rosa Cruz, indica que la finalidad del grado es poner al masón “en el camino de retorno” para que descubra la verdadera divinidad que reina dentro de él: In Nobile Regnat Ile.

[10] Cahier del Grado de Aprendiz, Gran Logia Unida Mexicana de Veracruz, p. 73.

[11] Cahier del Grado de Maestro, Gran Logia Unida Mexicana de Veracruz, p. 51.

[12] Cahier del Grado de Aprendiz, op. cit.

[13] Cahier del Grado de Compañero, Gran Logia Unida Mexicana, p. 15-16.

[14] Learche, W. Cox, Los Landmarks: La Regularidad Masónica en una Nueva Luz, Edit. Herbasa, México, s/f, p. 154.