sábado, julio 22, 2006
Presencia masónica en la revolución francesa
© Blog Los Arquitectos
Muchos libros ya se han escrito para argumentar a favor o en contra de la participación de la masonería en la Revolución Francesa. Existen hechos que por sí solos constituyen pruebas fehacientes de la participación de masones en la revolución de 1789. Pero sostener que la Masonería francesa fue la organizadora y la causa de la Revolución es totalmente absurda. Procesos históricos como el que generó la gran revolución son, como veremos, el producto de complejas causas socioeconómicas, políticas y culturales.
En Francia ya hacía tiempo que el ancien régime estaba en dificultades. El gobierno se enfrentaba a crisis financieras que una sucesión de ministros de economía capaces y bienintencionados no habían podido paliar al verse obstaculizados por grupos e individuos con influencia en la corte. El problema principal era que la aristocracia no tenía obligación de pagar impuestos; se les había otorgado ese privilegio a cambio de que desistieran de ejercer influencia política.
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LOS PILARES DEL PORTICO
(*) Albert G. Mackey
Los pilares más extraordinarios en la historia de la Escritura fueron los dos erigidos por Salomón en el pórtico del Templo, a los cuales Josefo (Antig. Lib. I, cap. II) describe así: “Además, este Hiram hizo dos pilares huecos, cuya parte externa era de latón, y el grosor del latón era de cuatro dedos de ancho, y la altura de los pilares era de dieciocho codos (27 pies), y la circunferencia, de doce (18 pies). Y encima de cada capitel descansaba un lirio de metal fundido, elevándose hasta una altura de cinco codos (7 ½ pies), alrededor del cual quedaba una red rodeada de pequeñas palmas de latón, que cubrían los lirios. Y de los lirios pendían un par de ristras de doscientas granadas. El pilar que erigió a la derecha de la entrada del pórtico (en el sur), lo llamó Jachin, y el de la izquierda (o norte), lo llamó Boaz”.
Se ha supuesto que Salomón, al erigir estos pilares, tenía referencias del pilar de la nube y del pilar del fuego que iban delante de los israelitas en el desierto, y el de la derecha o sur representaba el pilar de la nube, y el de la izquierda o norte, el del fuego. Salomón no los erigió como simples adornos del Templo, sino como conmemoración de las reiteradas promesas de Dios de soporte a su pueblo de Israel. El pilar Jachin, derivado de las palabras Jah, “Jehová”, y achin, “establecer”, significa que “Dios establecerá su casa de Israel”; mientras que el pilar Boaz, compuesto por b, “en” y oaz, “fuerza”, significa que “será establecido con fuerza”. Y así los judíos, al atravesar el pórtico del Templo, diariamente recordaban las abundantes promesas de Dios y se animaban mutuamente con la confianza en su protección y con gratitud por sus numerosos actos de bondad hacia su pueblo elegido.
La construcción de los pilares
No hay ninguna parte de la arquitectura del antiguo Templo que sea tan difícil de entender en sus detalles como la descripción hecha en la Escritura de estos pilares memorables. Mientras que su significado simbólico está íntimamente conectado con algunas de las partes más bellas del ritual de los Francmasones, éstos parecen tener una noción imprecisa de su construcción y de la verdadera disposición de las diversas partes de las cuales están compuestos. El señor Ferguson dice (Smith, Dicc. Bib.) que no hay aspectos relacionados con el Templo que hayan dado lugar a tanta controversia, o tan difíciles de explicar, como la forma de estos dos pilares.
Su situación, de acuerdo con Lightfoot, era dentro del pórtico, en la entrada misma, y en cada lado de la puerta. Por lo tanto, eran vistos uno a la derecha y otro a la izquierda, como el visitante que entraba en el pórtico. Y éste, se recordará, en confirmación, es el lugar exacto donde Ezequiel (XI. 49) trasladó los pilares que vio en su visión del Templo. “La longitud del pórtico era de veinte codos, y la anchura, de once; y él me trajo a las escaleras que subían al Templo, y había pilares en los postes, uno en este lado, y otro en ése”. La afirmación hecha por algunos escritores, según la cual no eran columnas proyectadas para soportar el tejado, sino simples obeliscos de ornamentación, no está sustentada por suficiente autoridad; y como Ferguson muy justamente dice, no solamente parecería el alto techo terriblemente débil, sino que habría sido imposible construirlo, con la imperfecta ciencia de aquellos tiempos, sin un soporte como éste.
Estos pilares, como ya hemos dicho, eran de latón, como los capiteles que los encabezaban y que estaban grabados. El grosor del latón de cada pilar era de “cuatro dedos, o la anchura de una mano”, lo que es igual a tres pulgadas. De acuerdo con las cuentas que aparecen en 1 Reyes VIII 15, y en Jeremías III 21, el perímetro de cada pilar era de doce codos. Y, ahora, conforme el cálculo judío, el codo usado en la medición de los edificios del Templo era de seis anchos de mano, o dieciocho pulgadas. De acuerdo con las tablas del Obispo Cumberland, el codo era bastante más, alrededor de veintidós pulgadas; pero yo creo que la medida expuesta por los escritores judíos es probablemente la más correcta, y ciertamente la más sencilla de calcular. El perímetro de cada pilar, reducido a la escala de medición inglesa, sería de dieciocho pies, y su diámetro, de unos seis.
El lector de las descripciones de estos pilares en la Escritura no se quedará perplejo con las aparentes discrepancias encontradas en las estimaciones de su altura dadas en los Libros de Reyes y en Crónicas. En el primero se dice que su altura era de dieciocho codos, y en el segundo, de treinta y cinco, altura ésta que Whinston observa que es contraria a las leyes de la arquitectura. Pero la discrepancia se reconcilia fácilmente, bajo el supuesto –que, de hecho, ha tenido que ser el caso- que en el Libro de Reyes los pilares se tratan por separado, y en las Crónicas, se ha sumado la altura de ambas; y la razón por la que en éste último la altura unitaria es treinta y cinco codos, en lugar de treinta y seis, que sería el doble de dieciocho, es que han sido medidos junto con sus capiteles. La mitad de un codo de cada pilar estaba escondido por lo que Lightfoot llama “el capitel entero”, es decir, la mitad de la profundidad de un codo del filo inferior del capitel que cubre la parte superior del pilar, haciendo así a cada uno, en apariencia, sólo diecisiete codos y medio más alto, o, como se vierte en el Libro de Crónicas, treinta y cinco codos.
Este es un método mucho mejor para la conciliación de la discrepancia que el adoptado por Calcott, quien supone que los pedestales de los pilares medían diecisiete codos de altura –una violación de todas las leyes de la proporción arquitectónica, la cual seríamos reacios a cargar sobre un tan “inteligente trabajador” como Hiram el Constructor. El relato de Jeremías está de acuerdo con el Libro de los Reyes en esto. La altura, por lo tanto, de cada uno de estos pilares era, en la medición inglesa, de veintisiete pies. El capitel medía cinco codos, o siete pies y medio más; pero como medio codo, o nueve pulgadas, era común al pilar y al capitel, la altura desde el suelo al capitel era de veintidós codos y medio, o bien treinta y tres pies y nueve pulgadas.
Ferguson ha llegado a una conclusión diferente. Dice en el artículo Templo, en el Diccionario de la Biblia, de Smith, que “de acuerdo con 1 Reyes VII. 15, los pilares medían dieciocho codos de altura y doce de perímetro, con capiteles de cinco codos de altura. Antes de esto había (versículo 19) otro miembro, llamado también capitel de lirios, de cuatro codos de altura, pero el cual, desde la segunda mención que de él se hace en el versículo 22, parece más probable que haya sido un frontón, el cual es necesario para completar el orden. Como estos miembros miden veintisiete codos, dejando tres codos, o 4 ½ pies, para la pendiente del tejado, todo el diseño parece razonable y adecuado”. El calcula, por supuesto, con la autoridad del Libro de los Reyes, que la altura del tejado del pórtico era de treinta codos, y asume que estos pilares eran columnas sobre las cuales se sustentaba, y con las cuales se unía mediante un frontón.
Cada uno de estos pilares estaba coronado por un capitel de cinco codos, o siete pies y medio de altura. La forma y construcción de este capitel requiere cierta consideración. La palabra hebrea usada aquí es (koteret). Su raíz se encuentra en la palabra (keter), que significa “una corona”, y es muy usada en Ester VI. 8, para designar la diadema del rey de Persia. La versión de los caldeos llama expresamente al capitel “una corona”; pero el rabino Salomón, en su comentario, usa la palabra pomo, significando “un globo o cuerpo esférico”, y el rabino Gershom lo describe “como dos coronas unidas”. Lightfoot dice que “era un enorme óvalo, de cinco codos de alto, y no sólo asentado sobre los pilares, sino también floreándolos o extendiéndolos, siendo más grande que los pilares mismos”. Los comentaristas judíos dicen que los dos codos inferiores de su superficie eran totalmente lisos, pero que los tres superiores estaban ricamente ornamentados. Vamos ahora a esta parte ornamental.
En el Primer Libro de Reyes, capítulo VII, versículos 17, 20, 22, la ornamentación de los capiteles es descrita así:
Y reticulados y coronas trenzadas a modo de cadenas para los capiteles de las cimas de los pilares; siete para un capitel y siete para el otro.
E hizo los pilares, y dos hileras sobre uno de los reticulados, para cubrir los capiteles con granadas; y del mismo modo para el otro capitel.
Y los capiteles que había en el extremo de los pilares del pórtico estaban moldeados en forma de lirio y eran de cuatro codos.
Y los capiteles sobre los dos pilares tenían granadas, colocadas sobre la prominencia que estaba detrás del trenzado; doscientas granadas en hileras alrededor de cada capitel.
Y en la cima de los pilares había una moldura de lirios; así terminó el trabajo de los pilares.
Procuremos hacer esta descripción, que aparece algo confusa e ininteligible, más clara y comprensible.
Los “reticulados” son el primer ornamento mencionado. Las palabras así traducidas Lightfoot prefiere hacerlo como “matorrales fundidos”; y piensa que el verdadero significado del pasaje es que “en los capiteles se habían forjado curiosamente ramas, siete ramas situadas en la prominencia del óvalo, y éstas y sus hojas, curiosa y bellamente entremezcladas y entretejidas unas con otras”. Extrae su razonamiento para esta versión del hecho que la misma palabra se traduce por “matorral” en el pasaje del Génesis (XXII. 13) donde el carnero es descrito estando “atrapado en un matorral por sus cuernos”; y en otros diversos pasajes la palabra se traduce de forma similar. Pero, por otro lado, lo encontramos en el Libro de Job, donde evidentemente significa red hecha de mallas:
Sus pies le meten en la red y camina sobre un cepo. (Job XVIII. 8).
En 2 Reyes I. 2, se usa la misma palabra, traducida como celosía:
Ahaziah se cayó por la celosía de su habitación superior.
Yo no me siento, por lo tanto, inclinado a adoptar la enmienda de Lightfoot, pero coincide bastante con la versión recibida, así como con la tradición masónica, en que este ornamento era una simple red o tejido consistente en líneas reticuladas –en otras palabras, una celosía.
Las “coronas trenzadas a modo de cadenas” de que se habla después son de menor dificultad de comprensión. La palabra aquí traducida por “corona” se encuentra en Deuteronomio XXII. 12, donde claramente significa borlas: “Te harás unas borlas en las cuatro puntas del manto con que te cubras”. Aquí debería ser traducido también por borlas. “Las borlas a modo de cadenas”, supongo, estaban por lo tanto atados, y colgados, del trenzado referido anteriormente, y fue probablemente en este caso cuando eran usados sobre las prendas de los sacerdotes judíos de alto rango, proyectados como una “conmemoración de la ley”.
La “moldura de lirios” es el último ornamento que demanda nuestra atención. Y aquí la descripción de Lightfoot es tan clara y evidentemente correcta, que no vacilaré en citarla con todo detalle. “En la cima del pilar, incluso en el arranque del capitel, había un curioso y gran borde o círculo de lirios de metal fundido, que sobresalía cuatro codos bajo el capitel, y doblado entonces, cada lirio o larga lengua de cobre, con una curvatura limpia, y muy parecido a una corona florecida en la cabeza el pilar, como una curiosa guirnalda en cualquier lugar donde el capitel tenga su lugar”.
Hay un error muy común entre los masones, el cual ha sido adoptado en las láminas de nuestros Monitores [Manuales de Instrucción], sobre que había capiteles encima de los pilares, y que esos capiteles estaban coronados por globos. La verdad, sin embargo, es que los capiteles mismos eran “los pomos o globos” sobre los que nuestra conferencia, en el grado de Oficio de Compañero, alude. Esto resulta evidente de lo ya dicho en la primera parte de la descripción que precede. El lirio aquí mencionado no está del todo relacionado, como puede suponerse, con el lirio común –del que se habla en el Nuevo testamento. Era una especie del loto, el Nymph, o loto del Nilo. Era una planta sagrada entre los egipcios, y la encontramos en cualquier parte de sus monumentos, y usada en las decoraciones arquitectónicas. Es evidente, por la descripción en Reyes, que los pilares del pórtico del Templo del Rey Salomón fueron copiados de los pilares de los templos egipcios. Los mapas de la Tierra y las cartas de las constelaciones celestes que en ocasiones se han dicho que han sido grabadas sobre esos globos, tienen que referirse a los pilares, donde, según Oliver, una tradición masónica las sitúa en una antigua costumbre, ejemplos de la cual encontramos en la historia profana. Sin embargo, esto en absoluto carece de importancia, ya que la alusión simbólica está perfectamente conservada en las formas de los capiteles, sin necesidad de ningún grabado geográfico o astronómico. Siendo globulares, o prácticamente, significar que representan las esferas celeste y terrestre.
La verdadera descripción, pues, de estos memorables pilares, es simplemente ésta. Justo al entrar en el pórtico del Templo, y en cada lado de la puerta, había dos pilares de latón huecos. La altura de cada uno era de veintisiete pies, el diámetro de unos seis pies, y el grosor del latón de tres pulgadas. Sobre el pilar, y cubriendo nueve pulgadas de su parte superior, había un cuerpo oval o capitel de siete pies y medio de altura. En la unión del capitel con el pilar había una hilera de pétalos de loto, la cual estaba primero extendida alrededor del capitel, y después cuidadosamente curvada hacia abajo del pilar, algo parecido a la hojas de acanto del capitel de la columna corintia. Aproximadamente dos quintos de la distancia de la base del capitel, o justo debajo de su parte más abultada, estaba grabado un tejido reticulado, extendido por toda la superficie superior. En la parte baja de este reticulado había una serie de borlas suspendidas, y sobre ellas había dos hileras de granadas, cien en cada una de las hileras.
Esta descripción, según creo, es la única compatible con los diversos pasajes del Libro de Reyes, Crónicas y Josefo que tratan estos pilares, y la única que puede dar al estudiante masónico una concepción correcta de estos importantes símbolos.
Ahora vamos a referirnos al simbolismo masónico de estos dos pilares. Como símbolos han sido universalmente muy difundidos y se encuentran en todos los ritos. No son de una fecha muy reciente, ya que están descritos en los más antiguos tracing-boards [cuadros de logia], se alude a ellos en los catecismos anteriores a la mitad del pasado siglo. Esto no es sorprendente; como el simbolismo de la Francmasonería se funda en el Templo de Salomón, era de esperar que estas tan importantes partes del Templo fuesen incluidas en el sistema. Pero al principio parece que los pilares hayan sido introducidos en las conferencias como partes de un detalle histórico más que como símbolos significantes –una idea que parece haber crecido gradualmente. El catecismo de 1731 describe su nombre, sus medidas, y su material, pero no dice nada respecto a su trascendencia simbólica. Incluso se alude a ella en la descripción hecha de los pilares, la cual dice que los nombres conferidos sobre ellos eran significantes.
Cuál era el simbolismo original o escriturario de los pilares ha sido muy bien explicado por Dudley, en su Naology. Dice (p. 121), que “los pilares representaban el poder sustentante del gran Dios. La flor de loto o lirio de agua emerge desde una raíz que crece en el fondo del agua, y mantiene su posición en la superficie por su tallo columnar, el cual resulta más o menos recto según la ocasión lo requiera; es por lo tanto apropiadamente simbólico del poder del Todopoderoso constantemente empleado en proteger la seguridad de todo el mundo. El capitel es el cuerpo o masa de la Tierra; las granadas, frutas excepcionales por el número de sus semillas, son símbolo de la fertilidad; olas coronas, trazadas diversamente sobre la superficie del capitel o globo, indican el curso de los cuerpos celestes en los cielos alrededor de la Tierra, y la variedad de las estaciones. Los pilares estaban correctamente colocados en el pórtico o porche del Templo, y les sugerían sólo ideas del poder del Todopoderoso, de la absoluta dependencia del hombre de él, el Creador; y haciendo esto, les exhortaban al miedo, al amor, y a obedecerle”.
Fue, sin embargo, Hutchinson, quien introdujo la idea simbólica de los pilares en el sistema Masónico. Dice: “Los pilares erigidos en el pórtico del Templo no eran únicamente ornamentales, sino que también llevaban con ellos un significado emblemático en sus nombres: Boaz es, en su traducción literal, en ti está la fuerza; y Jachin, será establecido, lo cual, por una trasposición muy sencilla, se puede poner de esta manera: Oh Señor, tu poderoso arte, tu poder está establecido por la eternidad”.
Preston posteriormente introdujo el simbolismo, considerablemente ampliado, al sistema de conferencias. Adoptó la referencia a los pilares de fuego y nube, que es la que prevalece en la actualidad.
El simbolismo Masónico de los dos pilares debe ser considerado, sin detenerse en detalles minuciosos, como doble. Primero, en referencia a los nombres de los pilares, son símbolos de la fuerza y estabilidad de la Institución; y después en referencia a los antiguos pilares de fuego y nube, son simbólicos de nuestra dependencia de la orientación directora del Gran Arquitecto del Universo, sólo con el cual están seguras la fuerza y la estabilidad. Traducción: A. M. A. D.
Nota
* Extraido de la Encyclopedia of Freemasonry Vol. II. Kessinger Publishing Company. U.S.A.
jueves, julio 06, 2006
4 de julio de 1776, los masones y la independencia de los Estados Unidos
Christian Gadea Saguier
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La Masonería ha ejercido una influencia en el establecimiento y desarrollo de los Estados Unidos mayor que cualquier otra institución. Ni lo historiadores generales, ni los miembros de la fraternidad desde los días de las primeras convenciones constitucionales han comprendido cuánto le debe Estados Unidos a la Masonería, y qué papel tan importante cumplió en el nacimiento de la nación y el establecimiento de los hitos de esta civilización moderna.
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CARTA DE MI MADRE LOGIA
Por Walter Echeverría Agreda (Cochabamba, Bolivia)
"QUERIDO HIJO :
Con el sentido fraternal que debe caracterizar a todas las madres que, como yo, llevamos encerrados en nuestro fuero interno los verdaderos sentimientos de amor y fraternidad, nacidos al calor del más puro y acendrado cariño que imaginar pudiera el ser humano, me estoy dirigiendo a ti para recordarte tu ineludible deber como buen hijo que eres, de brindarnos la feliz oportunidad de darnos tu grata compañía durante los trabajos, aunque sea una o dos veces al mes.
Bien poco es lo que te pido, querido hijo mío,
¿ Serás tan insensato que te niegues a responder a la llamada cariñosa y fraternal que te hace tu madre?
Soy tu madre simbólica, soy aquella que te abrió su corazón un día, que te acogió en su regazo espiritual y te brindo la LUZ en nuestra amada Orden, para que pudieras seguir orientándote en el oscuro mundo profano, la que está dispuesta a salvaguardarte de la maldad y de la ignorancia, que tratan de cerrarte el paso por doquiera.
Tu me juraste por tu libre y espontánea voluntad Fidelidad un día,
¿ Te acuerdas? …
Y ya vez, me has abandonado.
¡ Cuánto y cuánto sufro en las noches de trabajo, cuando observo que solamente un grupo reducido de mis hijos viene a mi regazo! . . . se allegan a mí para escuchar los sabios consejos que, como buena madre debo impartirles, pero éstos no me bastan, me faltas tú. Dirás que soy exigente, pero . . . soy tu madre simbólica y, como tal, estoy en el deber de reclamarte lo que justamente me pertenece:
La presencia constante de todos mis queridos hijos, y aunque estén todos presentes; té extraño y me haces falta tú.
Tus hermanos también te lo reclaman porque, como yo, sufren por el total abandono en que nos has sumergido; sin embargo, te seguimos queriendo, queriendo mucho, porque comprendemos que eres el hijo y el hermano bueno, sencillo, noble, cariñoso y fraternal que está atento siempre a las más leves palpitaciones del dolor humano; sin embargo, te has dejado llevar por la apatía y la indolencia, que te han hecho caer de plano en un extremo que tal vez no pensaste.
No obstante, ya es tiempo de que reflexiones, no me abandones, ven a mí, a mi regazo, pues sigo esperándote con los brazos abiertos.
Además, piensa qué contentos estarán tus hermanos cuando vuelvas a mí.
Te abraza cariñosamente:
TU MADRE LOGIA".
domingo, julio 02, 2006
Todo ser humano es un filósofo en potencia, lo quiera o no
MARÍA ZABALETA/VITORIA
Se acercó a la masonería hace 24 años por mera curiosidad y terminó por convertirse en masón, en un constructor de su propia vida. El Defensor del Vecino de Vitoria, Javier Otaola, recoge ahora en su ensayo 'Razón y sentido. La metáfora masónica' sus experiencias y vivencias en torno al apasionante mundo de las logias desde un punto de vista histórico y personal. Maite Pagazaurtundua, hermana del concejal socialista asesinado por ETA, será la encargada de presentar la obra el próximo viernes en la Casa del Libro de la capital alavesa.
-Su ensayo ha requerido un largo proceso de 25 años.
-Ha sido un proceso natural de reflexión sobre una actividad en la que me he involucrado personalmente, que me ha incitado a investigar cuáles son los orígenes filosóficos de esta tradición, qué significan sus símbolos o el porqué de un método simbólico como éste en la actualidad. Ha sido una experiencia personal interesante pero también he querido que este libro sirva como una aproximación para otras personas que tengan cierta curiosidad en el tema.
Las logias
-¿Qué es la masonería?
-La masonería pretende abrir un camino hacia una experiencia filosófica a la gente corriente. Es una experiencia filosófica no académica que permite reflexionar sobre la vida, sobre el bien, sobre el mal, sobre las cosas que a todos nos pueden llegar a inquietar y que en la vida cotidiana no tenemos la oportunidad de abordar.
-¿Cuál es su razón de ser?
-El ser humano es un ser que se hace preguntas filosóficas. A veces por temor no nos las contestamos y nos dejamos llevar por lo cotidiano pero todo ser humano es un filósofo en potencia, quiera o no. Y en el contexto de la logia todo se prepara para que esa comunicación, filosófica entre comillas, sea posible entre gente ordinaria.
-¿Dónde hunde sus raíces?
-En una tradición medieval, la de las hermandades de constructores. Masón quiere decir constructor y filosofar, de alguna forma, también es construir, construirse. Los constructores medievales descubrieron que su actividad profesional era también una forma de reflexionar sobre la vida y de construirse a sí mismos.
-¿Cómo son esas logias?
-La masonería pretende reconstruir en cada una de sus reuniones una especie de taller de arquitectos. Utilizamos una serie de herramientas, como un mazo, un cincel, una escuadra, una regla y el local está decorado con elementos referentes a la arquitectura. En ese marco estético, buscamos un nivel de comunicación y de intimidad que nos permita hablar de cosas que no se hablan normalmente en la vida ordinaria.
-Dice ilustración, iniciación y metáfora son los tres conceptos clave para entender la masonería. ¿Por qué?
-La ilustración es un símbolo de luz que se refiere a la necesidad que tiene el ser humano de esclarecerse a sí mismo. El hombre no se conforma con vivir en la oscuridad y busca en la razón y en la reflexión un camino de iluminación. Tiene también un componente iniciático, que es todo aquello que tiene capacidad para transformarnos. También resulta metafórico porque la fórmula con que la masonería pretende ayudarnos a buscar ese camino de esclarecimiento personal es proponernos que asumamos la vida como una obra arquitectónica.
-¿Es lo que los masones denominan el Arte Real?
-Efectivamente. El Arte Real es el arte de las artes, el arte de la vida. Es hacer de la vida una obra de arte y aplicar sobre ella de manera metafórica los mismos principios que se aplican a la arquitectura.
Género policiaco
-¿Por qué ha querido que sea Maite Pagazaurtundua, una de las voces más contundentes de las víctimas del terrorismo, quien presente el viernes este ensayo?
-Es una persona a la que le gustan estos temas. Además, le tengo un gran afecto personal y la admiro por su valor cívico y por lo que representa políticamente. Me pareció la persona indicada para presentar el libro y estoy encantado de que haya aceptado.
-Tras este paréntesis filosófico, regresa al género policiaco en su próxima novela, una secuela de su obra 'Brocheta de carne'. ¿Echaba de menos la aventura?
-Me gusta el género policiaco, me parece que la Ertzaintza tiene una imagen muy cinematográfica como Policía de investigación criminal y me estimula encuadrar una aventura policiaca en este contexto.