viernes, enero 20, 2006

La masonería en Güímar

En días pasados oí a persona letrada que ciertos güimareros estuvieron adscritos a la masonería y dejaron su impronta en edificios históricos de Güímar. Quién realizaba estas afirmaciones lo hacía con unas formas reverentes y respetuosas, dejando un punto a la duda, es decir, con una postura intelectual seria y admitiendo que pudiese haber ciudadanos que no aceptasen su teoría o incluso la denigrasen. Si la memoria no me falla ha habido algún autor güimarero que ha escrito sobre el tema, sosteniendo la tesis de que durante el periodo republicano hubo masones en la localidad; sin embargo, para mi fue novedoso que se reconociese en público, ante una nutrida concurrencia, la existencia del rastro arquitectónico de este movimiento erudito; no por ignorarlo, sino por el atrevimiento intelectual que supone defender esta tesis en ciertos ámbitos, pues las características sociales y religiosas de los edificios con esta seña imponen una cierta valentía.

Hacía algunas semanas, mientras hablaba con el editor de El Cañizo, surgió el tema de la arquitectura filomasónica güimarera y ante la sorpresa de Argelio prometí escribir un breve artículo para su revista, simple ensayo de lo mucho que podría ver la luz sobre la cuestión.

Los masones practican determinados ritos de crecimiento en la intimidad de las logias o entre las columnas de los templos interiores de cada persona. Sin embargo, a pesar de este aparente recogimiento, son amantes de dejar determinadas pistas sobre su existencia y propósitos en un juego de inteligencia, cuyas claves ha expuesto con notable rigor Umberto Eco en sus estudios de semiótica.

Efectivamente, en Güímar existen multitud de rastros sobre la filiación masónica de sus ciudadanos, pasados o presentes, aunque deba hacerse el paréntesis del periodo franquista. Los edificios cuyos arquitectos siguen esta tendencia abundan en Güímar; para sorpresa del observador, en esta década se ha levantado una nueva fachada de arquitectura filomasónica.

Ahora, si mis amables lectores me lo permiten, aclararé algunos puntos teóricos que delimitarán la comprensión de lo no deja de ser una curiosidad, no obstante ilustrar nuestra historia en un punto desconocido para nuestros convecinos, más acostumbradas a las peroratas pseudohistóricas y a una visión sesgada del hecho religioso, impulsada por determinados dirigentes sociales.

En las obras oficiales es común la colocación de la primera piedra. Este concepto es de una clara procedencia masónica y hunde sus raíces en la tradición cabalística hebrea. La primera piedra de un edificio es la base sobre la cual descasará toda la construcción, pero no sólo por ello es importante sino porque es la piedra que inicia un tránsito constructivo que terminará con la piedra cúspide. Recordamos la fascinante historia de la "piedra desechada por los edificadores", cuando se estaba construyendo el templo de Salomón. Se trataba de la piedra angular, la más importante de todas. Sin embargo, los "edificadores" la habían puesto a un lado, de hecho en el olvido, expuesta al sol del verano y a la helada invernal (Sal. 118:21 y 22).

"¿Nunca leísteis en las Escrituras: 'La piedra que desecharon los edificadores, vino a ser la piedra de esquina. El Señor hizo esto, y es maravilloso ante nuestros ojos'?" (Mat. 21:42).

Sin embargo los constructores no colocaban esta primera piedra en un lugar cualquiera, el punto exacto era el lugar del noreste, el punto medio entre el invierno significado por el norte y el sol del verano, es decir el sol del este. El noreste es el paso de la noche al día el lugar de la aurora del Cantar de los Cantares, la acogida de la luz naciente. Tras esta piedra se reunían los albañiles, es decir los masones, para levantar los planos de resto del edificio, el arte del trazado, que era un secreto de la profesión.

Hasta aquí la teoría que algunos considerarán una majadería, sin embargo, en mi descargo he de finalizar invitando a cualquiera que tenga tiempo, y se le haga camino por la calle de Santo Domingo, a la lectura de la placa de mármol que se encuentra en la esquina de la casa, justo encima de la piedra. Les puedo asegurar que quien esto escribe nada tiene que ver con la redacción de lo que allí se lee sobre el arte del trazado.

Diógenes y su Filosofía

Diógenes sostenía que las cosas artificiales de la sociedad son incompatibles con la verdadera moral, y dice: “los hombres se apresuran mucho en la consecución del dinero; pero no en la consecución de la virtud”. Afirma igualmente que el bien más grande que existe es obrar de acuerdo con los dictados de la razón y de la naturaleza, y parte del principio panteísta de que el dios y el alma son una misma cosa. Quiere, naturalmente, reformar la sociedad, pero tiene siempre en cuenta que el bien, la felicidad, no esta afuera, sino dentro de cada uno de nosotros. Por lo tanto, el esta expuesto a las amargas decepciones inherentes a todo visionario que rompe lanzas contra los molinos de viento de una reforma social, sino que mas bien trata de reformarse a si mismo. Conceptuada la filosofía de un modo profano, encontramos que sirve de freno a la juventud, de consuelo a la vejez, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos; la aplicación es de ayuda, a combatir la ignorancia y el fanatismo; es el martillo, cincel y regla en la desbastacion de la piedra en bruto, y medio para cumplir con nuestros tres deberes…

El principio de su filosofía consiste en el reconocimiento de la responsabilidad absoluta del individuo como entidad moral. Su fin es el dominio de la voluntad. El medio hacia ese fin es la virtud, la sencillez: volver hacia la naturaleza. Para el la virtud, la sabiduría y la libertad, son una misma cosa. El más alto bien es la sabiduría, y consecuentemente sostiene que “quien no persigue la sabiduría, mas le valiera estar muerto“; pues es por medio de la sabiduría que el hombre puede llegar al reconocimiento de si mismo en conformidad con la razón y fuera del estado y de la sociedad. Su tendencia es a no depender del acaso, a no estar sometido a leyes absurdas y a librarse del sufrimiento. Por eso exclama “opongo la fe a la suerte; la naturaleza a la ley, y la razón al sufrimiento “. Para el la razón es la ley suprema; la voluntad la fuerza, y la libertad su objeto. El hombre existe en y para si mismo, pues su filosofía es completamente individualista

Su filosofía desprecia las riquezas, la fama, la popularidad, las comodidades de la civilización, pues considera que todas esas cosas tienden a entorpecer los dictados de la razón, a interrumpir las funciones de la voluntad y a pervertir el alma desviándola de lo natural hacia lo artificial.

Cree igualmente que la virtud consiste en evitar todo placer físico, toda sensualidad, y adelantándose a las ciencias biológicas modernas, juzga que el hambre, el dolor y el sufrimiento, son un medio hacia la evolución.

Comparte con buda el concepto de la unidad universal de la vida; sostiene con Zaratrustra que el dolor y el hambre son favorables para la evolución, y proclama con Pitágoras que la educación ha de ser repartida por igual a las tres manifestaciones humanas: física, moral e intelectual. De manera que considera absurdo dedicar toda la atención a una sola de estas tres culturas, con detrimento de las otras dos todo aquello que consideraba trabas contra la libertad, fue despreciado por Diógenes, filósofo del oriente de Grecia, trescientos años antes de Jesucristo, atleta de la voluntad en la escuela de la energía.

EL APRENDIZ BUSCADOR

El hombre común ha buscado el autoconocimiento, o sea su desarrollo y mejoramiento personal a través del estudio diligente de las ciencias, de las artes y de la filosofía.

En su búsqueda tiene encontradas la mayor parte de las respuestas que procura. Sin embargo, una de ellas no está muy clara en su mente. Por mas que las religiones y prácticas garantizan el reino de los cielos. El hombre aún no consigue descifrar el mayor de todos los enigmas, No ha conseguido descifrar a Dios, ni tampoco el mas sencillo de sus misterios. Sabe que Dios está en todo lugar, que ve y oye el mas íntimo o pequeño de sus pensamientos y que si no es por su voluntad, ni una hoja de la Tierra se moverá.

Esa búsqueda incesante de querer conocer a Dios y probar su existencia, ha llevado a los hombres a verdaderos delirios al punto de que en el nombre del fanatismo y de la creencia, alimentaron guerras “santas” entre pueblos, solo porque seguían dogmas diferentes.

Todos dicen que Dios es la supremacía divina, sin embargo esquivan aceptar, que como hijos de Dios, todos indistintamente, somos hermanos.

El verdadero masón, aplica la máxima y el principio de la ley masónica. Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Porque él ya no procura a Dios fuera de sí... El ya se encontró, el sabe que Dios y sus maravillosas leyes están en plena armonía en su corazón.

El iniciado conoce el principio de la verdad, el sabe que un hombre puede coartar la libertad de otros hombres, lo mismo que sentirse dueño de sus cuerpos y de sus caminos, pero nunca conseguirán traer poder sobre sus propios destinos, y jamás serán dueños de sus almas.

El masón iniciado, cuando encuentra alguien que sabe menos que él, jamás lo condena por su ignorancia, al contrario. El lo toma como su propio hijo, y así con su amor de padre, puede instruirlo, y volverlo un ser útil y esclarecido.

Quién recibe la antorcha como tributo pasa a ser responsable por la propagación de la luz.

Carlos Roberto Fieri

El Aspirante a Aprendiz

La Masonería no es una cosa material, es una ciencia del alma. No es un credo o una doctrina, sino una expresión universal de sabiduría universal. La posterior acción conjunta de los gremios medievales o, inclusive, la construcción del templo de Salomón, tiene poco que ver con el verdadero origen de la Francmasonería, puesto que ella no depende de las personalidades. En su más alto sentido no es ni historia ni arqueología, sino un trascendente lenguaje simbólico que perpetúa bajo ciertos signos concretos, los sagrados misterios de los antiguos. Solo aquellos que ven en ellos un estudio Cósmico, el trabajo de una vida, una inspiración divina para pensar mejor, sentir mejor y vivir mejor, con el propósito de obtener la luz espiritual y considerar la vida diaria del verdadero Francmasón como un medio para lograrlo, han conseguido apenas una superficial visión interna de los verdaderos misterios de los antiguos ritos.

El que emprenda el estudio de la Francmasonería sin darse cuenta de la profundidad, la belleza y el poderío espiritual de su filosofía, no podrá sacar jamás nada permanente como fruto de su estudio.

El hermano iniciado comprueba que sus llamados símbolos y rituales son meras fórmulas elaboradas por la sabiduría a fin de perpetuar ideas incomprensibles para el hombre medio. También se da cuenta de que sólo algunos Francmasones saben o aprecian el místico significado que se encierra en los rituales.

La verdadera Francmasonería es esotérica, no es una cosa de este mundo concreto. Todo cuanto aquí tenemos es solo un vínculo, medio de manifestación, introducción a través de la cual puede el estudiante pasar hacia lo desconocido.

El verdadero Francmasón se da cuenta de que el Trabajo que en el mundo realizan las Escuelas de Misterios es de índole más bien inclusiva que exclusiva, y que la única logia suficientemente amplia para expresar sus ideales es aquella cuya cúpula son los cielos, cuyas columnas los límites de la creación, cuyo cuadriculado piso se halla compuesto por las entrecruzadas corrientes de las emociones humanas y cuyo altar reside en el humano corazón. Debe de comprender que el solo hecho de ser miembro de una organización no basta para mejorarlo en todo aspecto.

Debe comprender que su deber consiste en construir y desarrollar las transcendentales enseñanzas en su propio ser: Que nada, salvo su propio ser purificado, puede abrirle las puerta de los impenetrables arcanos de la conciencia humana, y que sus ritos masónicos deben ser eternamente especulativos hasta que los haga operantes, viviendo la vida del Francmasón místico.

La Orden Masónica no es una mera organización social, sino que está compuesta por todos cuantos se han comprometido ante sí mismo y ante sus hermanos a aprender y a practicar juntos los principios del misticismo de los ritos ocultos.

Hay tres grandes pasos en la evolución del alma humana, antes de que alcance a terminar la morada de su espíritu. Dichos pasos han sido llamados, juventud madurez y ancianidad o, como diría un francmasón: tiempos de Aprendiz, de Compañero y de Maestro Constructor.

El Francmasón debe darse cuenta que la verdadera iniciación es un rito espiritual y no material, y que su iniciación en el templo vivo de la jerarquía espiritual que regula la Francmasonería puede no ocurrir sino hasta años después de que él tome su grado material, o que espiritualmente, puede muy bien ser un Gran Maestro antes de venir al mundo.

Acción es la palabra de orden del Aprendiz de una logia. Todo adelanto es el resultado de su ejercicio y su aplicación para aumentar su salario. Para el Aprendiz, el compás se encuentra bajo la escuadra: para él, las razones que se manifiestan por medio del corazón y de la mente, los dos polos de expresión, se hallan obscurecidas y ocultas bajo la escuadra que sirve para medir la densidad de la materia. Aunque él no conoce el porqué, su trabajo consiste en seguir las directivas de aquellos de mayor sabiduría que la suya; pero, como resultado de la aplicación de energía, por medio de acciones y reacciones, lentamente construye y desenvuelve los poderes de discriminación y el vigor de carácter que caracteriza el grado de compañero.

La clave del Aprendiz es el servicio. El no puede preguntar el porqué; él no sabe el cómo. Su obligación es hacer, actuar, expresarse a sí mismo de alguna manera, constructivamente si es posible, pero aun infructuosamente y hasta en forma negativa, si precisa, todo antes que no hacer nada.

Es esencial que el Aprendiz estudie temas de anatomía, para que tenga una idea general del cuerpo físico, ya que todo ese grado se basa en el misterio de la forma.

El Aprendiz debe darse cuenta de que su cuerpo es un templo vivo en el cual la divinidad ejerce y tratarlo de acuerdo con ello.

El Aprendiz debe estudiar el problema de la manutención del cuerpo por medio del alimento, el vestido, la respiración y otras necesidades.

El aprendiz debe crecer físicamente y en la expresión de cosas concretas. Debe de buscar el desarrollo de cualidades de modestia que son necesaria para el trabajo armónico del Francmasón y sus compañeros en el plano material de la naturaleza.

El Aprendiz debe tratar de abolir todas las desigualdades. Lo puede hacer mediante el equilibrio entre sus organismos físico y mental.

Hasta que no sea relativamente dueño de estos principios en el más alto plano dentro de su propio ser, no puede esperar alcanzar, espiritualmente por medio de las cualidades de su propio carácter, los rayos vitalizadores de Compañero. Cuando alcanza este punto, puede espiritualmente esperar ser miembro de un más alto grado puesto que de hecho solamente entonces lo será.

Francisco Rojas Reyes M:.M:.
Julio de 1.999

Bibliografía
Las claves perdidas de la Francmasonería de Many P. Hall

domingo, enero 01, 2006

Sí existe el secreto masónico

Sí existe el secreto masónico, pero no tiene nada que ver con el mundo profano ni con conceptos materialistas u ocultistas. Al reconocimiento del secreto masónico solo se llega tras una evolución personal de carácter espiritual, ético y moral, que comienza el mismo día de la Iniciación en la Logia, bajo cualquiera de los Ritos reconocidos por la Masonería, en el caso de la R.·. L.·. S.·. Cibeles Nº 131 dentro de la ortodoxia del Rito Escocés Antiguo y aceptado.

No todos los que entran en la Masonería llegan a conocerlo, pues quienes se inclinan por una concepción exotérica de nuestra Orden, inclinación legítima, por otra parte, según avanzan por ese camino se alejan más y más de la línea de evolución de los que emprenden la vía Iniciática plena, que es la que transcurre por el esoterismo masónico.

El secreto masónico existe, porque lo que permanece velado tras él es intransmisible a terceros, pues siendo consecuencia de reflexiones y vivencias esotéricas, tiene carácter íntimo y estrictamente personal y, más que un conocimiento, es un sentimiento. Se conoce o no se conoce. Se le reconoce o pasa desapercibido en función de la aceptación del proceso iniciático; pero no se transmite ni verbalmente ni por escrito... justo por eso es secreto.

Lógicamente quienes niegan su existencia no tienen posibilidad alguna de llegar a él. Esotérico es igual a secreto mas no tiene nada que ver con el ocultismo ni con y las mancias tan de moda, simples estafas para ingenuos y pobres de espíritu.

Los masones del medioevo europeo conocían el esoterismo en la más amplia acepción de la palabra, tanto que formaba parte de su Arte y así nos lo han dejado en sus obras más representativas ¡las catedrales góticas, auténticas enciclopedias en piedra. Su origen y actividad no era solo laboral stricto sensu. Los antecedentes históricos probados se remontan a los Collegia Fabrorum, en los cuales se agrupaban especialmente los constructores romanos, los que se sabe que conservaban los conocimientos mistéricos de la antigüedad.

Tras la invasión de los bárbaros (tribus germánicas y de las estepas asiáticas que desconocían el Arte Real), que hicieron caer al Imperio Romano y sumieron a Europa y toda la cuenca mediterránea en la más negra noche de la incultura, dando paso, siglos más tarde, a que Asia Menor, Egipto, todo el norte de África y parte del sur de Europa quedaran sometidos al Islam, del que solo Europa, y no toda, se libró tras siglos de reconquista, los miembros de los Collegia Fabrorum se organizaron en Logias que fueron recorriendo toda Europa. El siguiente antecedente, fruto del primero, fue el de los Constructores de Como (Italia), las Corporazioni de Liberi Muratori y las asociaciones de steinmetzen alemanes.

Con la explosión del Gótico, sin él no se puede comprender la espiritualidad y el esoterismo Masónico, las Logias evolucionan rápidamente. La integración en las Logias se da primero con los Templarios, con los que los Masones ya habían colaborado en la construcción de sus singulares castillos, y de los que habían heredado los conocimientos que estos trajeron de oriente (por ejemplo el pensamiento sufí); más tarde los alquimistas, rosacruces y cabalistas, todos ellos a través de siglos, van poco a poco formando lo que luego será la Masonería propiamente dicha, a partir del siglo XVI, bajo el nombre ya de Masones Libres y Aceptados.

Todo el componente esotérico de la Masonería es por su propia naturaleza secreto. Los Trabajos de las Logias son secretos, sea cual fuere su importancia o trascendencia: La Logia solo puede Trabajar a cubierto de profanos, es decir, en secreto. Los miembros de la Logia juran mantener el secreto de los trabajos realizados, básicamente la práctica de los rituales y el estudio de símbolos y alegorías bajo los que la Masonería vela al mundo profano cuanto desvela a los iniciados.

Por lo tanto, la Masonería tiene un muy amplio componente secreto: cuanto se refiere al esoterismo y los Trabajos en Logia. Y una parte abierta al mundo profano, la que se ocupa de cuestiones exotéricas, como la beneficencia.